La Comunidad Huarpe Pinkanta es una de las pocas que queda en el país llevando adelante con orgullo las raíces de los pueblos originarios. Sus celebraciones, rituales y creencias se basan en aquello que heredaron de sus antepasados, donde los ancianos transmiten saberes a los más jóvenes para que el espíritu de los huarpes continúe vivo entre ellos. Una de las celebraciones que trasciende generaciones consiste en activar el volcán interior, la cual se realizó durante la tercera restitución de restos que realizaron, esta vez en el límite de San Juan y Mendoza.
Activar el volcán interior, la celebración Huarpe que sana en medio de la naturaleza
Cada instancia de la celebración tiene su sentido y valor, por lo que al aceptar hacerlo hay que tener consciencia y seguridad, no subestimar y confiar. Activar el volcán interior, un ritual que conecta a las personas con la naturaleza y busca dejar atrás todo aquello que hace daño.
Tras realizar la restitución apuntando hacia los cuatros puntos cardinales, donde al aire se lleno de canto a coplas y el sonido de las cajas portadas por algunos de los presentes, el Omta Samay Ñerké Pachayk -Roque Miguel Gil- preguntó a los presentes quien deseaba realizar la celebración. Muchos de los presentes sabían de qué se trataba, mientras que otros que habían llegado para formar parte de la restitución y las celebraciones por el Año Nuevo miraron con curiosidad y hasta algunos aceptaron, seguros que sería por demás beneficioso.
De acuerdo a lo que el explicó luego el Omta a Tiempo de San Juan, todas las personas tenemos un volcán en el interior que segrega lava gracias a la energía de la luna y el sol, ofreciendo protección, fuerza y sanación orientado hacia el buen camino. “Ese volcán muchas veces se va apagando por nuestras decisiones erradas o equivocadas y cuando nuestras reservas de energía por buenas acciones se terminan, vienen los dolores, las enfermedades, las peleas, separaciones y pérdidas”, explica.
Y continúa: “Lo que hace la tierra de la Familia Antigua Naturaleza es ponernos en cero, en modo de nacimiento, en el útero. Al nacer activamos nuestras defensas que se expresan en el rodar como la lava del volcán activado”.
La secuencia explicada por el Omta era el paso a paso de la celebración. Dos personas, una femenina y otra masculina, en representación de las energías de la luna y el sol, se ubicaban en unos pozos que habían sido cavados en la cima de una colina de arena. Al ingresar, la persona debía intencionar aquello que deseaba sanar o quería dejar ir, respirar profundo cuatro veces desde el fondo del pozo y luego, diciendo una frase que era susurrada por el Omta, salir del pozo con ayuda de quienes lo rodeaban.
“Detalle importante es la ayuda recibida para salir del útero. Lo reciben otras lunas y otros soles que le tienden una mano para salir, como en la vida”, explica el Omta.
Al salir, la persona se acostaba en la cima para dejarse rodar colina abajo, hasta que la fuerza de la gravedad cesara. Posteriormente, la energía masculina debía ponerse de pie para ayudar a la energía femenina a levantarse y abrazarse, una vez de cada lado. “El abrazo es el encuentro feliz y equilibrado entre el sol y la luna”, acota el Omta, quien llevó a cabo las tres celebraciones que se realizaron el pasado sábado 24 de agosto.
De acuerdo a lo que explica Roque Gil, estas ceremonias como todas aquella que lleva adelante las aprendió de la mano de su abuela Concepción Loreta Dias Guaquynchay, hija de Rosa Guaquynchay, que fue una de las personas que firmó el pacto de paz entre las tres provincias de Cuyo para dar origen a lo que es la Organización Territorial Huarpe Pinkanta.
Si bien la explicación es sencilla, no puede ser llevada a cabo por cualquier persona. Se debe dirigir por un guía espiritual, junto a los guardianes protectores de los cuatro elementos (agua, tierra, fuego y aire). “Se realiza cuando el guía espiritual recibe el mensaje llamado El Camino del Gran Espíritu”; señala Omta. Es por este motivo que no cualquier persona puede llevar adelante esta celebración que permite sanar y dejar atrás todo aquello que obstruye el sanar internamente.