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martes 28 de abril de 2026

Encuentro de mujeres

Opina Gustavo Martínez Quiroga: ¿Quién empezó primero?

El periodista de Radio Nacional dice en una nota para Tiempo de San Juan que las mujeres no iban a la Catedral. “Decidieron visibilizarse ante los monaguillos”, sostuvo.
Por Redacción Tiempo de San Juan


De cómo , a modo de profecía autocumplida, un grupo de fundamentalistas católicos logró finalmente que en la puerta de la Catedral, las mujeres del Encuentro Nacional protagonizaran las imágenes que quedan como epílogo del evento. De eso se trata la historia. 

Las mujeres del movimiento sanjuanino cumplieron con lo que se le prometió a Gioja a cambio del apoyo al encuentro: hacer lo posible para evitar destrozos o incidentes.  La marcha no pasaba por ninguna iglesia. Bajaron por Mitre hasta Gral. Acha y caminaron hacia el norte hasta calle 25 de mayo y por ésta hasta Las Heras y el Parque de Mayo, donde finalizó la manifestación. Nunca pasó la marcha por la Iglesia Catedral. Pero un grupo de mujeres advirtió la presencia de activistas católicos rezando el rosario  en el exterior del templo y cuando la marcha iba llegando a su fin, comentó con algunas compañeras el acto considerado provocativo y decidieron volver en un número de 3 mil aproximadamente a provocar también a los  “monaguillos”. 

Si desde el Ministerio de Gobierno se había cumplido hasta el momento con la seguridad prometida, la tozudez de algunos militantes ultra católicos que no acataron la sugerencia de desalojar el atrio ante la noticia de que un grupo de mujeres volvía hacia el lugar, malogró el final del operativo. Y entonces ocurrió lo inevitable. Esas eran las imágenes que algunos operadores estaban esperando. En realidad esperaban más: esperaban destrozos, agresiones físicas, incendio de iglesias, represión policial, para seguir denostando al encuentro como lo vienen haciendo desde hace 28 años. Allí unos eran funcionales a los otros. Los “monaguillos”,  rezando por las mujeres pecadoras era como anillo al dedo a las que vinieron al encuentro buscando sólo ese enfrentamiento. Y son un grupo pequeño de “anarquistas”. Pero del mismo modo, los ultra católicos lograban su objetivo, justificaban su presencia  haciendo reaccionar a ese grupo de mujeres combativas. Sea como sea, entre ambos lograban tapar el contenido de lo debatido y concluído en las decenas de talleres.  Esas y no otras, como las del festivo cierre en el estadio o los debates en las escuelas fueron  las “postales del encuentro en San Juan”. Las que se replicaron en las redes sociales y en los medios de todo el país. 

La pregunta es:  ¿Quien provocó primero ?. Se hubieran producido incidentes frente a la catedral si ese grupo de choque católico, llegado desde afuera no hubiese estado allí?  Dicen que costó convencer al Padre Rómulo Cámpora de que ingrese en la catedral y no se exponga a los incidentes. ¿Era necesario organizar a esa triple fila de jóvenes estoicos por delante de las barreras gritando el rosario justo a la hora de la marcha ?. ¿ A quién se le ocurriría ir a gritar el gol de su equipo en la tribuna de la hinchada contraria ?

¿No es acaso, esta misma actitud intolerante y provocativa de los fanáticos religiosos, lo que ha condenado el Papa Francisco cuando un grupo de fundamentalistas irrumpió hace unos días en la catedral metropolitana para impedir una misa conjunta con los judíos ?  Papa Francisco que, dicho sea de paso, no necesita ninguna reparación porque el muñeco que fue quemado en la catedral representaba a un cura cualquiera, símbolo de los sacerdotes pedófilos. Y además estaba prevista su incineración por parte de ese grupito de mujeres en la peña del Estadio y no donde finalmente fue quemado, en el marco de las provocaciones mutuas.

Fuentes religiosas informaron que dentro de la catedral había más de mil  personas rezando, listas para salir a enfrentarse con las que sobrepasaran el vallado e intentaran ingresar al

templo. Cosa que, por supuesto, nunca ocurrió. ¿Quienes eran? ¿A qué vinieron? ¿Quien les pago el viaje y la estadía?

Nadie puede estar a favor de la violencia. Ni de una ni de otra parte. Pero se nos suele presentar un solo costado de la realidad. Y además no medimos con la misma vara el homicidio , la agresión física y el vandalismo que cada fin de semana protagonizan por ejemplo distintas barras bravas en los encuentros deportivos de todo el país. Yo no vi el escándalo y el escarnio público de ahora cuando los hinchas de Independiente de Rivadavia destruyeron nuestro Estadio del Bicentenario. 

Había que justificar una campaña pro vida de varios días previos que costó mucho dinero. Había que justificar los vallados, las puertas tapiadas de las capillas y hasta  el increíble cierre de los museos, impidiendo a miles de mujeres conocer nuestros centros culturales. Vinieron diputadas, senadoras, concejalas, empresarias, sindicalistas, catedráticas, mujeres de pueblos originarios, juezas de la nación, que no lograban entender porqué no podían conocer el Museo provincial de Bellas Artes  que gana prestigio nacional e internacional desde que fue inaugurado, o la misma Catedral, cuyo estilo es único en el país. Porqué San Juan les negaba el derecho a visitar la casa de Sarmiento, por ejemplo. Cuando un par de adicionales en la puerta revisando los bolsos para impedir el ingreso de aerosoles hubiese bastado para no presentarnos como una sociedad culturalmente cerrada, prejuiciosa, egoísta y excluyente.

Malinformado y deliberadamente manipulado por algún sector de la prensa local un gran porcentaje de la opinión pública provincial reemplazó su tradicional y conocida hospitalidad por un agresivo rechazo o en el mejor de los casos por una actitud de sospecha recelosa y hasta combativa con las y los visitantes en general. La campaña anti encuentro comenzó varios días antes de la llegada de las delegaciones, con hechos confusos pero que preparaban el terreno para la condena social. Nada se dice sobre el apedreo a colectivos, que terminaron con vidrios rotos y con heridos en el hospital Rawson. O de las escuelas “cercadas” por militantes anti-encuentro para impedir que las mujeres que se habían alojado ahí pudieran dejar el edificio para abordar el transporte de regreso. No se habla de la intención de algunas de arrebatar y destruir  las conclusiones de ciertos talleres. No es raro. Tampoco se dice  mucho sobre esas conclusiones, resultado de mas de 58 temas tratados , debatidos y discutidos en el encuentro.

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