El modelo neoliberal atraviesa una crisis profunda. El escándalo de $Libra, en el que el presidente de la nación promovió una estafa multimillonaria, expone ante el mundo entero un sistema que ha dejado de ser creíble. Todo es una puesta en escena, y Argentina, un gran laboratorio donde experimentar el anarco-capitalismo.
¡Y ahora! ¿A quién vamos a culpar?
Las consecuencias de tener un presidente anarco-capitalista son devastadoras: el desguace del país, la cancelación de la democracia en favor del poder del dinero. Por Eduardo Camus
Milei y su "triángulo de hierro" se infligieron un error que generó una crisis importante. En primer lugar, el presidente, envalentonado (como canta el Indio Solari en Juguetes Perdidos: “Cuanto más alto trepa el monito, así es la vida, el culo más se le ve”), promocionó desde su cuenta de X una estafa. El error fue tan grave que intentó explicarlo con un pseudo-periodista afín, que parece disfrutar de las meriendas en Casa Rosada. En medio de las preguntas grabadas, interviene el asesor estrella y jefe del ejército de trolls. Se corta esa parte, pero se sube por error a la cuenta de YouTube de TN. ¿Fallo o trampa? Macri lo aprovecha.
Como si fuera poco, la jefa del esquema, su hermana—de oficio pastelera—queda envuelta en acusaciones de coimas, reviviendo la denuncia de Juan Carlos Pallarols, quien contó cómo le pidieron 2.000 dólares para reunirse con Milei. El triángulo está averiado. Habrá que ver en qué condiciones sigue y quién toma el control del barco.
El escándalo está en todas las portadas mundiales. Abundan pruebas, análisis jurídicos, políticos y económicos. Milei no fue engañado: tuvo varias reuniones para coordinar el lanzamiento (si hay foto, hay video). Se autoproclama economista y especialista en finanzas, por lo que sabía perfectamente que estaba impulsando una memecoin. Y no fue un error aislado: en 2021 hizo lo mismo con COINX, cuyo titular está preso por narcotráfico. En 2022 repitió con su socio Novelli, promocionando y asesorando a VULCANO GAMES, otra estafa. Más que error, es vicio. Es un caso evidente de corrupción, con todos los condimentos.
Parece que los únicos que no se enteraron fueron los senadores del PRO y la UCR, que bloquearon la creación de una comisión investigadora y el pedido de interpelación al Ejecutivo. No quieren investigar ni siquiera preguntar. ¿Qué ganan con esta actitud de encubrimiento, que daña directamente la democracia argentina? ¿Qué hay detrás de esta estafa? ¿Qué está en juego?
¿Cómo confiar en la democracia si un presidente ejecuta una estafa internacional y el Congreso ni siquiera puede hacer preguntas? Vivimos tiempos distópicos, sin horizonte, sin futuro. Este pesimismo se profundiza en todo el mundo. Los ingenieros del caos, como los llama Giuliano Da Empoli, están logrando que nadie crea que vamos a estar mejor. Los dueños de las cosas—que también se creen dueños de la vida y de la democracia—buscan responsabilizar al pueblo. Que la única salida sea pisar al que está más abajo.
En los ‘90, el neoliberalismo ofrecía una falsa promesa de felicidad: zapatillas Nike, la Cajita Feliz, viajes, pizza y champán. Ya sabemos cómo terminó, pero al menos había una promesa. Hoy, la única oferta es el miedo: culpar a los más débiles, recortar derechos, ajuste y motosierra.
Así buscan disciplinar la voluntad democrática. Nuestra subjetividad, marcada por el neoliberalismo, nos hace desear, relacionarnos, imaginar y trabajar bajo una lógica mercantilista: cuanto más dinero tengamos, mayor será el disfrute. Esto genera un sinfín de emociones negativas. La indignación, el miedo, los prejuicios, el insulto, el racismo y las problemáticas sexistas se propagan en la web con más fuerza que los debates sobre el bien común. Usan el agotamiento social como nafta del algoritmo. Están acorralando la democracia, reduciéndola a su mínima expresión con una política ofensiva: desde la desarticulación de políticas públicas hasta la persecución de quienes piensan distinto, pasando por el uso de un lenguaje procaz (“Me chupa la p la opinión de los kukas”) e intimidatorio (“Corran zurdos, los vamos a buscar”*).
A este ataque cruel y violento no se le puede responder con decoro, sino con una moral ofensiva. Hay que enfrentarlos. El silencio, en este momento, es complicidad. Sin una defensa activa y frontal, la desmoralización se agudiza, aumentando el aislamiento y la soledad. Pasamos de ser ciudadanos, con derechos y responsabilidades, a ser meros usuarios y consumidores de redes sociales.
Tampoco podemos victimizarnos. Mucho menos los dirigentes. Si hay una víctima, es el pueblo. Es fundamental que los distintos referentes políticos, culturales (como los músicos en el Cosquín Rock, que han dado testimonio), económicos y sociales asuman una actitud comprometida y valiente. Basta de especulación bajo la mentira de la gobernabilidad. No hay lugar para jugar a recatados ni para timoratos.
Una vida moldeada por el neoliberalismo nos hace repetir conductas aprendidas: vemos a los demás como competencia, como amenaza. ¿Cómo hacer humanismo sin fe en la humanidad?, ¿Cómo hacer política de bienestar sin creer en el progreso? Casi nadie confía en que el futuro será mejor. Nosotros debemos sobreponernos a ese pesimismo. Sabemos muy bien que no queremos volver al pasado: es ese pasado el que, en parte, construyó este presente que queremos cambiar. Estamos convencidos de que queremos otro tiempo. Uno en el que sea imposible que a unos pocos les vaya bien mientras muchos sufrimos.
Ante un ataque constante y permanente: los derechos se expanden o se pierden, no hay un posible empate. Debemos animarnos a imaginar un futuro alternativo. Sacar la política de este sistema atroz y llevarla de nuevo a la calle, al barrio, a la universidad, al club, al trabajo, a la plaza. Que la política vuelva a hablar de lo cotidiano, de los problemas que tiene la humanidad. Repolitizar la vida.
Remar contra la corriente y creer en la Justicia Social hoy requiere más esfuerzo que nunca. Requiere misericordia, bondad. Sé perfectamente que esto trae problemas, que muchos pierden fuerzas y, sobre todo, ganas. Un abrazo fraterno para todos y todas quienes la pelean a pesar de todo. Estos días nos demuestran que debemos estar más fuertes, confiando en nosotros mismos, aumentando el orgullo por lo común. La fuerza de la razón y las convicciones nos acompaña. Y, sobre todas las cosas, queremos nuestro país, queremos a nuestro pueblo. Somos argentinos, y vamos a salir de esta trampa.
El miedo les sirve a ellos. Contagiemos coraje.