Cuenta la leyenda que hace muchos años, trabajando en Pedernal durante una importante visita gubernamental, la cámara de fotos de Rodolfo Barrios se atascó irremediablemente. Dicen que el “Negro” pidió a una vecina una caja de zapatos y con un rollo logró sacar algunas fotos y salvar la tarea. Lo que había construido era una cámara estenopeica, que es una cámara fotográfica sin lente, que se construye con una caja de cartón y un pequeño orificio por donde entra la luz, algo de moda ahora como expresión artística. Desde entonces, en la Redacción del diario la broma era: “el Negro saca fotos hasta con una caja de zapatos”.
Este autodidacta llegó a ser Jefe de Fotografía en Diario de Cuyo y hombre de confianza de su fundador, Francisco Montes. Hoy, con 72 años y después de 44 años como fotógrafo, Barrios aseguró que su mayor satisfacción fue “no haber fracasado nunca”; eso para él significa que jamás volvió de una misión, por difícil que haya sido, sin las fotos de tapa del día siguiente.
Barrios empezó a trabajar de niño, a los 10 años, y a los 13 ya tenía carné de Empleados de Comercio. Entró al diario con 22 años, como laboratorista, y sólo revelaba los rollos de los dos fotógrafos que había en ese momento. Pero un día hacía falta un fotógrafo de urgencia y Don Francisco le dio una cámara a Rodolfo, quien salió a regañadientes porque nunca en su vida había usado una. Las fotos sorprendieron a Montes y desde entonces, Barrios nunca más dejó la cámara. “Nunca más le revelé a los otros, cada uno hacía lo suyo”, dijo. Al poco tiempo lo nombraron jefe de la sección.
“Antes ser fotógrafo era bravo, no teníamos los medios que tienen ahora. Yo tenía una maquinita y un flash que me daba la corriente en la cara. Ir a una huelga era jodido, había que meterse entre la gente, en cambio ahora con los teleobjetivos lo hacen desde lejos. Ha cambiado mucho, el periodismo no, pero la tecnología sí, ahora todo es digital”, dijo Barrios. Para mandar una foto desde Chile, por ejemplo, el fotógrafo tenía que viajar con ampliadora, líquido revelador, cubetas, papel, hacer la foto en el baño del hotel, y llevar el aparato para mandarla, una especie de fax pero para fotos, que demoraba más de 20 minutos en enviar el material, si las comunicaciones eran buenas.
Barrios no llegó a la era digital, se jubiló antes
A San Juan, él la conocía como pocos, sabía los nombres de los cerros, de los ríos, conocía a la gente y las cosas importantes que habían pasado en tal sitio. Y era generoso con sus conocimientos. Jamás usó la cámara colgada al cuello, como la llevan todos los fotógrafos por cuestiones de seguridad, él se la colgaba al hombro y para sacar se enroscaba el lazo en la muñeca. Era su marca registrada.
En su arte se hizo solo, ayudado por su ojo incisivo y por su experiencia como revelador, desde los 13 años trabajó en un laboratorio fotográfico, por eso él veía el negativo y de lejos sabía si servía la foto o no. “Fui perfeccionándome solo, viendo. Yo tenía la idea de que si otro lo hacía yo también podía, y mejor. Así llegué a ser lo que soy, nunca me quedé, siempre traté de ir para arriba. Claro que algunas metidas de patas tuve, soy humano”, confesó.
La mesa del comedor estaba pletórica de fotos en blanco y negro del Negro Barrios. Instantes de historia en papel que se escurren entre los dedos. El no puede disimular el orgullo cuando habla de esos momentos en los que le tocó retratar momentos históricos: la visita del Papa Juan Pablo II a Mendoza en 1982 y a Chile, en 1987; el regreso de Juan Domingo Perón al país, en 1973; la llegada de los pibes uruguayos que sobrevivieron a la caída del avión en la cordillera de Los Andes, en 1972; o en el Palacio de la Moneda, en Chile, el día después de la muerte de Allende. Cada foto tiene su propia historia.
“Por los uruguayos nos mandaron a Chile con el Negro Mendoza, Renzo Palacios y el Chango Torres, más otros dos fotógrafos. Llegamos a San Fernando y no llegaban con los heridos; el grupo se fue a Santiago a almorzar, pero yo les dije que me quedaba, y Lucho Román se quedó conmigo. A la media hora cayeron con los heridos, yo les hacía fotos y Lucho los entrevistaba. Cuando llegaron de Santiago no los dejaron entrar a los otros, entonces le pedí a Lucho que le diera todo lo que tenía a Torres, que era Secretario de Redacción del diario Mendoza (también de Francisco Montes); ‘si Negro’, me dijo Lucho, éramos muy amigos. Lo mandamos en avión a Mendoza a Torres y nos volvimos en auto. Llegamos a la 1 de la mañana y ya estaba el diario armado en Mendoza, nos querían mandar al hotel pero yo me quería venir a mi casa, así que nos montamos en una camioneta y nos vinimos lloviendo todo el camino”, recordó.
Otra foto ilustre de Barrios fue la de una anciana de 117 años, era de San Roque, y cuando vio la foto Monseñor Idelfonso Sansierra, se la pidió a Don Francisco para llevarla al Vaticano.
Dijo que tuvo el honor de trabajar con “el mejor periodista, el más grande que existió en San Juan, Rogelio Díaz Costa”, pero también destacó a otros ilustres como Pedro Herrera, “un señor periodista”; y a Roy Kirby, quien “se jugaba por su personal cuando era Subdirector del diario”.
Pudo retratar a estrellas como Guy Williams, el famoso Diego de la Vega de la serie El Zorro, a Mario Moreno, más conocido como Cantinflas, Hugo del Carril, Mirta Legrand, Virgina Luque, Maradona, Hugo Pastor Corro, Nicolino Locche, y la lista no termina. “Don Francisco no tenía a otro, porque figura que llegaba decía: ‘vaya Barrios’. No sé por qué me tenía tanta confianza a mí, si hasta me preguntaba cuál periodista andaba bien, yo le decía ‘a mí no me pregunte eso, si tiene Jefe de Redacción”, contó.
En todas sus historias está muy presente Don Francisco Montes, el hombre que lo hizo fotógrafo y de quien guarda una foto especial. “Conmigo fue muy generoso Don Francisco, yo laburaba mucho, pero él correspondía. Un día íbamos a La Rioja y me dio un sobre para el viaje, además de los viáticos que llevaba el periodista, yo lo guardé al sobre tal como me lo dio y cuando lo abrí, tenía como 20 sueldos de esa época. Cuando volvimos le dije lo que me había dado, pero el insistió que estaba bien, que no se había equivocado”.
A su familia le agradeció todo el sacrificio. “Me aguantaron todo, mujeriego, quilombero, fumador, yo me iba en la mañana y no sabía si volvía. Una vez me mandaron a Chile con Pantuso –ex jefe de deportes- y no tenía tiempo de ir por mi casa así que les pedí que les avisaran. Yo volví al mes y no le habían avisado a mi mujer, no sé por qué no me echó la Pirucha”, dijo aun sorprendido. La familia le sigue haciendo el aguante a un Barrios jubilado que todavía vuelve al diario a buscar a algunos de sus antiguos compañeros para compartir un café; su esposa Ema, sus hijos Rodolfo, Mario y Claudia, y sus 7 nietos y 2 bisnietos.
A pedido de la periodista, Barrios trajo el bolso negro donde guarda su Nikon analógica. Está blanco de tierra porque no deja que nadie se lo toque y él tampoco lo hace, desde que se jubiló no volvió a sacar fotos, aunque le ofrecieron trabajo en otros medios, nunca más tocó la cámara, “me da pena”, dijo.
El bolso aún guarda sus dos amuletos, una taba chiquita y una piedra con forma de pirámide que encontró en el campo; y algo que no puede faltar en el bolso de ningún fotógrafo: hilo y aguja. ¿? Es que la profesión requiere carreras y saltos en los que es muy común romper el pantalón o la camisa, explicó Barrios. También tenía pañuelos descartables y fósforos.
Con la misma destreza, el Negro tomó la cámara, apuntó y disparó, aunque sin rollo, y dijo: “Una vez nos caímos con una avioneta y nos salvamos, otra vez me agarró la custodia de Lanusse por sacarle una foto a escondidas; otra, nos persiguió un guerrillero en el Norte. He tenido un ángel siempre cuidándome, porque nunca me pasó nada”.
Textuales
“Juan Pablo II, con un milagro más que se le comprueben, es santo y yo podré decir que he fotografiado a un santo”.
“He tenido un ángel que siempre me anduvo cuidando”.
“Mi mayor satisfacción es que nunca he fracasado, donde me mandó Don Francisco, yo le traía la foto”.
“Una noche dormí solo en la cordillera, es duro el silencio”.
“Lo lloré mucho a Licciardi cuando se estrelló el helicóptero. Cuando iba con él me cuidaba, era como un padre para mí. He discutido con gente porque decían que andaba corriendo guanacos. Esas rutas las hice muchas veces con él y jamás el Loco corrió guanacos; menos llevando gente como Estornell, Gallardo y Coll. Mi teoría es que lo agarró un viento y lo arrastró”.