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Robo del Siglo: el insólito encuentro que un sanjuanino tuvo con la mente brillante del atraco

Uno de los pobladores de Bella Vista recuerda su experiencia con el excéntrico artista que planeó el asalto al Banco Río y que meses después fue atrapado en San Juan en plena montaña. Hoy, 14 años más tarde cuenta los detalles de aquel curioso encuentro.
domingo, 19 de enero de 2020 · 12:27

¿Cuántas veces la vida te pone en el lugar y el momento exacto de un hecho memorable? ¿En cuántas oportunidades te cruzás con un célebre personaje de la historia delictiva argentina? O, ¿con qué frecuencia sos testigo del encubrimiento de un delito sin siquiera saberlo? Las probabilidades son muy pocas. Sin embargo, Guido Altamira, un poblador de Bella Vista, no estuvo exento a ellas ya que conoció -por casualidad- a la mente brillante que ideó el Robo del Siglo, el golpe criminal más grande de la historia.

El hombre que vive del turismo y administra la posada Posta Kamak recuerda el curioso encuentro que mantuvo con Fernando Araujo, el líder de la banda que el 13 de enero de 2006 se llevó ente 8 y 25 millones de dólares de una sucursal bonaerense del Banco Río y que estuvo escondido en San Juan hasta que fue descubierto y detenido en el medio de la montaña, en la quebrada de Bauchazeta, cuando intentaba escapar. 

Haber estado con el hombre más buscado del país por aquellas épocas es para el protagonista una experiencia que no sólo resulta inolvidable por la mera cuestión de haber compartido tiempo y espacio con el creador de la maniobra delictiva que impactó a los argentinos, sino también por el contexto donde ocurrió: en el escondite secreto del ladrón, en la profundidad de la montaña.

En la guarida del ladrón, situada en la quebrada de Bauchazeta 

Hoy, 14 años después de ese hecho y sentado sobre una piedra en el interior del refugio situado en un paraíso iglesiano oculto -donde el ideólogo del atraco se escondió para no ser atrapado-, ante la inmensidad del paisaje que lo rodea, el sanjuanino que estuvo con él recuerda aquel momento como si fuera ayer.

Todo comenzó cuando acompañó a un vecino -identificado como Guillermo Santillana- a la quebrada situada a unos 40 kilómetros de Bella Vista, Iglesia, con el objetivo de comprar chivos. La idea era llegar hasta los puestos y hacerse de la mercadería, pero en la marcha descubrió que no sería el único participante de la expedición al medio de la montaña.

“Cuando nos reunimos en el punto de partida, estaba Guillermo con su mujer Ximena Britos -a la que ya conocía- y con este hombre en cuestión, que me presentaron como Fernando”, cuenta Altamira y sigue: "En el camino de ida no charlamos pero cuando llegamos al lugar, donde ahora nos encontramos, por lo que hablaban entre ellos entendí que tenía pensado quedarse y por eso veían las mejoras que debían hacerle al espacio".

Durante dos horas en el oasis montañoso de la Precordillera, localizado a 3.200 metros de altura sobre el nivel del mar, cuenta que la pareja y su amigo que a primera impresión "vacacionaba" en los pagos iglesiano inspeccionaron la construcción y sus alrededores. Mientras tanto, el hombre que guió a Tiempo de San Juan al lugar que nunca antes había sido mostrado se limitó a no hacer preguntas, aunque había descifrado la situación. "Yo no soy de andar averiguando. Entendía que el tipo iba a quedarse por un tiempo y nada más. Desconocía el por qué en esos instantes", sostiene.  

Santillana era el propietario de esas tierras y conocía al artista plástico porteño a través de Britos, quien había sido su novia en años anteriores. Se dice que él y su mujer le llevaban provisiones al prófugo y que lo mantenían informado sobre la causa; tanto que cuando Araujo fue detenido le encontraron una copia del expediente penal entre sus pertenencias. Por ese motivo, fueron investigados en la causa por encubrimiento y le allanaron sus domicilios.   

"Después de permanecer ese tiempo, emprendimos el regreso y ahí sí charlamos con Fernando. Me contó que quería hacer un retiro espiritual en la montaña, que quería meditar, conectar con su ser interior y eso me resultó extraño, no por la idea en sí sino por su aspecto: no coincidía con el de una persona que hace ese tipo de cosas", señala y agrega: "Vestía de negro, usaba anteojos, fumaba bastante y comía chicle compulsivamente. No daba con el perfil, aunque no le di demasiada importancia". 

Claramente algo lo perturbaba. Es que para ese entonces, la cacería había comenzado en Buenos Aires y sus secuaces estaban siendo descubiertos y atrapados. Fue a principios marzo de 2006, cuando la ex pareja de Rubén Alberto de la Torre -Alicia Di Tullio- le dijo a la policía que él y otros eran los autores del gran golpe, que hasta ese momento tenía a los investigadores totalmente desconcertados. 

Altamira, que en aquel momento ni se imaginaba que estaba con el arquitecto de un plan maestro que -de no ser por la traición- hubiera sido perfecto, asegura que no lo volvió a ver después de esa ocasión y que un mes más tarde se enteró por las noticias con quién había compartido viaje realmente. "No lo podía creer. Quién iba a pensar que uno de los integrantes de la banda que robó el banco vendría a esconderse a San Juan, a más de 1.500 kilómetros de distancia", expresa. 

Según comentan los pueblerinos de Bella Vista y localidades cercanas como Las Flores y Rodeo, a Araujo se lo había visto meses antes en la provincia de que se perpetrara el asalto. Si bien eso nunca fue comprobado, quizás haya sido una estrategia del hábil delincuente para evadir a la Justicia.  

Ya sea por un motivo u otro, el cerebro del famoso golpe delictivo -que por estos días resurgió con el estreno de la película que recrea el hecho-, el sujeto con una filosofía de vida particular y amante de la aventura encontró refugio en tierra sanjuanina y al menos Altamira fue testigo de ello.  

Nada más y nada menos que en el recóndito escondite del excéntrico fugitivo, donde permaneció al menos unos 20 días hasta ser arrestado por Gendarmería, estuvo el lugareño que atesora esa anécdota, una que -de seguro- encabeza su lista de insólitas vivencias, las que contará hasta sus últimos días. 

   

  

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