En el centro sanjuanino funciona una fábrica que produce fideos al menos desde 1879 hasta hoy. A pocas cuadras de la plaza 25 de Mayo, la antigua casona es un verdadero viaje en el tiempo y acaba de ser declarada por la Cámara de Diputados provincial como Patrimonio Cultural de San Juan.
Cómo hacer un viaje en el tiempo en medio del centro sanjuanino
La construcción, ubicada en calle Mariano Moreno esquina Entre Ríos, es uno de los muy pocos edificios que corta la cuadrícula de la ciudad: si uno va por Entre Ríos, se encuentra de sopetón con el portón de entrada de la fábrica y la calle luego continúa en el lateral. Es que esa inmensa estructura, que es un reservorio histórico sanjuanino, inspira respeto.
Así, este edificio de antaño quedó en medio de la ciudad, implacable, a lo largo de más de un siglo. Sobrevivió todos los terremotos desde el de 1894 de 8,9 grados en la escala de Richter y IX en la escala de Mercalli, pasando por el terremoto de 1944, 1952, 1977, 2021 y todos los movimientos sísmicos hasta la actualidad. Sobrevivió también a las máquinas topadoras que estuvieron a punto de derrumbarla “por vieja” y a los distintos procesos de quiebra de la fábrica de fideos secos que aún hoy sigue produciendo, manteniendo la misma actividad desde la segunda mitad del siglo XIX.
El "ladrón de canal"
Algunos la consideran un verdadero milagro arquitectónico, si se tiene en la memoria las épocas de la Reconstrucción de San Juan, post terremoto de ’44 cuando las topadoras de la Revolución Libertadora encuadraron las manzanas y también económico si se tiene en cuenta los altibajos de la economía de Argentina.
De acuerdo a la documentación que se posee y los datos aportados por vecinos, clientes, empleados y descendientes, que fueron transmitiendo información de generación en generación, se conoce que la fábrica de fideos y molino de harina ya funcionaba como tal a partir de la segunda mitad del siglo XIX.
La escritura 302, fechada el 13 de julio de 1908, ubica a la propiedad de la siguiente manera: “(...) en el departamento de Trinidad, distante como a 1.000 metros al sudoeste de la plaza 25 de Mayo, consta de un ladrón de canal de unos 2 metros de ancho…”. Ese “ladrón de canal” al que refiere el documento no es otra cosa que una obra hidráulica artesanal que permitía desviar el agua del canal entubado a mano con piedras, ladrillos y madera para hacerla pasar por el molino con el que producían harina, la materia prima de los fideos.
A través de este instrumento, Don Antonio Moreno vendió a Don Alfonso Canónico un fundo constante de establecimiento de molino, máquinas y útiles de su exclusiva y legítima propiedad que poseía y hubo en mayor extensión por dación en pago que le hizo Doña Dominga Quiroga de Ramírez el 21 de noviembre de 1879. Esto último pone de manifiesto que el molino de harina y fábrica de fideos existe y funciona en el mismo predio desde 1879. Más allá de esto, de acuerdo a los relatos de dueños anteriores, la fábrica comenzó a desarrollar sus actividades alrededor de 1860.
El canal de los molinos se conserva en la actualidad con sus paredes calzadas y la rejilla eliminadora de basura.
Se trata del desvío del canal con el que se hacía andar la rueda que generaba energía eléctrica y accionaba la trasmisión central, lo que le daba movimiento a las distintas máquinas.
Historia de ventas
Hace 110 años, el 4 de octubre de 1913, José Antonio Yanzón adquirió un terreno contiguo al establecimiento molino y fábrica de fideos y el 20 de junio de 1917 le compró a Don Canónico el establecimiento industrial, unificando la propiedad y convirtiéndose en los años ‘20 en la mejor fábrica de fideos de la época.
Así lo manifiestan los avisos publicitarios de Diario Nuevo San Juan, en su edición del jueves 23 de mayo de 1929, en el que se publicita la Fábrica de Fideos Yanzón haciendo alusión al stock permanente de harinas y fideos de todas clases y se hace referencia a la dirección de Mariano Moreno N° 300- Trinidad. Esta es la antigua numeración, anterior al terremoto de 1944.
Así, desde entonces el establecimiento perteneció a la familia Yanzón, de ahí la marca de los fideos que se conserva hasta la actualidad.
El 5 de mayo de 1982 Absalón Alejo Yanzón, hijo de José Antonio Yanzón, donó como anticipo de herencia a sus hijos Ricardo Absalón, Emma Lola y Mario César el predio industrial. Ellos, el 6 de setiembre de 1991, le vendieron a Félix Alberto Millán, quien hace anticipo de herencia a favor de su hija María Eugenia Millán del predio donde funciona la fábrica de fideos.
Don Millán había comprado con anterioridad otra parte de la planta industrial, contigua a la fábrica de fideos, dedicada a la molienda de cereales, ya que la firma Molino Yanzón- Quiebra adjudicó el establecimiento molinero a Fideería La Reina SRL, el 18 de noviembre de 1983. Esta última firma vendió el molino el 15 de diciembre de 1987 a Félix Alberto Millán, quien el 26 de julio de 1993 hizo un anticipo de herencia del inmueble y sus maquinarias a favor de su hijo Juan Fernando Millán.
Por otro lado, los herederos de Absalón Alejo Yanzón, vendieron un terreno y galpón colindante a la fábrica, el 23 de diciembre de 1987 a la Sociedad Civil Consorcio Centro de Ingenieros, entidad que el 18 de febrero de 1998 le vendió a Félix A. Millán y éste los dona a sus hijos María Eugenia y Juan Fernando.
De este modo se integró nuevamente el total de terreno donde se enclavaron desde fines del siglo XIX el molino y la fábrica de fideos, conservando hasta la actualidad la actividad para la que fuera fundado y brindando en el mercado local sus productos, tal como se hacía en la antigüedad.
En el medio, la casona resistió varias quiebras, pero nunca dejó de fabricar harina y fideos. Según se puede observar en el material fotográfico que poseen los propietarios, el edificio se mantiene en perfecto estado de conservación. Es un lujo mirar el techo de cañas con cabreadas de pinotea, las paredes de adobe de un metro de ancho, que fueron debidamente consolidadas en su oportunidad, sus pisos entablonados, el entrepiso donde funcionaba el molino.
Así también asombran algunas de las máquinas que marchaban a principios de siglo XX, y que continúan hoy cumpliendo con su labor. Tal es el caso de la mezcladora, la grámola, la balanza forrajera y el banco de cilindros moledor de trigo. Todas fueron, con los años, adaptadas para mejorar su rendimiento y se les adicionaron resguardos para proteger a los trabajadores. Hoy continúan cumpliendo con su cometido.
El establecimiento cuenta además con las escrituras originales, máquina registradora, cajas fuertes, mobiliario, balanzas, útiles de oficina, libros de movimiento de caja y de registro de empleados de principio del siglo XX, carteles, propagandas y la evolución del diseño del embalaje de los fideos.
Un legado familiar
"Para nosotros como familia es doblemente importante que se haya declarado como patrimonio la fábrica. Es un lugar que atesora un montón de historias, han pasado muchas generaciones. Estamos hablando de un lugar que se construyó hace más de 150 años, que fue construido para hacer fábrica de fideos y molinos de harina, y ha permanecido funcionando a lo largo de todos estos años en forma ininterrumpida. Entonces hay muchas historias, hay muchas anécdotas, además de que ha resistido todos los terremotos que ha sufrido la provincia, y no solamente eso, ha mantenido su actividad a pesar de todos los avatares económicos y financieros por los cuales ha pasado el país. Entonces desde ese punto de vista, como sanjuaninos es sumamente importante", contó a Tiempo de San Juan la dueña, Eugenia Millán.
"En lo personal, para nosotros como familia es mucho más importante, porque es la continuación del legado de mi papá, que allá por fines de los '90 se vio en la necesidad de mantener su fuente de trabajo, y en esta búsqueda de la forma de preservar esa fuente de trabajo, es que además descubrió el valor patrimonial, entonces comenzó todos estos trámites, inició estos expedientes, y que recién hoy logran culminar con la declaración de la fábrica como patrimonio. Si bien estamos cosechando los frutos con mi hermano, es el producto del esfuerzo de más de 30 años de mi papá, que hoy no está entre nosotros pero ha dejado una huella muy marcada. Es la huella del trabajo y a nosotros, que ahora estamos al frente, nos queda continuar con su legado", destacó.
Actualmente en la fideería Yanzón trabajan en forma directa 20 trabajadores más toda la mano de obra indirecta y contratados, destacó la propietaria, Eugenia.
La dueña dijo que agradece a funcionarios de la actual gestión como la secretaria de Cultura Virginia Agote, el director de Patrimonio Jorge Martin, la diputada Marcela Monti y fundamentalmente al vicegobernador Roberto Gattoni, porque "valoraron la importancia de preservar este patrimonio y trabajaron en consecuencia".
Antes de ser declarada Patrimonio Cultural de San Juan, un trámite que se inició en 2005, este emblemático sitio ya había logrado otros reconocimientos. En noviembre de 2019, mediante Resolución N° 3831, El Concejo Deliberante de la Ciudad de San Juan resolvió declarar de Interés Cultural, Educativo y Turístico Municipal al edificio, instalaciones y actividades que se llevan a cabo en la fábrica de fideos y molino Yanzón.