Por Natalia Caballero
La resistencia social en el nacimiento de dos íconos culturales
El 21 de julio de 1970 San Juan se vestía de gala para inaugurar el Auditorio Juan Victoria, una obra emblema de la cultura cuya construcción y posterior apertura generó resistencia en gran parte de la sociedad. El argumento: "no es una obra indispensable”. A 46 años de la inauguración de esta obra icónica, abrirá sus puertas el Teatro del Bicentenario. Al igual que hace casi 50 años, otra vez hay cierta resistencia social y con el mismo argumento. El tema, bajo el análisis de los especialistas.
Históricamente las obras culturales son calificadas por algunos sectores como "innecesarias” y hasta consideradas un despilfarro de dinero. ¿Por qué? Porque el mundo de las artes es calificado como un generador de necesidades accesorias, que no tienen igual o similar importancia a la educación, la salud y la vivienda.
La cultura es vista como una actividad deficitaria e intrascendente, claramente esto sucede cuando el éxito o fracaso se mide con la vara económica o dotando solo de valor a aquellas actividades que se enmarcan dentro de las ciencias duras. Las sociedades de consumo tienden a descalificar el desarrollo de las artes, aunque sea un motor de inclusión social y de desarrollo de talentos.
La secretaria de Cultura, Mariela Limerutti, defendió las inversiones en cultura y en el desarrollo de las artes. "Sé con certeza que el mundo artístico está totalmente orgulloso y emocionado por lo que es tener semejante espacio, de que el Gobierno de San Juan apueste al arte. Esto significa que el artista tiene un valor y es reconocido por el Estado”, arrancó diciendo la funcionaria.
Limerutti calificó al arte de salvador. "La inauguración del Teatro es valorar las vías de expresión alternativas y otros lenguajes. Es lógico que haya prejuicios porque mucha gente no sabe la importancia que tiene este espacio cultural. Estas vías alternativas de expresión hacen más felices a las personas, el arte cambia vidas, salva vidas. Hay que poner en valor esto, que la gente puede experimentar cosas que no tienen precio y que hacen al crecimiento de una sociedad”, concluyó.
Una de las impulsoras del teatro en San Juan, Berta de Abner, se metió en la polémica y dio a conocer su opinión. "Cuando se inauguró el Auditorio también sucedió lo mismo. Son proyectos muy grandes que asustan porque la dimensión de San Juan parece no corresponder con esa magnitud. El desafío es que así como el Auditorio fue conquistando al público, fue educando a la comunidad de San Juan y sigue educando, el Teatro también lo logre. Esos son los proyectos que valen, los que quedan para distintas generaciones, los que no se agotan. Esto es para San Juan, para las generaciones que ni saben que existe el Teatro, está lleno de vida”, explicó la mujer.
Consultada sobre el tema, la directora del Departamento de Comunicación de la UNSJ, Sandra Buso, indicó que hay tres miradas para analizar este tipo de resistencias sociales a las inversiones en el ámbito cultural y aseguró que la aceptación deviene de la apropiación de este tipo de espacios, como sucedió con el museo de Bellas Artes. "Por un lado, hay encuestas tan sesgadas que la gente expresa su oposición pero a la vez en poco tiempo se agotaron todas las entradas. La otra mirada es la falta de información que suele haber sobre las obras públicas y la escasa inversión que hay para los artistas locales. Pero esto no tiene por qué ser así. Mi ejemplo es el Museo de Bellas Artes que cuando se refaccionó fue resistida la inversión sin embargo la gestión de Agote logró que el público se apropie del lugar. Se puede revertir la resistencia con la inclusión”, expresó la licenciada en Comunicación Social.
Por último, el director del Auditorio Juan Victoria, Rolando García Gómez, dio su visión ante la resistencia inicial que suelen generar las obras culturales. "Invertir en educación, salud y cultura es invertir en sacar de la calle a la gente, es la única manera de salir de la mediocridad social en la que estamos inmersos”, finalizó.