El oficio de asador es todo un arte que no está al alcance de cualquier. Y menos aún son los que se prodigan en las brasas frente a los ojos de todo aquel que pase cerca de su parrilla. Este es el caso de Javier Lucero (46), un rawsino con una larga trayectoria en el mundo gastronómico que junto a dos fieles laderos (Luis Núñez y Gustavo Mercado) apostó por reinvertirse tras ser golpeado por la pandemia.
Javier Lucero y compañía, los maestros 'parripolleros' de Trinidad
Desde hace unos 3 años, cada sábado y domingo, el tridente le facilita la comida a cientos de sanjuaninos, algunos vecinos de la zona y otros que no tienen problema en cruzarse el Gran San Juan para llegar a la esquina de Abraham Tapia y Ruta 40 para asegurarse una deliciosa porción.
“Arrancó todo en pandemia. Nosotros hacíamos eventos en un salón, pero se cerró por la pandemia y tuvimos que inventar esto. A Dios gracias está funcionando”, comentó Javier, quien también suele contar con la colaboración de su hija Karen en la línea de caja.
Entre los cortes que se encuentran sus clientes -muchos de los cuales previamente encargan al 264 4807728- figuran “pollos asados, punta de espalda, tapa de asado, ojal de costillas, asado de carnicero, bondiola, morcilla, chorizo y un lechón por día”. En total son cerca de 60 kilos los que diariamente se ponen sobre la parrilla, con el correspondiente riesgo que eso conlleva.
“Gracias a Dios a veces no nos queda nada, pero cuando sobra entro a repartir, a regalar. También hay veces que pongo en los estados de WhatsApp que lo vendo más barato para liquidarlo, pero sino lo reparto con la gente que lo está pasando muy mal”, comentó Lucero, quien reconoció que el reciente aumento de la carne le genera una gran incertidumbre con respecto al futuro de su negocio.
Las jornadas laborales arranca sobre las 7:30 y termina no antes de las 16:00 hs. Incluso hay veces que, tras cumplir con el emprendimiento emplazado frente a la UVT, juntan todos los bártulos y encaran para algún evento gastronómico para los que han sido contratados: “Seguimos haciendo esos trabajos, pero lo del parripollo se ha convertido en nuestro fuerte”.
“Me encantaría tener una casa de comida para hacer lo que uno sabe”, dijo Javier, quien siguiendo la línea de confesiones afirmó: “Aprendí viendo, de intruso. Después de un par de quemadas fui aprendiendo, jajaja. Yo en un asado para cuatro personas me pierdo, pero si es para 500 lo hago sin problemas. Mientras más grandes es el asado, para mí mucho mejor. Ya me acostumbré a la cantidad. Una vez nos contrató un sindicato e hicimos un asado para 1.600 personas. Salió todo de primera”.