Tía Maruca arrancó su negocio en Ramos Mejía a fines de los 90,
fue golpeada por la crisis de 2001 y tuvo que empezar casi de nuevo en 2004.
Pero ahora, la empresa se prepara para darle pelea a los grandes jugadores líderes del sector, como la alianza de Arcor con Danone y la
estadounidense Mondelez.
A pesar de la caída del consumo, el año pasado Tía Maruca
logró crecer un 32% en volumen y facturó $ 400 millones, lo que le permitió
alcanzan una participación del 4% en el negocio de galletitas. Con este
impulso, el 29 de marzo anunció que se quedó con la planta de la multinacional
Pepsico en San Juan, donde se elaboran, entre otros productos, las galletitas
Quacker y las rellenas Toddy.
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inaugurar la nueva etapa
Aunque no dio a conocer el monto de la operación, Alejandro
Ripani, fundador de Tía Maruca, habló de un "acuerdo amigable", por
el cual se comprometió a dar continuidad a la planta y a sus 400 empleados y a
seguir produciendo marcas para Pepsico durante los próximos tres años. Así, la
multinacional no se va del negocio de las galletitas, pero tercerizará una
parte de su fabricación.
"Pepsico tuvo ofertas pero para el desguace porque en
esa planta hay mucho capital, con equipos ingleses de primer nivel. Pero la
idea de ellos era mantener la continuidad tanto para los empleados como para
los productos que ellos desarrollan", explicó Ripani.
Esta emblemática planta, ubicada en Albardón, a 12
kilómetros de la ciudad de San Juan, perteneció a la ex Sasetru, la principal
productora de alimentos en el país en los ‘60,
y estuvo más de 20 años cerrada hasta que en 2004 fue reflotada por Carlos
Preiti, ex dueño de Fargo, que creó la empresa Dilexis. Pepsico la adquirió en
2011 y desde entonces producía allí sus marcas y las que le compró a Dilexis,
las dulces Dale y las crackers Argentitas y Pindy. La planta tiene una
capacidad instalada capaz de abastecer al 10% del mercado local de galletitas,
que abarca unas 400.000 toneladas anuales y unos 12 kilos per capita. Es el
consumo más alto a nivel mundial.
Con esta adquisición, Tía Maruca triplicará su cantidad de
empleados ya que pasará de 200 a 600, y planea duplicar su facturación y llegar
a los $ 800 millones a fines de 2017. Sus proyectos de expansión también
incluyen una inversión en una línea de producción de origen italiano para la
fabricación de madalenas y budines y exportar un 10% de su venta a los Estados
Unidos, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia. La empresa tiene fábricas propias
en Jáuregui y Chascomús.
"En publicidad prácticamente no invertimos. Para
competir nuestra ventaja es que somos flexibles a la hora de leer el mercado.
Pero ahora, con la adquisición, tenemos que comenzar a jugar las reglas que
juegan los grandes", señaló Ripani.
El éxito de Tía Maruca como marca estuvo basado en su
llegada a los kioscos con atractivos exhibidores para sus productos, de estilo
casero. Casi el 70% de sus ventas hoy se concentran en ese canal. Uno de sus
productos estrellas, que ayudaron a su consolidación, fueron las
"fajitas" que, según recuerda Ripani, surgieron en plena crisis de
2001 y su materia prima se pagaba con los bonos cordobeses CeCaCor. La empresa
también fue muy afectada en 2008 con la crisis del campo, que complicó su
distribución en el interior, donde eran muy fuertes en ventas. Esto los obligó,
por ejemplo, a devolver a Eduardo Eurnekian una planta que le habían comprado
en Chascomús, ya que no podían afrontar sus costos.
Toda una rareza en el sector, Tía Maruca cuenta con locales
propios en 16 ciudades del interior del país donde comercializan sus productos.
Mañana, como ellos mismos dicen en la invitación a la
prensa, convocan a "compartir el acto inaugural con motivo de celebrar el encuentro
de Dilexis y Tía Maruca”.
Con información de El Cronista