Durante décadas, la Semana Santa en San Juan estuvo atravesada por prácticas religiosas, sociales y culturales que actualmente, en gran medida, desaparecieron o se transformaron. Así lo describió el historiador Rubén Darío Guzmán, quien repasó cómo se vivía este período en la provincia y cuáles eran las costumbres más extendidas entre las familias sanjuaninas.
Vacaciones por Semana Santa, mantas robadas y espejos tapados: las tradiciones y particularidades sanjuaninas que quedaron en el recuerdo
Un repaso por las costumbres que marcaron la Semana Santa en San Juan durante décadas. Desde el recorrido de las siete iglesias y el luto en los hogares hasta las imágenes cubiertas en los templos. Muchas de estas prácticas se perdieron o cambiaron con el tiempo, reflejando nuevas formas de vivir la fe. Los hechos contados por un reconocido historiador.
Según contó a Tiempo de San Juan, se trataba del momento más importante del calendario católico, con una fuerte impronta en la vida cotidiana. Las actividades, los hábitos y hasta la decoración de los hogares se modificaban en función de un clima de recogimiento y respeto que se extendía durante toda la semana.
El recorrido de las iglesias y las imágenes cubiertas
Entre las prácticas más significativas, Guzmán destacó el tradicional recorrido de las siete iglesias, que sigue vigente. Según explicó, este circuito incluía templos como San Clemente, San Pantaleón, Santo Domingo, San Agustín, Santa Ana, la Catedral y la Virgen de los Dolores, que se ubicaba en la zona de La Merced. Este itinerario formaba parte de una manifestación de fe muy arraigada entre los fieles.
El historiador afirmó que se tapaban todas las imágenes religiosas que representaban a Cristo con mantas de terciopelo rojo -hecho que continúa en varios rincones religiosos-. Según expresó, este gesto simbolizaba que Jesús “no estaba entre nosotros” y se mantenía hasta el Sábado de Gloria.
En ese sentido, señaló que esta tradición se sostuvo durante años en la Catedral de San Juan. Sin embargo, dijo que las mantas fueran robadas durante mediados de los '90 -para dicha festividad-, hecho que provocó un impacto en la iglesia.
Luto en las casas y sin música
Más allá de las iglesias, Guzmán indicó que las costumbres también se trasladaban al ámbito doméstico. Según contó, en algunos sectores más ortodoxos se colocaban cortinas negras en las casas o se agregaban listones oscuros en las ventanas como señal de duelo por la muerte de Cristo.
Asimismo, afirmó que el clima de luto se reflejaba en otras prácticas. No se escuchaba música -salvo la sacra- y se evitaban actividades consideradas inapropiadas para la fecha. En esa línea, explicó que tampoco se realizaban tareas domésticas como barrer o trabajar, ya que eran vistas como una falta de respeto en un contexto de recogimiento.
El historiador también mencionó creencias populares que formaban parte de la vida cotidiana en esos días. Según señaló, en algunas viviendas se tapaban los espejos porque existía la idea de que el diablo podía manifestarse a través de ellos. Estas prácticas, afirmó, estaban profundamente arraigadas en la cultura de la época.
La Pascua como festividad central, el receso escolar y los chocolates
En cuanto al significado de la celebración, Guzmán remarcó que la Pascua era considerada la festividad más importante del catolicismo, incluso por encima de la Navidad. Según explicó, había receso escolar durante toda la semana porque se trataba de un período de profunda reflexión en el que las familias permanecían en sus hogares.
De acuerdo a su relato, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad, no era común viajar en esas fechas, ya que el sentido predominante era el recogimiento espiritual. “Era sumamente importante el momento y la reflexión que debía tenerse”, indicó, al describir la importancia que adquiría este período en la vida social.
Por último, el historiador señaló que los huevos de Pascua tal como se conocen hoy comenzaron a difundirse recién con la llegada del chocolate en el siglo XX. Antes de eso, explicó, la celebración tenía un carácter más simbólico y religioso, sin la impronta comercial que fue adquiriendo con el tiempo.