La idea de sentirte tan libre para decir y hacer lo que se te da la gana, no es propia de la "tradicional" comunidad sanjuanina. Pichón Reyna cree que se ganó ese derecho y ahora, siendo taxi boy, y también profesor de Ciencias de la Educación (está terminando la tesis de la Licenciatura), va por la vida diciendo lo que siente y piensa. Sus iddeas escandalizarían a cualquier hijo de vecino, como por ejemplo: "estoy a favor de la huelga de vientres, hay que dejar de reproducirse", o " el sanjuanino es facho y conservador, les sale Hitler y el Videla de adentro".

"Nací en San Juan y me crie en el bario Jardín Policial, mis hermanos son policías, porque son las opciones de los pobres, yo antes de yuta prefiero ser puta".
De su primer matrimonio, su madre tuvo tres hijos y sufrió violencia de género cuando vivía en la provincia de Misiones. Se vino a San Juan, volvió a formar pareja y tuvo dos hijos más, Pichón es el más chico. "Mi papá falleció en un accidente y quedó sola mi vieja. Yo pude estudiar con mucho esfuerzo, me recibí el año pasado, y con mis hermanos tengo unos conflictos refuertes, no sólo por mi trabajo sexual sino por mi militancia. En las marchas del orgullo gay yo voy adelante con la pancarta y mi hermano está enfrente de operativo. Pero hoy tengo la mejor con mis hermanos", asegura.
En su casa había mucha disciplina y Pichón no encajaba. "Yo soy resensible y en mi casa los gritos eran cosa común. Con mi mamá siempre tuve más vinculo, y con mis dos hermanas, pero con mis dos hermanos varones desde los 9 años la ruptura fue total porque dejé de hacer cosas de varones", cuenta.
En la primaria no entendía bien cómo venía la mano, en 5to grado se juntaba con las chicas entonces le tocó sufrir bullying, acoso, violencia, insultos, gritos y hasta escupitajos.
"En la secundaria dije 'no me va a pasar lo que en la primaria', entonces intenté jugar las reglas del patriarcado, 'voy a ser un langa, un tarado en la Normal Sarmiento lleno de chetos'. Jugué el juego de la masculinidad hasta que me secó la mente. Salía con chicas pero me gustaban los tipos y si bien mis primeras veces fue con mujeres, después estuve con chicos. Por entonces era mi supervivencia o me bardeaban por puto o me hacia el langa".

Dice que no buscó el trabajo sexual sino que fue al revés. Después de un encuentro casual con un hombre de unos 40 años (Pichón tenía 17) cuando se despidieron el hombre deslizó un billete en su mano. "Es ese momento lo tome como algo que pasó... pero fue como que el trabajo sexual me encontró a mi antes que yo lo eligiera. A partir de entonces era como una changa, repiola, me ayudó mucho en la facultad y un montón para las cosas básicas como mis puchos y mi cerveza".
Hace 3 años ejerce el trabajo sexual sistemáticamente como forma de vida. "Me di cuenta que me convenía mas, es una cuestión política en un sistema que es perverso. Yo soy profesor en Ciencias de la Educación y como dicen que mi trabajo sexual no es digno me expulsan de los trabajos "dignos" como la docencia, donde los que no son hetero la pasan muy mal y te terminan echando. Imaginate yo que soy trabajador sexual, en la cabeza de la gente se pone una cosa violenta y eso es raro", señala.
Primero quería estudiar psicología pero no tenia plata para pagar la Católica, "además no soy boluda, la iba a pasar pésimo ahí. Empecé a buscar y me gustó Ciencias de la Educación por la amplitud que tiene de materias".
Estudiando se dio cuenta de cómo cada uno desea ser ciertas cosas y que eso no es casualidad, por ejemplo, no es casualidad que en Ingeniería la mayoría sean varones, "tapados de heterosexuales", y en Filosofía la mayoría sean mujeres "o maricas". Concluyó que estaba ahí por imposición social, porque son las cosas que terminan haciendo las mujeres. Por eso su tesis investiga el "Sistema sexo-género en las trayectorias educativas de Ingeniería".
Y agrega que le encantaría dedicarse a la docencia, "me gusta dar clases, pero San Juan es terrible, no me evalúan lo que enseño, me ven el arito, la uñita pintada, si estoy muy rapada. Acá mi carrera será una lucha complicada, tengo ganas de ejercer pero no tengo ganas de pelear tanto. En el ámbito educativo la mayoría son mujeres pero no deja de ser machista"

¿Y por casa?
Su madre la apoya, pero no siempre fue fácil. "Mi vieja el primer boom en la cabeza lo tuvo cuando empecé a militar en una agrupación estudiantil Comunista, a los 18 años, hoy me llevo muy mal con los comunistas. Después fue cuando se enteró que era gay, y después activista, trabajador sexual y defensor de la marihuana". Nada más.
Pero en su casa, casi todos son del PRO y no se habla de política ni del trabajo sexual de Pichón en las reuniones familiares, "saben todos, pero no lo debatimos".
Cuerpo, mente, espíritu
Georgina Orellano, secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR), gremio al que pertenece Pichón, dice que "si seguimos pensando que la concha/pene es sagrada difícilmente podamos combatir el patriarcado". En la misma línea, "sacralizar el cuerpo me parece un bolazo. El cuerpo para mí es un espacio de creación, una puede construir, cuidarlo, pero no creo en ese mundo de lo sagrado. Uno decide qué quiere y qué no. Esa idea de lo sagrado está para hacer sentir culpa a las mujeres por eso estoy en contra de la religión como conjunto de creencias preestablecidas".
La vida después de la muerte tampoco es un problema. "No sé qué pasa cuando te morís, no creo en el cielo o el infierno. No sé si existe el alma, hoy somos cuerpo, con Nietzsche dejé de ser cristiano", dice.
Y si hay que escandalizar y tirar abajo los "pilares de la sociedad", Pichón va por todo, incluida la familia. "No sueño ni quiero una familia o hijos, ni en pedo! Estoy a favor de la huelga de vientres, hay que dejar de reproducirse, el mundo está muy lleno de gente. Primero por una cuestión social y también porque la familia es una de las primeras instituciones opresoras. Es en el seno de la familia donde se abusa y más se discrimina. Yo entro en la militancia por el 'amor' que es una construcción social muy violenta, por amor hacemos trabajos no pagos y las mujeres somos las principales víctimas de celos, posesiones, y de quien cree que puede decidir sobre la vida de otras personas".
Y agrega: "No estoy en pareja porque siempre me pareció algo redifícil para mi, obvio por mi trabajo sexual, pero además porque no creo en la monogamia ni en la fidelidad, creo en los compañerismos de dos o tres, pero nunca me salió porque el sanjuanino es muy enroscado".
Pichón se ha planteado dejar el trabajo sexual en varias oportunidades, sobre todo por los problemas que le acarrea su visibilidad pública: cuando se recibió de docente (en abril del año pasado), cuando se sentía culpable ante su familia y cuando muchos de sus amigos se alejaron. "El estigma es lo que más pesa, nunca te lo sacas del todo, hay que ser fuerte y más yo que tengo varios estigmas: puto, prostituta, militante...". Sin embargo se hace cargo y se banca la vida así como viene porque cree que la visibilidad que asume es "más honesta y coherente".
Y la frutilla del postre: cree que trabajar está mal, por eso trata de trabajar lo justo y necesario para vivir tranquila y bien, "me siento privilegiada de tener 25 años y tener mi lugar. Lo que ahorro es para viajar, ir conociendo mi país. Pero mi sueño es conocer Brasil y después llegar a Ámsterdam, porque es una ciudad con un marco legal más abierto, con derechos legales para las trabajadores sexuales e índices de violencia ínfimos".