El silencio en el desierto vibra y parece que más aún de noche. El pasado 1 de mayo, el Parque Provincial Ischigualasto abrió sus puertas bajo una atmósfera que rozaba lo místico. Había algo en el aire, una quietud eléctrica -tensa- que solo se siente cuando la naturaleza está a punto de dar su mejor función. Allí estaba ella, apareciendo tras las siluetas de las geoformas: la luna expectante, sabiéndose la estrella de la noche, bañando de un blanco azulado el paisaje que, durante el día, es un incendio de rojos y ocres.
Ischigualasto teñido de plata: crónica de una noche mágica de luna llena en el Triásico
¿Qué secretos guarda el Valle de la Luna cuando el sol se retira? La exquisita experiencia de un trekking nocturno que combina geología, mística, sabores y la herencia de los antiguos arrieros
Fuimos cerca de 400 privilegiados, divididos en tandas que se perdían entre las sombras y los brillos del terreno. Mi grupo quedó bajo la tutela de Marcos Casiva, un hombre que lleva 12 años caminando estas tierras y que habla del parque no como un guía, sino como quien describe el patio de su casa.
El inicio: El ojo que se adapta al tiempo
"Les pido que nunca busquen quedarse solos ni se me atrasen", advirtió Marcos al iniciar la caminata. Sus consejos fueron prácticos, tal vez algo obvios, pero fundamentales: el suelo de Ischigualasto es caprichoso, lleno de desniveles que la noche disfraza. Sugirió evitar el flash en las fotos para que la "visión nocturna" de los teléfonos captara la luz real, esa que tarda unos 15 segundos en impregnar el sensor.
A medida que avanzábamos, ocurrió el milagro biológico: la pupila se adaptó. "Poco a poco la visual va siendo mejor", nos decía Marcos. Y tenía razón. Lo que antes era oscuridad, se transformó en un mapa de relieves plateados. Geológicamente, se estaba caminado sobre el Periodo Triásico de la Era Mesozoica. Marcos explicó que, aunque el parque tiene siete formaciones, esa noche la protagonista absoluta era la Formación Ischigualasto. La gran densidad de cristales de yeso que moran en ese lugar refractan la luz de la luna, permitiendo desplazarse sin necesidad de linternas, rodeados de una escala de grises que provocan que uno se sienta como paseando en otro planeta.
La primera parada fuerte fue en "Las Bandejas", una estación histórica. Allí, Marcos mostró cómo la erosión -ese escultor eterno y incansable- ha ido desgastando y hasta partiendo las figuras originales. "Es un proceso natural", explicó mientras invitaba a jugar con la imaginación frente a otras geoformas.
Llegamos a lo que él llamó el "Racimo de Bochas". A diferencia de la famosa "Cancha de Bochas" del recorrido diurno, aquí las concreciones esféricas parecen amontonarse, pegadas unas con otras, como si el tiempo las hubiera fundido en un abrazo de piedra bajo el brillo lunar.
El cielo como brújula y leyenda
En un momento, el guía pidió mirar hacia arriba. "La luna está incandescente, pero los astros nos hablan", dijo. Enseñó a distinguir la Cruz del Sur de su "falsa" perseguidora, usando los punteros de Alfa Centauri. Fue fascinante entender cómo ese sistema trinario, que a simple vista parece una sola estrella, servía de guía a los arrieros, quienes fueron precisamente los ‘descubridores’ de Ischigualasto.
Esos hombres, que cruzaban ganado hacia Chile en las noches de verano para evitar el calor abrasador del día, usaban este cielo como mapa. Marcos, aprovechando la atención de todos, relató la leyenda de la mitología griega que se proyectaba sobre las cabezas: el Escorpión persiguiendo eternamente a Orión. "Por eso, cuando Orión cae por el horizonte, Escorpio nace por el este; nunca se ven juntos", sentenció, mientras Júpiter, totalmente a la suya, se asomaba brillante antes de perderse.
Vallecito y silencio
El trekking, de unas dos horas y media y dificultad moderada, llevó al grupo a atravesar el Vallecito Encantado. No hubo alto en el camino, pero las formas caprichosas que se adivinaban a los costados del sendero justificaban el nombre. Al cruzar un pequeño "portezuelo" -tal vez, la parte más complicada de sortear a pie-, llegó una propuesta que cambió el ritmo de la noche: cinco minutos de silencio absoluto. Sin dudas, lo más complicado de transmitir en palabras por el universo de sensaciones que atraviesan el momento.
"Este lugar es altamente energético", confió Casiva. Ya sea por misticismo o por simple conexión con la naturaleza, esos minutos de meditación en medio de la inmensidad fueron el corazón de la experiencia. El silencio de Ischigualasto se escucha, apabulla, pero sobre todo se siente del pecho hacia adentro.
Casi al final, se presentó una estación que guardaba un tesoro histórico: las iniciales "V.H." grabadas en la roca. Pertenecían a Victorino Herrera, el baquiano que en los años 60 llevó a los científicos de la Universidad de La Plata y de Harvard hasta el fósil del Herrerasaurus Ischigualastensis , el dinosaurio más antiguo del mundo en su momento. Marcos contó cómo la ruta de los arrieros está marcada por estas firmas (algunas piedras tienen hasta 200 marcas distintas), testimonio de los habitantes que conocían el parque como la palma de su mano mucho antes de que fuera Patrimonio de la Humanidad.
Antes de emprender el regreso, la ruta pasó frente al "Honguito". Es una versión a escala de la geoforma más famosa del parque, pero bajo la luna llena, sus tres metros de altura parecían cobrar una dignidad especial, proyectando una sombra alargada sobre el suelo ‘enyesado’.
La experiencia, que se repite solo cuatro noches al mes coincidiendo con el plenilunio (fase de luna llena), tuvo un broche de oro, en especial para los paladares. Al llegar a la antesala del estacionamiento en el que se dejan los vehículos, aguardaba una sorpresa: una recepción con productos regionales. El sabor del vino sanjuanino y los embutidos de la zona fueron el cierre perfecto para una jornada donde el cuerpo caminó por el Triásico, mientras que los sentidos se quedaron flotando en la mística experiencia que iluminó la luna.
Datos útiles para el visitante
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Duración: 2 horas y 30 minutos de inmersión total.
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Dificultad: Trekking de nivel moderado, accesible para todo público.
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Edad mínima: Recomendado para mayores de 10 años.
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Frecuencia: Únicamente cuatro noches por mes (durante el plenilunio).
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Indumentaria: Calzado cómodo con buen agarre y abrigo (la amplitud térmica en el desierto es marcada).
- Más información: https://www.ischigualasto.gob.ar/?page_id=1736