“Mi papá me puso Claudio Paul por Caniggia. Justo se dio que juego al fútbol y soy rubio. Pero estoy lejos de ser como él”. Cerca de las doce del mediodía, con los botines en mano, Spinelli recibe a Tiempo de San Juan en el Hilario Sánchez. Después de dos semanas bravas y atípicas, con su apellido en todos los medios, la sonrisa volvió a su rostro. Se lo nota tranquilo y de buen humor, tanto que se anima a bromear con su parecido con el “Pájaro”.
Claudio Paul, el revoltoso
Cuenta que su padre fanatizaba por Boca y que en honor al ex delantero lo llamó así. Claro, a su papá jamás se le cruzó por la cabeza que aquel varoncito de 2.900 kg iba a tener destino futbolero al igual que su ídolo y que, curiosamente, marcaría su primer gol en Primera en febrero, mismo mes en el que, 30 años antes, lo hizo el “Cani” con la casaca de River. "Vi muchos videos del Pájaro y de Ronaldo, unos fenómenos. También seguí a Batistuta, otro 9 que hizo historia con la Selección y otros clubes. ¿Los mejores de hoy? Lautaro Martínez, Benedetto e Higuaín, el que mejor está para ir al Mundial”, confiesa.
Spinelli nació en Pacheco, Tigre, donde comenzó a dar sus primeros pasos con la redonda en la baby de su localidad. A los 12 años pasó al conjunto de Victoria, donde explotó su potencial y alcanzó números sin precedentes: marcó 70 tantos y se convirtió en el máximo artillero de la historia de las inferiores del club. Hoy lleva 6 goles en 11 partidos con la casaca de San Martín (5 los anotó en 5 de los 8 encuentros que fue titular), pero su olfato goleador viene de antes. “Yo siempre jugué así, no es que un rayo me tocó y empecé a marcar goles”, dice.
Jugador, goleador y devoto. Mucho tiene que ver la fe en su presente futbolístico. Señala que en San Juan todos los 19 viaja a Bermejo, donde está San Expedito. De paso colabora con su gente. “Antes de entrar a la cancha le rezo a mis santos para que me protejan las piernas y me iluminen en el momento justo para hacer todos los goles. Soy muy creyente. A Bermejo voy todos los meses y ayudamos a los habitantes que tienen otra vida, que viven alejados de la interacción social. Si se puede dar una mano se da”, expresa.
La revolución Spinelli
A mediados del 2017 llegó a San Juan como una de las grandes promesas juveniles del Matador. Estuvo en el banco de suplentes en la primera fecha de la Superliga contra Patronato y después en la tercera frente a River, luego desapareció del plano verdinegro.
El 12 de febrero entró desde el banco contra Atlético Tucumán y marcó su primer gol en Primera, un tanto que despertó la ilusión del Pueblo Viejo. San Martín volvió a encontrar a su nueve goleador y los hinchas estaban chochos. Sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos, un conflicto extrafutbolístico con los dirigentes lo marginó del plantel y se ausentó en dos partidos, contra Huracán y Olimpo. “Sufrí mucho ese tiempo, fue difícil no jugar. Siempre estuve tranquilo, sabía que había hecho las cosas bien y traté de refugiarme en mi familia y la gente que me quiere”.
Un revoltoso. Su explosión en la segunda mitad de la Superliga generó todo un alboroto. Sobre todo porque su préstamo con el club sanjuanino termina en junio y nadie, ni siquiera los hinchas, tiene intención de soltar a su carta goleadora. A raíz del interrogante sobre su futuro fue que se desató un "tire y afloje" con la institución. Al parecer el posible uso de la opción de compra por parte de San Martín fue lo que desestabilizó la relación entre las dos partes. El jugador no quiere ahondar sobre el tema y se limita a decir sobre su futuro que “falta mucho para que finalice el torneo y eso lo tengo que hablar con mi familia, representante y dirigencia. Por ahora se solucionaron las cosas y puedo jugar. Después se verá, vamos a esperar a que se calmen las cosas”.
Se habla de San Lorenzo, Belgrano y hasta de Europa como posibles destinos, pero el atacante señala entre risas “todos me quieren pero a mi representante no le llama nadie. Se hablan muchas cosas pero no le doy importancia”.
“San Martín me cambió”
El delantero habla de cómo su vida dio un giro de 180º en San Juan. Como pasó de ser goleador en inferiores a un club de Primera, y como fue dejar su casa y su familia para instalarse en Cuyo. “Me vine a vivir solo, que fue una experiencia nueva porque nunca me había despegado de casa. Siempre estuve en Tigre y San Martín fue el primer club que me abrió las puertas. Maduré mucho en lo personal y en lo profesional”, cuenta el chico de 20 años.
Aquí supo ganarse un lugar en la cancha como así también en el corazón del hincha. “Soy agradecido al club que me dio la oportunidad de jugar y mostrarme. También de la gente, sentí todo el apoyo del hincha cuando no jugué y eso me dio fuerza para seguir".
Que se venga el séptimo contra el Tomba
Este viernes se juega el clásico con Godoy Cruz y el deseo de Spinelli obviamente es festejar un tanto en Mendoza, el séptimo en su cuenta. “Tengo ganas de hacerle un gol a Godoy Cruz porque uno se encariña con la gente, con la ciudad, el club y los colores. Y lo que más quiero es ese gol. Dios y la Virgen pueda convertirlo y sirva para sumar al equipo”, dice.
San Martín, que viene de empatar con Lanús con un tanto suyo, necesita sumar en lo que resta de la Superliga pensando en la próxima temporada, donde los números no son alentadores. Pero el Tomba también necesita una victoria, está a seis del Boca (puntero) y no pierde las esperanzas. “Si los hinchas de Boca me piden el gol no me importa, sólo pienso en San Martín. Mi familia antes era fanática de Boca, hoy hinchan por mí y el club donde estoy. Los días que juego en el Hilario Sánchez la gente puede ver cómo festejan los goles de San Martín. La familia es hincha de este club”, agrega el delantero.