Precios y dólar. Frente a las comisiones de Presupuesto y
Hacienda y de Economía Nacional e Inversión del Senado, Federico Sturzenegger
habló ayer sobre las dos variables económicas que más preocupan a los
argentinos (con empleo). Como presidente del Banco Central, Sturzenegger
presentó los objetivos de la autoridad monetaria, defendió las altas tasas de
interés y mostró su preocupación por el tipo de cambio. "No podemos permitir
que dos muchachos en Wall Street traigan la plata y nos pongan el carro delante
del caballo apreciándonos el tipo de cambio antes que nuestra capacidad
productiva”, dijo en referencia a los capitales financieros que entran al país
buscando altas rentabilidades y provocando la apreciación del peso.
El problema es que si esos capitales, conocidos con el
sobrenombre de golondrina, consideran atractivo al peso argentino se debe
precisamente a la política de tasas altas que el Central aplica para mantener a
raya la otra variable clave, el nivel de precios. La obsesión de Sturzenegger es
combatir la inflación reduciendo la cantidad de pesos en la economía (cuantos
menos pesos, menos presión sobre los precios). Por eso la cantidad de dinero
creció en los últimos doce meses a mucho menor ritmo que el año anterior (25%
frente a 50%, según sus cálculos), y por eso Sturzenegger está ofreciendo
rentabilidades de hasta 37% a todo aquel que quiera dejar sus pesos quietos en
una caja del Central.
Evitar que el peso se aprecie y combatir la inflación
parecen entonces objetivos excluyentes. A menos que se tomen medidas
adicionales. Sturzenegger solamente habló de una en su presentación de hoy: que
las Lebacs del Central con esas rentabilidades extraordinarias puedan ser
adquiridas exclusivamente a través de la Caja de Valores local (hasta ayer,
también podían adquirirse contratando los servicios de la agencia internacional
Euroclear). Según Sturzenegger, "esto lo hace menos atractivo para el inversor
externo”: "A ver si podemos acotar y que se vayan un poco los muchachos estos y
nos quedamos con el tipo de cambio que queremos, que se fortalezca al ritmo de
la producción, de la economía real, y no al ritmo del mundo de las finanzas,
aunque en un mundo con capitales abiertos esto a veces se complique”.
Un efecto secundario de las tasas altas más difícil de
neutralizar, al menos en el corto plazo, es el generado sobre la producción y
el empleo. En él se centraron la mayoría de las críticas que recibió
Sturzenegger esta mañana en el Senado. "¿Cómo esperan que alguien invierta en
producción si la actividad especulativa está generando muchas más ganancias,
con una bicicleta financiera similar a la de la década de los 90?”, le preguntó
la senadora de Santa Cruz Virginia García (FPV). El senador sanjuanino Ruperto
Godoy (FPV) hizo una crítica similar. "Usted hace un relato que está en todos
los manuales de economistas ortodoxos, pero la experiencia que tuvimos en este
país no fue buena”, dijo en referencia a los años 90, de poca inflación y mucha
pobreza. "Absorber el circulante para que haya menos dinero implica menos
dinero en el bolsillo de los hombres y mujeres de Argentina, implica ir
destruyendo el mercado interno, más gente desocupada; obviamente va a bajar la
inflación porque va a haber menos demanda, ¿pero a qué costo?”, cuestionó
Godoy.
Sturzenegger respondió al argumento de García destacando el
riesgo de cualquier apuesta financiera: "Los que tenían Lebac en febrero
perdieron un montón de plata, en relación a inversiones alternativas, ¿el que
compra una Lebac hoy va a hacer buen negocio? No se lo sabría decir”. De Godoy
se diferenció en la forma de entender la economía: "Yo tengo el convencimiento
pleno de que lo que más va a reactivar la economía en Argentina va a ser bajar
la tasa de inflación”.
Según el presidente del Central, las perspectivas de inflación
de los consultores para 2016 son de 33%, lo que implica una fuerte
desaceleración de los precios en el segundo semestre. En su opinión las metas
de inflación que comenzará a publicar en septiembre darán certidumbre y
permitirán llegar a variaciones de precios de entre 12% y 17% para 2017; y de
5% para 2019. "¿Es posible en Argentina? Miremos a nuestros vecinos. Perú tuvo
tantas hiperinflaciones como Argentina y tenía la misma cultura de pensar en el
dólar, pero hoy su inflación es de entre 3% y 4%. No hay nada cultural que nos
lo impida”.