Por Ana Clara Rubio.
Para continuar, suscribite a Tiempo de San Juan. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.
SUSCRIBITEPor Ana Clara Rubio.
En tiempos de pandemia todas las personas que atienden un negocio coinciden en lo mismo, el cliente cada vez que compra habla del coronavirus, de la economía, del aumento de las cosas. Y sí, es una realidad que se vive cada día y genera un desconcierto. Pero, más allá del diálogo, trabajar en atención al cliente, en un negocio de barrio o un comercio más grande, tiene también sus situaciones insólitas.
Tiempo de San Juan habló con varios comerciantes y recopiló situaciones que viven cada día. Y algunas, créalo, es una batalla contra los nervios.
En tiempos de COVID, a comprar sin barbijo
Sí, a estos trabajadores se les pide que cumplan con los protocolos: atención con barbijo, alcohol en gel, distancia social. Pero, ¿y el cliente?. Muchas veces llegan a hacer sus compras y lanzan el típico "uy, me olvidé el barbijo", o "uy, tengo cientos de barbijos y no traje ninguno", o "yo no uso barbijo", o se suben la parte de arriba de la ropa para taparse la boca mientras intentan comprar. Señor/a, al coronavirus... ¡lo frenamos entre todos!
La plata sale de adentro del corpiño
Esta incómoda situación aún existe. "Una señora vino a comprar, y cuando llegó el momento de pagar se sacó de adentro del corpiño un montón de billetes arrugados y que estaban húmedos; se puso a abrirlos uno por uno y los dejó en el mostrador", comentó a Tiempo de San Juan una joven que atiende un maxikiosco. Y crealó o no, esta situación la han vivido actualmente los empleados. El remate de la situación, es que luego de dar esos billetes, arrugados, mojados, rotos, te piden el alcohol en gel. ¡Insólito!
"Uy, vengo re loco"
El cliente que aparece alcoholizado o bajo efectos de estupefacientes es casi moneda corriente. "Se tiran encima de los clientes", "te dicen guarangadas", "quieren que les vendas la cerveza más barata", "te escupen mientras hablan", y ni hablar de que en ese estado han llegado a tirar mercadería. "Una vez apareció una chica que estaba drogada y como no le quise vender una cerveza me largó una caja de alfajores que tenía sobre el mostrador y me decía que saliera y que peleáramos", contó Ana, empleada de un negocio.
Si no tenés la moneda, entonces yo...
Y sí, desde que salieron de circulación los billetes de $2 y $5 dar los vueltos es un dolor de cabeza para el pequeño comerciante. Plan A, redondear, todos los precios terminan en 0. Plan B, dar el vuelto.... ¿pero cómo hacen si no hay moneda?, les dan caramelos. Aparece un nuevo problema, el cliente no quiere caramelos. Y empieza un nuevo round.
"Una vez le dije a un señor que no tenía monedas para darle vuelto, venía a comprar cigarrillos, no le gustó pero igual recibió la plata. Vino varios días seguidos a comprar. Hasta que como al quinto día me dijo que quería un alfajor, le dije que salía 20 pesos, y me trajo todos los caramelos que yo le había dado, por ese monto", expresó entre risas Juan, otro comerciante. Pero esto es común. Hay quienes que pretenden el canje de la moneda por la curita que le dieron en la farmacia, el caldo que le dieron en el almacén, los caramelos que les dieron en otro kiosco, y así sucesivamente.
"Deme $300 en caramelos... ¡Alka!"
Es sabido para un maxikiosco o negocio que los caramelos Alka son el caballito de batalla de los vueltos. Por $10 llegan hasta dar más de 5 caramelos. Y nunca falta el cliente que le arme un surtido de caramelos (y no especifican cual) por $100, o "solo ácidos", o "Palitos de la Selva"... pero a una joven que atiende un negocio le pasó.
"Vino un señor y me dijo que si tenía caramelos Alka, le dije que sí, y me dijo que de qué colores, en esa ocasión solo tenía rojos y verdes, y el cliente me dijo que le hiciera una bolsa con $300... me tardé sus buenos minutos y había gente esperando, porque el señor iba contando los que ponía en la bolsa, después me decía que quería más de un color que de otro, después me hizo agregarle otros... cuestión que hubo dos personas que estaban esperando, se cansaron y se fueron a otro negocio", dijo una joven empleada.
El cliente solitario
Sea de mañana, siesta, tarde o noche siempre hay por lo menos una persona que llega a comprar y en realidad no sabe lo que necesita. Bah, sí sabe, busca compañía. Es muy común para estos trabajadores tener clientes que llegan a "fumarse el puchito", o a "tomarse la gaseosa", o lo que fuera... y conversan un buen rato, según comentaron.
Pero el tema es cuando esa persona quiere seguir hablando y no le importa que... ¡detrás suyo hay una fila de gente queriendo comprar!. Crealo, es muy incómodo para quien tiene que atender. Y ahí es cuando sale de la boca frases como "¿me da un minuto?", o "¿se puede mover a un costado y sigo atendiendo?", o "ya estoy con usted". Abracadabra, un freno con educación.
"Deme un cigarrillo suelto".... pero les pagan con $500
Esta situación la viven mucho quienes atienden kioscos en el microcentro. El cliente quiere un cigarrillo suelto, que rondan entre los $10 o $20, pero les pagan con billetes que pueden ir hasta los $500. El cambio escasea en muchas ocasiones, explicaron. Por tal motivo, muchos trabajadores pierden la venta, pero no el poco cambio.
Conclusión
Estas son algunas de las situaciones incómodas, insólitas, graciosas que viven los trabajadores... a diario. Si vos tenés otra, compartila en los comentarios de Facebook.
