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Emprendedores

Los dueños de la casita de Barbie

El matrimonio Rodríguez se inició casi por casualidad en la fabricación de juguetes de madera para chicos y hoy es su principal fuente de ingresos. Están buscando la forma de crecer con nuevas herramientas, es que con las que tienen tocaron techo. Por Viviana Pastor.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Viviana Pastor

Es la casita soñada, la que todas las niñas quieren tener, con ventanas que se abren y cierran, con una cama rosada, ideal para la Barbie, una cocina completamente amoblada, living con sillones, todo de madera y construido casi en forma artesanal por Guillermo Rodríguez y su esposa Sandra Rojas, que con la marca Uriel fabrican y venden juguetes de madera.

Para la fecha de Reyes no daban abasto, trabajaron mañana, tarde y noche para poder cumplir con todos los pedidos, sin empleados, sólo ellos dos, fabricando y pintando mesitas, sillas, bancos y percheros. Tienen un catálogo con más de 100 productos y modelos.

“Si hace 4 años me hubieran dicho que me iba a terminar dedicando a esto, no lo hubiera creído”, contó Guillermo. Es que el prometedor emprendimiento comenzó como un regalo para su hija Abril, para quien el papá fabricó una sillita con la cara de Puca, de quien la nena era fanática. Pero los amigos y vecinos que la vieron quedaron encantados y le comenzaron a hacer pedidos a Guillermo. Él y su esposa habían estudiado Diseño y de carpintería sólo sabía lo que había aprendido en la escuela secundaria, pero parece que aprendió bien.

De las sillitas pasó a las mesas, a los percheros y así fue evolucionando. Pero las herramientas que tiene Rodríguez no son las más modernas, así que las cosas más chicas y de detalle, como la camita de la muñeca o el inodoro del baño, se hacen casi tallados a mano. Por eso la meta es poder comprar un par de máquinas modernas que lo ayuden a trabajar a otra escala, más rápido y con más precisión.

 Los Rodríguez tienen el emprendimiento en su propia casa, y también la exposición de juguetes, un espacio ganado al kiosco-fotocopiadora con el que se ganaban la vida, pero que terminó perdiendo protagonismo frente a los juguetes de madera, que dan más ganancias “y más satisfacciones”.

Actualmente lo que más venden es la casita de Barbie, que tiene 1 metro de alto por 70 cm de ancho, y tiene dos opciones de compra: sin pintar y sin muebles cuesta 300 pesos, pintada y con muebles, 700 pesos. Las sillitas con  figuras de Disney pintadas cuestan 200 pesos y la mesa 300 pesos, si se llevan en conjunto el precio es menor. Actualmente están diseñado un juego para varones.

“Las ventas fluctúan en función de la moda, ahora está de moda la casita de muñecas, pero hace un tiempo lo que más fabricábamos y vendíamos eran los percheros con personajes. Lo más tradicional son las sillas y las mesas”, contó Sandra, quien también participa del proceso creativo. Y agregó que buscan siempre brindar un producto original, algo que no se vea en otra parte.

Las redes sociales son una gran plataforma para la venta de los productos y muchos clientes llegan por Facebook al local. Incluso han fabricado muebles a medida para varios jardines maternales, sillas y mesas y también muebles de cocina a escala de los nenes. “Estos juguetes son mucho más baratos que los que hay en jugueterías tradicionales porque somos fabricantes y no tenemos intermediarios, llegamos directo al comprador”, señaló el emprendedor.

Guillermo dijo que están esperando el lanzamiento de algún programa provincial o nacional que los ayude a comprar las maquinarias para poder dar un salto cuantitativo y cualitativo en este negocio.

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