Por Sebastián Saharrea
La “suerte” del Taza
No hace falta ser un gran escalador de muros para librarse de la opresión de los calabozos. La propia ley los pone en la vereda, cuando no los "errores” de comunicación en los que nadie avisa.
Es el resumen de la vida del Taza Albornoz, tal vez el reo más célebre por estos valles desde que saltó a la fama en el increíble robo a la Dirección de Arquitectura recién iniciados los ´90, aunque muy probablemente no sea el más feroz. Es que pocas veces se lo haya retratado en feroces tiroteos o en delitos de uso de una violencia extrema, a pesar de que fue uno de los cerebros de la fuga en masa más recordada del Penal de Chimbas y hasta supo medirse con la célebre mendocina apelada Yaqui, condenada hace poco por manejar la pesada en la periferia de la provincia vecina.
Más bien parece que lo del Taza Albornoz fue una prodigiosa buena suerte. Entró y salió de las penitenciarías en varias tandas y por mérito propio, pero esos escapes han contado con la asombrosa contribución de la mano extendida del servicio de justicia interprovincial, además de una interpretación retorcida de la ley en el capítulo de los beneficios carcelarios. Consecuencia: más veces de las habituales sólo debió convencer su propia conciencia de ganar la calle y profugarse sin tener que vencer ninguna resistencia policial.
Dos casos de similar estela escandalosa lo beneficiaron en apenas cuatro años, ambos consistentes en depositarlo por errores de comunicación rejas afuera cuando debería permanecer del lado de adentro. Pura suerte.
La primera ocurrió el 8 de diciembre del 2012, cuando una insólita interferencia entre la justicia mendocina y la sanjuanina terminó con el Tasa sorprendido rejas afuera, decidiendo por sí mismo ganar la libertad. Fue cuando desde un juzgado de la provincia vecina se lo requirió para juzgarlo por un delito contra la propiedad en Godoy Cruz. El Taza estaba alojado en el Penal de Chimbas y fue trasladado y puesto en manos del servicio penitenciario mendocino.
Pero ocurrió que el juez de esa provincia decidió no condenar a Albornoz por ese delito que lo tenía por acusado, al considerar que estaban prescriptos los plazos. Golpe de suerte repentina, de escaso valor para un prontuario como el de Albornoz a la que no le incomodaría demasiado una nueva sentencia. Pero se sacó el gordo de Navidad, justo a una semana de la Nochebuena, cuando el propio magistrado determinó su liberación ante su decisión de no condenarlo.
¿Y los casos por los que estaba pagando condena en San Juan, al punto de haberlo solicitado y trasladado desde el Penal local? Craso olvido, que terminó con Albornoz con el puño apretado porque le habían levantado la barrera a su libertad sin haber tenido que planificar un golpe con secuestro incluido, como había ideado en su fuga chimbera.
El resto fue parar el colectivo y escabullirse. Estuvo más de un año prófugo por esa liberación por el pequeño error de no revisar el antecedente inmediato, ni siquiera el hecho flagrante de haberlo ido a buscar y consecuentemente tener que devolverlo. En enero de 2014 fue recapturado después de varios allanamientos en la zona de Campo Papa, Godoy Cruz. ¿Dónde estaba? Muy cerca de su residencia, dato de valor para esta nueva búsqueda.
De inmediato fue trasladado a San Juan para que terminara de cumplir con la condena pendiente. De ese momento son las fotos en las que aparece con el rostro relajado, casi como si estuviera confiado en otro "golpe de suerte”. Que, vueltas de la vida, terminó ocurriendo.
El martes pasado, la jueza de ejecución penal Margarita Camus recibió la notificación de que el reo había violado el beneficio de la condicional que ella le había concedido, por lo cual Albornoz volvía a incurrir en la condición de prófugo sin tener que limar un barrote sino aprovechando la generosidad del sistema judicial.
Se volverá en estas líneas sobre la decisión de la jueza, para reparar en un detalle. Albornoz no estaba prófugo desde el martes sino desde el jueves pasado, cuando el propio reo decidió por su propia voluntad y por su propio destino, que ya era demasiado tiempo entre rejas y que le alcanzaba con seguir caminando para quedar fuera del alcance de la ley.
El nuevo error fue admitido por el propio Oscar Ghilardi, a cargo del Penal, por lo que decidió iniciar un sumario interno para determinar responsabilidades. Se trata de un detalle no menor, que permitió darle tiempo a la voluntad escapista del delincuente, que no sólo obtuvo insólitamente el beneficio sino que además contó con la ayudita de que no llegó el aviso a tiempo para buscarlo inmediatamente y le dieron tiempo para esconderse bien. Si quisiera.
La jueza argumentó que no cuenta con los recursos que hacen falta para hacer bien su trabajo, como un gabinete de psicólogos que la asista en estos casos. Dice que todos informes que recibió, tanto de los profesionales que fueron estudiando su "evolución” como los reportes de conducta que recibió del Penal arrojaron como resultado que el reo tenía un comportamiento óptimo y un perfil psicológico apto para recibir el beneficio.
Es decir que si un detenido muestra durante un lapso de tiempo indefinido –a gusto y paladar de quien interpreta la ley- buena conducta e informe psicológico favorable es pasible de recibir el beneficio de las salidas transitorias de su lugar de detención, así ese reo se trate de un feroz criminal o un condenado por los delitos más atroces. Buena noticia –entre otros posibles beneficiarios- para el bueno de Josecito López, quien con un año de no entrar en las grescas penitenciarias y hacerse el bueno con el psicólogo, ya podrá ganar la calle a buscar los tesoros escondidos.
Los beneficios carcelarios como las salidas transitorias son una expresión de confianza para quienes cumplen condiciones. Dirán sus fanáticos que no discrimina en rangos de delitos y es para todos, aunque duela. Dirá la otra tribuna que es imperioso emplear el sentido común.
Que indica que el Taza no es un reo común y obliga a más de un replanteo. Es el más renombrado, el más célebre, el que ha protagonizado fugas cinematográficas, el que estuvo más de un año prófugo y no mostró ninguna voluntad de entregarse, el beneficiario de una insólita cadena de "errores” por la falta de "aviso”, el que dispone de una foja prontuarial generosa como pocos.
Si la ley nacional abre aunque sea mínimamente la puerta para que un magistrado emplee su propio criterio para respaldar legalmente el beneficio a personas como él, como ocurrió, es que estamos en serios problemas.