En diciembre del año pasado Valentín y Felipe Vargas estaban a dos segundos de Tokio. Había sonrisas y expectativas de lograr, como hermanos y colegas de la natación, el pasaje a los Juegos Olímpicos 2020. Pero aquella sonrisa se fue desdibujando cuando la pandemia de coronavirus sacudió el país, se decretó la cuarentena obligatoria y provocó el parate de todas las actividades deportivas, incluso la natación. Sin embargo en medio de la cuarentena reinventaron su rutina y no se dan por vencidos. Sin pileta, en el fondo de su casa, entrenan seis veces a la semana para lograr el pasaje a las olimpiadas.
En el pasto y bajo el sol. Así es el gimnasio al aire libre que armaron en su vivienda de Capital los Vargas. Allí entrenan de lunes a sábados para no perder el estado físico. También para mantener "vivos" esos músculos que son vitales a la hora de entrar al agua. "Nada reemplaza a la pileta, pero tuvimos que transformar el trabajo. Esta es una nueva realidad que tenemos y con esta imposibilidad de entrar nos adaptamos a algunos ejercicios en tierra para estimular los músculos que trabajan en la natación", comenta Silvia Maldonado, la mujer que los guía y entrena desde pequeños.
Los entrenamientos básicamente son de fuerza. Utilizan sensores y hasta un banco para simular ejercicios de natación. Si bien algunos ya lo habían implementado como trabajo preventivos en la pileta, esta vez los realizan con frecuencia ante la imposibilidad de nadar. También realizan ejercicios pliométrico para no perder la potencia. El objetivo siempre es no quedarse quietos. De hecho en los próximos días sumarán bicicleteadas y salidas a correr para aumentar el rendimiento. No es sencillo pero es la única alternativa que se les presenta en estos tiempos.
Silvia Maldonado y Gustavo Ordoñez son quienes arman las rutinas de los Vargas en plena cuarentena.
"No hay nada como el agua", insisten una y otra vez, pese a ingeniárselas. Ya lo había dicho Delfina Pignatiello, la joven esperanza argentina en Tokio, quien advirtió que llevaba once semanas sin entrenar y por eso puso en duda su participación en los Juegos Olímpicos del próximo año. Si bien en San Luis, Corrientes y La Pampa la actividad se está normalizando, incluso en Buenos Aires se autorizará la práctica a los olímpicos, en San Juan no hay fecha de habilitación para este deporte y otros de contacto.
Los Vargas coinciden con Pignatiello y dicen que jamás estuvieron tanto tiempo parados, salvo tres semanas de vacaciones que tuvieron post pretemporada en Francia. Encima la pandemia los afectó cuando transitaban una etapa clave de cara a las últimas competencias que tenían para buscar la marca olímpica. "No sabemos cuándo vamos a volver. En Europa ya entrenan con los protocolos correspondientes y estamos en desventaja. Al principio se entendió, era una cuestión sanitaria, pero ahora estamos tranquilos en San Juan y podemos volver sin descuidar la salud", apunta Felipe.
Otra incertidumbre que se les plantea a los hermanos es la marca que necesitan alcanzar para clasificar a Tokio. Antes de que se declarara la emergencia sanitaria el tiempo que tenían que conseguir era de 1 minuto 57 segundos 50 centésimas, el que exige la Federación Internacional de Natación. Sin embargo ahora, tras el parate que sufrieron los deportistas, creen que esa marca podría ser alterada. "La pileta es como una pelota para el futbolista. Es mucho el tiempo sin entrar al agua y seguramente se van a reestructurar los tiempos al no ser el mismo el nivel ni la performance. Pero todavía no hay noticias", cierra el más chico de los Vargas.