Por Eduardo Camus
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Carta desde el corazón a la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello
Le escribimos sin seudónimos, como ciudadanos preocupados por los balazos constantes. Apuntan a los niños. La intolerancia es moneda corriente en su gestión, también el abandono. Que alguien le devuelva la esperanza al pueblo.
Sra. ministra Sandra Pettovello:
Le escribo desde el fondo de una vida difícil. Soy madre soltera, con dos hijos que tuvieron que dejar la escuela. No porque no quieran estudiar. No porque yo no quiera verlos con un título en la mano. Sino porque no podemos más. No hay recursos. No hay ayuda. No hay futuro si seguimos así.
Mis hijos intentaron seguir en la escuela nocturna, pero no llegamos. Tuvieron que salir a trabajar para ayudar a parar la olla. ¿Cómo vamos a mandar a nuestros chicos a estudiar si no tenemos para lo mínimo, si no podemos comprar un cuaderno, si no tenemos para una merienda? Es casi una crueldad pedirle a un chico que rinda como si tuviera todo, cuando no tiene nada.
Como yo hay muchas madres, muchas familias en el Médano de Oro y en todo San Juan. Esta realidad no es una excepción. Es la regla. Lo que vivimos es una emergencia social. Pero ustedes en el Gobierno, en vez de reforzar la ayuda, están desmantelando todo. Lo que están haciendo con las políticas sociales es un ajuste brutal. ¿Cómo esperan que nuestros hijos estudien si recortan el Progresar, si cierran comedores, si hasta los enfermos del Gaharran tienen que hacer marchas para que los escuchen?
La situación en el Gaharran es una vergüenza nacional. Gente con enfermedades graves que no tiene atención, profesionales trabajando sin insumos, sin seguridad, sin acompañamiento del Estado. ¿Dónde están ustedes? Si ellos no tienen respuesta, qué queda para nosotros.
Y mientras tanto, vemos cómo los discursos de odio se multiplican, como chicos como Ian Moche son atacados por defender la inclusión y el respeto. ¡Paren, che! Ese ataque no fue solo a Ian. Fue un ataque a todos nuestros hijos. A los que sufren. A los que son distintos. ¿Qué país estamos construyendo si hasta eso se castiga?
Ministra, esta carta es un pedido. Un grito. Pero también es una advertencia: no hay paz social posible si millones quedan afuera. Ustedes han decidido ajustar sobre los más pobres, sobre los pibes, sobre los enfermos. No hay derecho.
Yo, como madre, me niego a rendirme. Pero también me niego a quedarme callada. No somos números. No somos gasto público. Somos personas. Somos familias que queremos vivir con dignidad. Queremos que nuestros hijos estudien, tengan oportunidades, puedan elegir su camino.
Espero que esto llegue. Que nos escuchen. Que paren esta crueldad. Nosotras queremos que nuestros hijos vayan a la escuela, un chico sin educación no es nada. Con el dolor del alma no estamos pudiendo, nos ha tocado una vida dura, pero es importante que nuestros hijos se eduquen. Espero que esto llegue y sirva.
Azucena Arancibia
Me pidieron que difundiera esta carta. Sentí que era mi deber reproducir lo que se vive en gran parte de los hogares argentinos. Ajustaron el derecho a educarse, al ascenso social. Recortaron los sueños de las familias de esta patria, que siempre lucharon para darle estudios a sus hijos y una mejor vida. “Mi hijo, el doctor” es un anhelo privatizado.
Qué decir del acceso a la salud. Menos medicamentos gratuitos, menos cobertura de PAMI para nuestros abuelos, menos médicos que quieren trabajar en el sistema público porque cobran dos mangos. Y mientras la diputada libertaria Juliana Santillán se burla de todos y dice en televisión nacional que una familia de 4 puede vivir con $360.000. Estadísticas falsas. Fake news. Nos tienen acostumbrados, qué decirles. Se nos burlan en la cara. Probá diputada Santillán experimentar vivir con 12.000 pesos por día a ver cómo te va. Vas a tener que llevar un tupper a la Cámara con fideos moñitos.
Más allá de las chicanas, del hachazo a la esperanza que nos dieron desde que asumieron como gobierno, les pido ministra Petovello que nos devuelva la esperanza. Quiero creer que se puede rescatar un poco de humanidad. Que alguien recorre este país hermoso y cada vez más triste. No se puede soportar la asfixia que nos imponen: solo se trata de sobrevivir, de ver cada noche más abuelos revisando las sobras de otros para hacer un mango.
Yo también me sumo a esta carta. Soy Eduardo Camus. Solo espero una respuesta, como todo el pueblo argentino que sufre y se sacrifica para que la casta siga siendo casta y los pobres sean más pobres.