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Historia

La terrible odisea de un sanjuanino para volver a casa

Cristian vivía en Australia, donde trabajó y colaboró en la reforestación de árboles durante los incendios que azotaron al país oceánico. Los tres vuelos cancelados, las exigencias para repatriarlo y su cuarentena entre cuatro paredes de un hotel.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Puño cerrado, una sonrisa de oreja a oreja y selfie. Así festejó Cristian Solera, un pocitano de 28 años, el regreso a su provincia. Después de varios días, largas caminatas por aeropuertos y estaciones de trenes, el joven logró volver a casa. Vivía en Australia, a donde había ido por trabajo y hasta fue noticia durante los incendios que arrasaron con los bosques de aquel país. Cuando la pandemia se desató en Europa quiso pegar la vuelta para estar con su hijo. Y lo hizo, pero antes tuvo que atravesar una terrible odisea difícil de olvidar.

Al país oceánico no fue a hacer turismo, lo remarca una y otra vez. El año pasado surgió la posibilidad de cruzar el charco buscando un mejor futuro. Fue así que se instaló en el Norte de Australia. Allá fue pintor, albañil y jardinero. Rebuscándosela fue que se compró un furgón y logró sobrevivir. También ayudó a su país de residencia cuando más lo necesitaba. “Estuve reforestando en los bosques que se habían incendiado. Empecé a buscar nuevos árboles y a trasplantarlos”, cuenta.

Su estadía en el extranjero terminó cuando se produjo el brote de coronavirus. Justo sus padres e hijo estaban por visitarlo. Pero la alerta sanitaria a causa del virus cambió cambiaron por completo los planes. De inmediato quiso volver. Compró un pasaje, compró dos y hasta tres. La pandemia se expandió tan rápido que le fue imposible volver a su país, al menos por una semana. “Me cancelaron vuelos a Singapur, después Tailandia y Filipinas. Se desató una odisea y empezaron los problemas en los aeropuertos. Averigüé por todos lados. Tuve que vender mi furgoneta para comprar otro pasaje. Era imposible”, explica.

Después de insistir y golpear decenas de "puertas" le ofrecieron viajar a Chile con la condición de comprar otro pasaje: del país vecino a la Argentina, una maniobra que aseguraba que no se quedara en tierra chilena. El boleto valía 700 dólares, en moneda nacional 45 mil pesos. Y no le quedó otra que pagarlo. “Cuando estamos por viajar de Chile a Ezeiza el vuelo estaba sobrecomprado, es decir que mi asiento tenía varios dueños. Me tuve que poner firme y así pude regresar. Al llegar me perdieron todas las valijas, tenía sólo mi celular y cámara de fotos”, agrega.

Hoy Cristian atraviesa sus días entre cuatro paredes de un hotel céntrico. A pesar de haber perdido prácticamente todo para volver a San Juan, acató las órdenes del Gobierno provincial y se alojó en un alojamiento, el que costear de su propio bolsillo: “Yo tenía departamento para hacer la cuarentena, pero nos exigieron estar en un hotel. Yo más que nadie quiere cuidar a mi familia y sociedad. Además yo estuve afuera por trabajo, no soy de esas personas inconscientes que se fue de vacaciones en plena pandemia”.

Y agrega: “Yo sólo quería volver. A mí nadie me repatrió, yo volví gracias a los pasajes que pagué”.

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