Íntimo

Coll, el renacido

El ex diputado y actual juez acaba de recibir la buena noticia de que el cáncer que lo tuvo al borde de la muerte por años cedió al tratamiento. Por primera vez habla en profundidad sobre su enfermedad y sobre la muerte de su hermano Daniel Coll: dice que fue mala praxis. Por Miriam Walter.
domingo, 8 de mayo de 2016 · 12:57
En la oficina que ocupa como juez camarista laboral,  Julio Coll tiene un gran portarretrato con la última foto que se sacó con su hermano Daniel. Ambos parecen otros, Julio hinchado, Daniel muy flaco. Entonces los hermanos le daban pelea al cáncer cada uno a su manera. Daniel, el emblemático ex intendente de la Capital la perdió.
 
Julio, en cambio, la lleva bien, ya parece el de antes de 2012 y está contento porque hace un mes los médicos le dijeron que su mal remitió, que está sano, gracias al tremendo tratamiento que se vino haciendo todos estos años y del que, al menos por ahora, descansa. "Daniel no se murió por el cáncer, yo digo que se muere por una negligencia médica, se murió de una trombosis, andaba re bien, si se hubiera ido a tratar a Buenos Aires, ahora estaría acá con nosotros”, dispara.

El justicialista Julio Coll fue fiscal de Estado adjunto, diputado  durante dos períodos (entre 2003 y 2011) y su meta era ser parlamentario del Mercosur,  dice que le puso "mucha manteca” en pos de integrar San Juan a la luz del túnel de Agua Negra –fue presidente del bloque argentino de la Unión de Parlamentario del Mercosur -, pero no logró el cargo. En el Derecho, su objetivo siempre fue el desarrollo en lo contencioso-administrativo y no tuvo suerte,  entonces, mientras era asesor del entonces gobernador Gioja siguió participando en los concursos civiles, y finalmente pasó de legislador a camarista, ya que fue elegido juez en la Sala I de la Cámara Laboral.
Corría diciembre de 2012 cuando fue designado magistrado. Al poco tiempo vino la feria judicial y se fue de vacaciones. Al volver se descubrió una pelotita abajo del brazo y fue al médico. Algo le olía mal. Su hermana había tenido cáncer de mamas y lo había superado. Entonces apareció la cruel enfermedad. En marzo se fue a Buenos Aires, a tratarse íntegramente en el Italiano. Ese invierno fue muy duro. Los primeros meses de quimio para Julio, pero además, el principio de la odisea para su hermano. 

La lucha

"A Daniel lo habían puesto a trabajar en la campaña –las legislativas de 2013-, un día en medio de una caminata le dio un dolor de espalda grande, se hizo estudios y le apareció un tumor. Yo estaba en el Hospital Italiano tratándome el linfoma. Y en esos días fue el accidente de Gioja. Fue todo tan fuerte para mí, que recién ahora puedo contarlo, fue muy fuerte. Lo del Flaco fue un viernes. Yo ese sábado a la tarde venía con lo del Daniel, yo estaba hecho pelota, y me agarró un ataque de llanto. Lloré toda la tarde, no podía parar. ¡Tantas cosas juntas!”, cuenta.

En agosto, el juez había tenido una recaída y estuvo al borde de la muerte. Encima, estaba en Buenos Aires, lejos de su familia en San Juan y de sus 4 hijos, sobre todo extrañando a la menor, Paula, que sufre un retraso mental y es su mimada. Contaba con la compañía de fierro de su esposa, Silvia Vicentela, "la Petisa”, como le llama él,  pero no podía estar al lado de Daniel. Igual, se hablaban todos los días por teléfono.

"Lo operaron a Daniel acá en San Juan, le sacaron el tumor y acá no se ponían de acuerdo en cómo seguir, porque se le había ido a una vértebra, entonces tenían que trabajarle la columna, tenían que tratar que no se expanda. Yo le decía ‘venite a Buenos Aires, no te quedés, porque en San Juan hay una diferencia abismal. Él decidió quedarse en San Juan”, recuerda. 

Hubo un momento al principio de la enfermedad, que Daniel se hizo atender en Capital Federal. Por unos días se dio una situación insólita, porque estaban los hermanos Coll y Gioja en el mismo hospital. "Era un desfiladero de gente, el sanjuaninazo, todos iban a ver a uno u otro al Italiano. A Daniel le habían operado la columna y a la semana ya estaba caminando, re bien”, recuerda. 

Tenían largas charlas los hermanos. De política nunca dejaban de hablar. Y Julio le insistía a Daniel con que se tratara en Buenos Aires. "Luchó, luchó, hasta que dijo ‘me hago las quimio en San Juan’, me decía ‘yo quiero estar en San Juan’. Habló con los médicos y dijeron que no podían sacarlo de la vértebra, que era muy delicado, que lo iban a fijar, y después que lo iban a ayudar con una prótesis para que la columna no se desmorone. En el cáncer nunca sabés, pero Daniel estaba convencido de que iba a salir adelante”, cuenta Julio.

La despedida

Cuando murió Daniel,  el 6 de marzo de 2014, Julio ya estaba en San Juan. "Estábamos hechos pelota los dos, nos juntábamos un ratito todas las tardes, yo le contaba cómo iba lo mío y él me decía cómo iba lo suyo. Y cómo seguía la historia, qué sería mejor hacer. Él estaba dando los primeros pasos con el cáncer. Un día empezó a sentirse agitado, iba de la cama a comer y le costaba. Entonces le llamó al médico y le dijo a mi hermano que suspenda la quimio y que fuera al otro día a la tarde a verlo. Al otro día al mediodía, se descompensó. Salió de su casa en ambulancia, llegó al sanatorio y le dio un paro cardiorrespiratorio”, rememora el juez.

"Daniel era un paciente de alto riesgo y la quimio descontrola todo y tienen que tener todo estructurado para contener al paciente. A mí me pasó, me llevaron a urgencias del Italiano y me aislaron y me hicieron todo lo que tenían que hacer. Encima Daniel se había quedado enfrente del Italiano, cualquier anomalía podría habérsela tratado inmediatamente. Pero no hubo caso. Yo comprendo a los médicos de acá, pero no tienen la armazón de allá. Daniel no tendría que haber muerto, debería estar acá conversando con nosotros. No le pueden decir a un paciente de alto riesgo ‘vení mañana’”, evalúa, amargado.

Cuando falleció repentinamente Daniel llevaba unas pocas sesiones de quimio. Quebrado, al poco tiempo, Julio fue a ver al médico de su hermano y no pudo disimular su bronca, cuenta. "Lo que pasa es que no puedo es que no puedo estar en situaciones de estrés. Yo cuando se murió no lo podía creer, me quería morir, porque estaba todo controlado”, dice.

"Es muy fuerte para mí perder a Daniel. Siempre dimos las luchas juntos. Me acuerdo una vez que mi  viejo nos dijo ‘miren muchachos, terminaron la escuela secundaria, si quieren seguir estudiando trabajen, porque yo no los puedo bancar. Yo quería estudiar Abogacía y él Arquitectura, entonces me puse a averiguar y salía carísimo. Teníamos unos medio parientes y fui a hablar con mi mamá a ver si me bancaban un poco para ir a la Universidad del Litoral hasta que consiguiera laburo, Daniel se quedó acá y consiguió laburo, yo me fui y trabajé de lavacopas, pero arranqué. Siempre iguales los dos, nos recibimos”.

Volver a vivir 

A poco de perder a su hermano, Julio pudo ir a trabajar, ‘me dijeron que me jubilara, pero yo les dije que necesitaba volver a mi trabajo ya, a los 15 días que murió Daniel volví”, dice.  

Hace 30 días, Julio se hizo controles en el Hospital Italiano, cada dos meses le hacían una quimioterapia de mantenimiento, después de un año de quimio permanente. En febrero le hicieron la última y le dieron la buena nueva: "tenés el cáncer en remisión, el tratamiento dio resultado, lo que sigue son análisis cada dos meses y en septiembre un estudio profundo para ver cómo se continúa, pero estás curado”, le dijo el médico. 

Ahora Julio intenta retomar su vida. Antes de enfermarse se juntaba mucho con amigos, disfrutaba del deporte caminando o trotando y tenía pasión por los caballos. "Ahora empecé de nuevo. Pude hacer la Cabalgata a la Difunta Correa completa. Además pagué una promesa con la Difunta. Hice varias promesas, pedí por mí y por Daniel. Cuando fui a la Virgen de los Tres Cerritos en Salta, llegamos y nos enteramos que era la celebración de la Virgen, justo. Me pasó algo que no podía creer. Me arrimé a la imagen, la toqué, y me agarró como una descompostura, casi me caigo, me agarraron si no me caía. Me dijo el cura ‘ustedes están acá porque la Virgen los ha llamado’”, cuenta. Y concluye: "Yo soy un hombre de fe. He aprendido muchísimo a partir de esta experiencia que me tocó, me cambió totalmente la vida”.

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