ver más

sábado 4 de abril de 2026

Personajes sanjuaninos

Chicahuala, el eterno bombero

"El Gringo" Chicahuala, del joven oficial al jefe más querido del Departamento Bomberos. La apasionada vida de policía que hizo de su profesión su eterna pasión.
Por Redacción Tiempo de San Juan

De los treinta años que estuvo en la Policía, casi la totalidad de su carrera la hizo con el uniforme de bombero. Ese es “El Gringo” Chicahuala, el que alguna vez fue un joven oficial que se forjó en la dura tarea de los rescates y las intervenciones en los más diversos siniestros. Él tiene esa historia de pocos, acostumbrado a la adrenalina del sonar de la alarma, a la alegría de salvar vidas y a la tristeza de las tragedias, pero siempre apresto. Así es este hombre recordado como el último gran jefe del Departamento Bomberos.

Su destino pudo estar en el fútbol. En su juventud, el fornido José “El Gringo” Chicahuala llegó a jugar en el puesto de 6 y de 2 en la reserva de Club Unión de Villa Krause. “Pasaba la pelota, pero los hombres no”, recuerda riéndose de su puesto de defensor. Pero eligió ser oficial en la Policía de San Juan. Estuvo sólo cuatro meses cumpliendo tareas de seguridad y después pasó al Departamento Bomberos. Pronto descubrió que ahí estaba lo suyo.

Jugador.jpeg

El futbolista. José Chicahuala cuando no tenía más de 20 años.

Como oficial y después como jefe de Bomberos hizo de todo y también sufrió la dureza de esa profesión. Cuenta que se cayó trabajando y sufrió fractura de la rótula en una rodilla. También se quebró un tobillo y al tiempo se operó de los meniscos. En tres ocasiones recibió descargas eléctricas mientras apagaban incendios, pero sobrevivió. En un rescate quedó enterrado cuando intentaban rescatar a dos obreros –uno de los cuales murió- que terminaron sepultados por el desmoronamiento de una zanja.

recibido.jpeg

Recién recibido. Esta foto es cuando Chicahuala se recibió de oficial de la Policía de San Juan.

Muchas veces vio la muerte de cerca. Los bomberos tienen la difícil tarea de salvar vidas, pero otras veces retiraron cadáver de personas ahogadas, de víctimas de accidentes de tránsito, de incendios y otros siniestros. Con tristeza se acuerda que vio perder la vida a dos suboficiales de Bomberos que recibieron una descarga eléctrica.

desfile.jpeg

El cadete. En un desfile, todavía como cadete de la Policía de San Juan.

“El bombero, cuando va a un siniestro nunca sabe cuál será el riesgo”, asegura. Así, rememoró un día de 1975 que subió en una grúa junto a otros dos compañeros a apagar un feroz incendio en un piso superior del entonces edificio en construcción del Centro Cívico. Aquella vez, el fuego los rodeó y casi mueren asfixiados y quemados.

Carga con muchas anécdotas. Fue uno de los bomberos que colaboró en el rescate de las víctimas de la tragedia de El Tambolar del 23 de enero de 1986, cuando un colectivo del RIM 22 cayó por un precipicio en la vieja ruta 12 y murieron 14 miembros de la banda de música del Ejército. Trabajó en el gran siniestro de una fábrica en la ruta 40 y calle Rodríguez en Chimbas, producto del estallido y el incendio de un tanque con 48 mil litros de alcohol y que dejó el saldo de dos obreros fallecidos.

Con el Payo.jpeg

Recuerdo. Chicahuala con su amigo, el recodado y famoso Antonio "Payo" Matesevach.

“Lo que más impacta son las muertes de los niños. He tenido tres incendios en viviendas en donde fuimos y nos encontramos con tres chicos quemados, en cada uno de esos casos. Eso duele mucho porque son hechos que pudieron haberse evitado, pero que lamentablemente se perdieron las vidas de esos niños”, explica Chicahuala. También tuvo que retirar los cuerpos de un hombre y sus dos hijos, vecinos de su barrio, que perdieron sus vidas en un choque. “Desgraciadamente, en toda mi carrera, intervine en los rescates de alrededor de doscientos cadáveres en distintos siniestros”, expresa.

jefe.jpeg

El jefe. Chicahuala llegó a ser comisario mayor y jefe del Departamento Bomberos.

El otro lado de esa profesión, es la satisfacción y la alegría de salvar vidas. “La felicidad más grande son los salvamentos de personas. Como integrante de dotación o jefe participé en centenares rescates. Eso es impagable”, cuenta.

Chicahuala fue uno de los diez primeros buzos tácticos profesionales de San Juan que habilitó la Prefectura Naval Argentina. Fue docente de la materia Siniestros durante 21 años en la Escuela de Oficial de la Policía de San Juan y hacedor de varias generaciones de oficiales y suboficiales de Bomberos. Él llevó a Bomberos y formó a los policías que años después ocuparon su cargo de jefe en ese departamento, como lo fueron Eduardo Ríos, Carlos Heredia, Raúl Castro, Pedro Noriega y Marcelo Heredia, entre los más recordados. Este último se retiró de la Policía la semana pasada y en la despedida participó “El Gringo” Chicahuala, su antiguo jefe.

rescate.jpeg

En plena acción. El entonces jefe de Bomberos acompañando a sus hombres en una de las tantas tareas de búsqueda en el Dique de Ullum.

Por muchos años, el comisario mayor José Chicahuala fue el jefe y dueño de la tradicional esquina de Bomberos en las calles Jujuy y Caseros en Capital sanjuanina. “Esa era mi primer hogar porque pasaba todo mi tiempo en el cuartel”, aclara. No porque ese lugar fuese más importante que su familia o su hogar, sino porque creyó que su deber estaba allí.

“El Gringo” jamás se conformó, siendo oficial estudio y fue la primera camada de técnicos en Seguridad e Higiene en la EPET N° 4. Ya de grande se recibió de licenciado en la misma carrera en la Universidad del Aconcagua en Mendoza. Fue una forma buscar una salida para seguir activo. En el 2004 finalmente llegó su retiro en la Policía y fue despedido con los mejores honores dentro de la fuerza, pero sobre todo con el reconocimiento de la gente común y muchos periodistas que supieron ver en él a un apasionado de su trabajo como bombero.

El abuelo.jpeg

El abuelo. Chicahuala junto a su nieto, ambos con los cascos de Bomberos.

Hoy, Chicahuala tiene 69 años y vive junto a la esposa en su casa de siempre en Rawson. Ahí es visitado por sus tres hijos y cinco nietos. Uno de sus hijos siguió su camino de ser bomberos. Ya no corre y ni comanda a sus hombres en los rescates y salvamentos en siniestros, ahora asesora y presta servicios de protección contra incendios para negocios y empresas. En la semana practica natación para no perder parte el estado físico, porque al fin y al cabo pareciera estar alistado como en sus mejores años. Porque él tiene un dicho: “He sido, soy y moriré bombero”.

Temas
Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te Puede Interesar