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El sanjuanino que investiga con el dream-team de los sismos

Gustavo Ortiz es geólogo, trabaja junto a un equipo en analizar la sismicidad y localizarla. En su tesis doctoral realizó descubrimientos sobre la Sierra Chica de Valle Fértil. Por Carolina Putelli y Natalia Caballero.
viernes, 6 de septiembre de 2019 · 18:02

En San Juan, la tierra nos tiene acostumbrados a sus bramidos. Desde las profundidades o desde la corteza, los sismos nos sacuden y hemos construido nuestra cotidianeidad sobre una superficie inestable gracias a la ciencia. Gustavo Ortiz tiene 32 años, es geólogo, tiene un doctorado y forma parte de un equipo de investigadores sanjuaninos que analiza la sismología sanjuanina.

El dream-team investiga sobre sismología, una rama de la geología que estudia dónde y cómo se generan los grandes eventos sísmicos. El estudio está focalizado en la provincia pero analizan los datos de las estaciones sismológicas que están en otros puntos del país en conjunto con el INPRES, prestándole atención al sur de La Rioja y al norte de Mendoza. La directora del dream-team es Patricia Alvarado, una sismóloga conocida mundialmente.

En el Observatorio Sismológico, que funciona en la facultad de Ciencias Exactas, trabaja un equipo multidisciplinario (integrado por nueve personas entre los que hay profesores de física, geólogos, geofísicos e informáticos) que arman sus investigaciones complementando la labor dentro del laboratorio y en el campo. El equipo de investigación se sustenta a través de proyectos presentados ante CONICET y la UNSJ.

El equipo ha trabajado también en Vaca Muerta, en Salta y en Chile. Incluso se han desarrollado investigaciones en conjunto con universidades de Estados Unidos y Canadá.

Viaje al origen de los sismos

 

Ortiz explicó que en San Juan hay dos tipos de sismicidad: una más cercana a la corteza, más superficial; y otra, mucho más profunda. “Los más cercanos a la superficie de la tierra son los más destructivos, pero no hay que dejar de lado aquellos que se producen a 100 kilómetros de profundidad, allí hay otra placa, la placa de Nazca, la que se mete por debajo de la Sudamericana en Chile. Si se hiciera una perforación de 100 kilómetros encontraríamos la placa de Nazca, que también se está deformando y también provoca sismicidad. En otras partes del mundo se han producido sismos a esa profundidad de casi VIII grados de intensidad, todavía en San Juan no se ha registrado pero no se la tiene que dejar de lado”, explicó el geólogo.

Si bien no se puede predecir un sismo, sí se puede decir qué zonas son las más inestables. Gracias a las investigaciones realizadas por el dream-team, se ha podido determinar qué estructuras son las que generan los sismos en Iglesia y estos estudios han servido de base para la futura construcción del Túnel de Agua Negra. La tesis doctoral de Ortiz implicó una serie de estudios en la Sierra de Valle Fértil, información científica que está a disposición de los ingenieros que desarrollen proyectos.

San Juan es muy particular en el mundo. Apenas en el 10% del territorio mundial las placas tectónicas están en interacción y la provincia forma parte de ese territorio. Ortiz explicó que queda mucho por aprender de sismicidad en San Juan. “Hay patrones que no están claros, la zona del terremoto del ‘77 tiene una estructura muy compleja, solo se puede “observar” con la sismicidad y ya la sismicidad es compleja, es un estudio muy complicado. Contamos con datos de estudios petroleros realizados en la década del ’70 y del ’80 en Bermejo. –Pie de Palo- es una zona que estamos intentando comprender”, alegó. Es tal el interés que genera Pie de Palo que vienen científicos de distintos lugares del mundo para conocer lo que sucede en la zona.

Tampoco se tiene mucha información de la zona en donde hubo un terremoto en 1894. Ocurrió en Iglesia. Pero como en aquella época no se tenía mucha información de la sismicidad, las investigaciones empezaron recientemente y fue así como se pudo descubrir ciertas estructuras que pudieron haber generado ese terremoto en el siglo XIX. El terremoto de 1894 se sintió hasta en el sur de Brasil. No ocurrió otro sismo grande en esa zona, pero donde hubo uno seguramente puede haber otro y es por eso que la investigación es tan importante.

Para los científicos del Observatorio Sismológico, el trabajo que realizan está completo cuando llegan a la sociedad trasmitiendo conocimientos. Este es tema de debate hasta en foros internacionales, incluso Ortiz estuvo el año pasado en un foro en Alemania en el que los científicos se planteaban la necesidad de trabajar para la comunidad. “Hemos intentado salir del laboratorio para saber qué piensa la sociedad, hemos participado en charlas con chicos de escuelas secundarias, de ciencia y extensión. Queremos que la sociedad conozca qué es un sismo, cómo ocurren, hemos tenido esa preocupación del ámbito social”, indicó.

El mito de la predicción

Hasta el día de hoy, a pesar de los avances, no se puede predecir un terremoto pero sí hay zonas preferenciales en dónde se sabe que va a ocurrir un evento sísmico pero no se puede determinar cuándo. “Sería irresponsable decir cada cuánto va a temblar porque hay márgenes de error, no hay un patrón”, agregó.

Hacer ciencia en la adversidad

Ortiz contó cómo se hace para hacer ciencia y comprar equipamiento con falta de presupuesto y la disparada del dólar. “No está atravesando el mejor momento la ciencia, el mes se nos está haciendo muy largo. Nos impacta muy fuerte la crisis, el equipamiento se paga en dólares. Participamos de proyectos, nos los adjudican, pero se otorgan los fondos entre un año y dos años después. Los montos se pesifican,  así que si pensabas comprar dos o tres equipos terminás comprando uno. A eso se le suma la vida que vive el becario, que tiene gastos complicados de cubrir”, concluyó.

 

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