Antonio Millán estaba en el centro de San Juan cuando recibió el llamado que modificó la vida familiar y casi tira abajo su economía: “Tenés que volver al Valle, Pedro dio positivo de coronavirus”. Los hechos se precipitaron, Millán llegó tan rápido como el transporte público le permitió, dejó la mercadería que había comprado para el Maxikiosco que tiene hace cuatro años, y se aisló. Cercado por la peste invisible, un grupo de viejos amigos llegó al rescate.
Los Millán Cortéz se dedican desde hace años a proveer todos los artículos de primera necesidad a los vecinos de Valle Fértil. La aventura comenzó cuando Luciana –esposa de Antonio- emprendió un pequeño kiosco de cercanía. Pasaron 365 días y él renunció a su puesto de cajero de supermercado para “meterle de lleno” al nuevo negocio: El Santy. Esta vez, familiar. El matrimonio amplió los rubros: al diminuto local agregaron la verdulería. Fue un éxito.
Así se mantuvieron hasta el viernes pasado, cuando Antonio tuvo que retornar de urgencia a Valle Fértil a causa de que Pedro –uno de los empleados- contrajo Covid-19. Todos debieron aislarse, de acuerdo al protocolo. La mala racha que introdujo la pandemia volvió a actuar: “Nosotros veníamos cuidándonos porque acá en el Valle todo estuvo cerrado mucho tiempo y eso nos perjudicó mucho, bajamos las ventas”, contó el orgulloso dueño del mercado.
Pasó el sábado, el domingo, el lunes, y las deudas empezaron a crecer. Sí, con esa velocidad. Antonio y Luciana no tienen plan B: “Vivimos al día y el negocio es nuestro único ingreso”. Entonces, cuando llegaron los proveedores de pollo, verdura y fiambre, no había dinero para pagar. “Nosotros juntamos la plata el fin de semana”, dijo, “se empezó a complicar y no sabíamos qué hacer”.
Llamó a la directora del hospital local, le pidió un hisopado. Él sólo era un contacto estrecho y necesitaba trabajar. La respuesta fue negativa. La médica le ofreció el testeo, pero le dijo que de cualquier manera iba a tener que seguir aislado. No había forma de abrir el mercado hasta que “se me prendió la lamparita”.
Antonio contactó amigos para que se ocupasen de poner en marcha el maxikiosco. En el peor momento, acudieron sin ningún interés en ayuda. La primera fue Julieta Yánez, que trabaja en Valle Extremo –organización de eventos de kayak y tirolesa, entre otros- y estaba desempleada porque Salud Pública no aprueba el protocolo para el regreso de las actividades. “Ni bien le empecé a contar, me dijo que sí”, relató. Después se sumaron tres jóvenes más: Santiago Fernández, Gerardo Estrada y Darío Quiroga. Luego, la hermana de Luciana, Alejandra.
Todos, sin experiencia, sin haber tocado una registradora o vendido un tomate, “se pusieron la camiseta”. Ayer martes llegaron el local para arreglar la mercadería y limpiar. Este miércoles, el “equipo suplente” dio el puntapié inicial y puso el balón a rodar durante los próximos nueve días. Los Millán Cortez no quedaron desamparados. El Santy sigue jugando.