Por Ernestina Muñoz
Canal 13 San Juan
La abuela dinamita
Desde el primer contacto, Gladys es toda movilidad. Dicharachera, ceba mate, cuenta sus anécdotas, muestra fotos, llegan los nietos, salen los nietos, calienta un poco más de agua para seguir la ronda. Habla de todo, menos de la denuncia que tuvo que hacer ella misma contra su propio hijo por abusar de su nieta (recuadro). Sin embargo sigue adelante. Hoy da clases de folclore, de reggaetón y de básquet a los chicos de su barrio, La Estación.
Hice varios deportes pero me gustó el básquet porque hay que usar todo el cuerpo pero también la mente, los reflejos”. Mientras lo cuenta, su cuerpo toma posición de juego, la cabeza se refugia en los hombros, la mirada se le agudiza a ambos lados, los codos apuntan a rivales imaginarias: “Eran otras épocas, el gobierno ayudaba mucho al deporte. Con el básquet conocí casi toda la Argentina Jujuy, Tucumán Catamarca, Mendoza, Córdoba), que de otra forma no hubiera podido conocer porque mi padre era un simple empleado. Me faltó el Litoral nomás. El premio era ese, conocer. Dicen que jugaba bien, no sé. Pero algo de eso debe haber porque integraba la preselección y después el seleccionado”.
Coqueta en la cancha
Relata al tiempo que abre un cuaderno donde conviven sus certificados de capacitación en distintos rubros y las fotos de su juventud. En el conjunto de chicas que posan con las casacas deportivas, resalta una con el número 7, el pelo batido y fuerte delineado. “Yo para entrenar era machona, pero en la cancha hasta pestañas postizas me ponía”, dice con coqueteo. Jugó tres campeonatos y un día le propusieron que fundara el equipo femenino de Los Andes, que luego sería Trinidad. “Yo les dije que si me apoyaban yo sí me animaba. Y así fue que tuvimos el primer equipo. Pero después hubo unos manejes de la dirigencia y se vino abajo”, contó. Igual, el amor a la pelota se le cuela a cada rato y por eso ahora enseña. “Cualquier cosa que sea deporte hace bien a los niños, ocupa el tiempo y la cabeza”, asegura. Ella ocupó todo. Se casó dos veces, tuvo tres hijos. Se jubiló. Es promotora voluntaria del INTA, tiene capacitación en manipulación de alimentos, participó del seminario de la Mujer Sanjuanina, dio charlas de educación sexual, da clases de apoyo escolar. Hasta elaboró una obra de teatro para escuelas, a pedido de la PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) de Buenos Aires. “Era a dos voces, sobre frutas y verduras. Le puse “Los candidatos”. Competían electoralmente. Yo era la presentadora y decía que viene doña manzana y su equipo. Y entraba uno disfrazado de manzana. Pero tenía contrincantes, las verduras. Y entraban la espinaca, el tomate, la zanahoria. Los niños gritaban como locos porque tenían que votar en la Escuela Rivadavia”, recuerda entre risas.
Baile en las venas
La otra pasión de Gladys es el ritmo. “Creo que nací bailando. Folclore, la jota, reggaetón. Yo de ver nomás ya aprendo. No soy profesora, pero me gusta tanto que enseño y hago después las coreografías”. Es una mujer orquesta que también sabe coser los vestuarios que usan y hace los guiones de las obras teatrales para chicos. Años atrás, organizó la primera batucada barrial. Ahora estaba preparando la velada final de la Escuela Hogar, por eso algunas vecinitas se acercaron a ‘tirar unos pasos’. Cuando Los Wachiturros fueron al popular barrio La Estación, Gladys fue la bailarina destacada. “La clave está en flexionar las rodillas y darle movimiento a las caderas”, explica mientras ‘perrea’ con una destreza envidiable. “Lo otro es la gracia de las manos y hombros”, demuestra para asombro de los que la conocen por primera vez.
Es de no creer que bajo ese conjunto de jogging haya una mujer mayor. Al final de la explicación, separa los pies y elonga estirando los brazos hasta la punta de los pies, sin ninguna dificultad. Solo se agitan un poco con la propia risas. Disfruta.
La denuncia
En octubre del año pasado la Policía de San Juan detuvo al hijo de Gladys por abusar de su hija de 12 años argumentando que su secta se lo demandaba. En una vivienda del mismo Barrio La Estación se hacinaban 14 niños, el sujeto de 41 años, su esposa y su amante.
Quien hizo la denuncia fue la propia madre del hombre, la abuela coraje, Gladys. Ella misma se hizo cargo de esos 6 nietos que ahora la abrazan para la foto. Con el ejemplo los rescata todos los días. Les enseña lo que aprendió. “No a todos les gusta el básquet, pero mientras sea deporte yo apoyo”, comentó. “Tengo cualquier cantidad de nietos y hasta bisnietos. Cuando se juntan muchos varones tengo que andar separándolos”, cuenta.
De su propia experiencia debe haber sacado estrategias para lidiar con la vida. A los codazos, como en la cancha a veces. Con gracia y alegría como en la danza, otras. “Sigo, sigo porque si uno se para se va quedando. Querer es poder”, repite.