A San Martín le robaron el partido y lo mandaron a la B
Con un gol en offside, un penal no cobrado y una expulsión polémica, River le ganó 3 a 1 a San Martín y lo mandó a la B. Hubo escándalo en el final.
Nerviosismo, presión, ansiedad, miedos, y un etcétera interminable pareció invadir las cabezas verdinegras que jugó poco, pero con mucha intensidad durante los 90 y pico de minutos. Y eso se notó más al comienzo, con los flanqueos de a defensa con los dos primeros goles.
La apertura de Vangioni madrugó las esperanzas con un golazo, tiro disparado desde dentro del área de San Martín y con un francotirador que se encontraba extrañamente sin marca y no perdonó a un arquero desesperado por magnificar su masa corporal. Explosión del Monumental y desazón de Concepción. 1 a 0 abajo y el sueño cuesta arriba.
Intentando volver al juego, lanzado al ataque y regalando espacios, San Martín brindó oportunidades para el remate que llegó con el gol de Sánchez. Aunque fuera de juego, el volante de River la mandó a guardar y aplacó aún más la ilusión sanjuanina. Sin embargo, un empedernido Caprari definiría de primera ante el rebote fortuito y pondría e descuento para ganar confianza y honor para la segunda parte.
Así, los segundos 45 minutos fue todo del Verdinegro. Mejor juego, al pie, de primera, con control de Luna, con velocidad de Más, con arranque de Affranchino y con atrevimiento de Riaño, el equipo de San Juan se paró firme y demostró que no iba a parar hasta conseguir el empate y , quizás, hasta la victoria. El lateral izquierdo, único verdadero representante, encaró al área rival y lo derribaron. “No pasó nada”, dijo el juez y todo siguió. A la jugada siguiente, tiro libre para el local, tras la falta de Alderete. Y la historia cambió. Enojo de los visitantes, pechón y roja directa.
Tal vez la decisión del árbitro Germán Delfino fue determinante por la expulsión de Ledesma, cuando el Verdinegro se acercaba al empate y jugaba, por lejos, mejor que el local. Tal vez sea cierto. Pero no hay determinación sin excusa y la misma fue proporcionada por el defensor del Santo que no midió su calentura y empujó al juez. Uno menos y minutos por delante quedaron y corrieron rápidamente y sin piedad.
Poco a poco se diluían las esperanzas, pero siempre con la frente en alto, siempre jugando. Ninguna jugada era la última, pero sí en apariencia. Se luchó, pero no alcanzó.
Y el final, una vergüenza. Gesto de Iturbe. Mala aceptación. Enojo. Y otra vez pechones; disturbios y un tremendo final. Inesperado.
Lágrimas en sus rostros. La misma fotografía que se repetí un fin de semana atrás en Avellaneda y, un año atrás en el mismo escenario. Descenso consumado. San Martín perjudicado y otra vez en la B. Habrá que remarla, habrá que empezar de nuevo. Con menos plantel, con nuevo presidente, con ¿otro técnico? Mucho no se sabe, lo que sí es seguro es una cosa: el fútbol no sabe de merecimientos ni tampoco de buenos arbitrajes.
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