No se vaya a creer que hoy en día las dirigencias políticas toman decisiones empujadas más por la convicción que por la conveniencia. Utilitarismo crudo, pues, los cálculos a secas pasan el trapo siempre –o casi siempre- y así la cosa queda reducida a una estrategia de por qué lado irá mejor, entendiéndose por ir mejor a ocupar mayor espacio de poder.
¿Todavía ilumina la estrella?
En el Bloquismo sacan cuentas. Para abrirse del PJ, deben medir. Pocos dirigentes mueven el tanteador, también pocos departamentos. Graciela, el espíritu de Javier, y su propia trampa.
Por Sebastián Saharrea
La parábola de los números del bloquismo en los últimos años es bien gráfica para explicar los pasos recientes para un partido con 90 años de historia. Firmó el acuerdo con el PJ en junio de 2007, con el gancho de todos capitanes que luego se fueron bajando de a uno: Enrique Conti primero, intendente de la Capital en ese momento y principal figura partidaria que terminó haciendo campaña en favor del peronista Marcelo Lima, Edgardo Sancassani segundo, Augusto Rago después, también Alejandro Bravo (beneficiario directo luego porque fue reelecto concejal en la lista del acuerdo) y el padrinazgo de quien más hizo para estrechar el vínculo: Leopoldo Alfredo Bravo, si se quiere el de mayores beneficios entonces porque reportaba como funcionario kirchnerista en la embajada de Rusia, también el más cuestionado por sus amigos de la infancia.
Le decían a Polo lo mismo que después le dijeron a su sucesora, Graciela Caselles: que el acuerdo con Gioja era personalista porque los únicos que recibían los dividendos eran quienes quedaban bajo el paraguas K, Bravo como embajador y Graciela como diputada nacional. Lo concreto es que en el momento en que se cerró aquel recordado acuerdo que ahora vuelve a tambalear, el Bloquismo había caído a su piso histórico: Muerto Don Leopoldo, fuera del Senado de la Nación, fuera también de la Cámara Baja en la que supo tener hasta tres miembros simultáneos, y hasta fuera de la Cámara de Diputados provincial. Insólito, el partido nacido y criado para administrar poder, con décadas de esplendor, con mejores y peores años pero nunca desplazados del todo de la marquesina del poder. Aquello era el desierto total.
Apenas una intendencia (Conti en Capital) y un pequeño puñado de concejales lo separaban de la desaparición absoluta. Habían llegado allí no por alguna injusta mano opresora sino por obra y gracia de sus propias miserias: la falta de líderes bien plantados (a Javier Caselles primero lo desaprovecharon y luego casi lo echaron) y un tránsito difícil por los momentos de la historia reciente más traumáticos (remember Alianza).
Aquel mapa de la cuasi desaparición encontró su piso en ese momento y a partir de allí la curva comenzó a mejorar, tenuemente es cierto, pero mejorar. Al menos en cuanto interesa a un partido político: cargos ganados por el voto popular. Se perdió Capital, pero se ganó Iglesia (el territorio del cofre minero). Aparecieron algunos concejales más. Polo fue embajador, Graciela diputada y el Chango Sancassani diputado provincial. Y Enrique se dedicó a petardearlos desde afuera, señalándoles cierto egoísmo en un acuerdo para pocos. Igual la fueron llevando, y a cada turno tuvieron que remarla para confirmar los cargos, arrancados a Gioja como si fuera cada uno un triunfo: volvieron a Congreso y casi hacen doblete, si Sancassani sacaba esos 200 votos más que lo hubieran llevado en lugar de Ibarra.
Después de fueron yendo. Juan Domingo (nunca estuvo adentro del todo) y Alejandro Bravo, los Turcumán, Conti, luego Sancassani y ahora desde allí le hacen señas a Graciela Caselles, la única que ha quedado del lado del acuerdo y que ahora saca cuentas para ver qué hace.
La cuestión es concreta: ¿podrá el Bloquismo solito empardar lo que pueda conseguir integrando las listas junto a Gioja? Es decir: ¿obtendría un diputado nacional, la banca que deja Caselles, yendo solos o con alguna coalición opositora?, ¿sacaría concejales en los departamentos, que les permitiera expandir su despliegue territorial? La otra pregunta está respondida: sí conservaría el cofre minero de Iglesia porque los cuatro aspirantes con más chances son bloquistas, aunque allí podría desatarse una interna incómoda y fratricida si no hay señales claras de la conducción.
Dicho de otro modo, la pregunta del millón para la conducción del Bloquismo es si la pileta tiene agua como para darse un chapuzón. O si, por el contrario, en el intento de subirse no corren el riesgo de devolver al partido a sus mínimos históricos.
Los números del relevamiento en los departamentos –que Graciela Caselles aprovechó para cuestionar el viernes pasado en Paren las Rotativas- cantan que no hay demasiados lugares como para entusiasmarse. La misma Graciela no aparece entre los de mayores chances en Capital, donde sueña con repetir el suceso de su hermano Javier: aún reporta en el casillero de otros, pese a que su apellido tiene historia y ya está apoyado sobre muchas paredes.
Más allá del citado caso de Iglesia, el resto de los departamentos aún no hace gala de su condición de principal soporte de base partidario. No hay dirigentes de la estrella entreverados en los primeros puestos de la línea de largada en ningún lado, y apenas asoma un puñado relegado en el top 5: Nelson López en Albardón, Hugo Cordeje en Calingasta, Enrique Conti en Capital, Rafael Gil en Caucete, Pedro Cabrera en Sarmiento. Demasiado poco para un partido que supo teñir de verde la geografía provincial completa, tanto en el territorio como en los concejos deliberantes, y que hoy no figura cerca de ganar en ningún lado. Y que no mide en sitios donde fue largamente amo y señor, como los casos de Zonda, Valle Fértil, hasta el mismo Rawson o Calingasta.
Se vienen tiempos de sacar las cuentas finitas y para Graciela decidir si corta el último vaso comunicante que queda con el PJ después de 7 años de sociedad. Por lo pronto, ya ha ido más lejos de donde nunca ha ido, al sostener en público que no descarta la posibilidad de confluir en alguna expresión opositora si el que el viento la lleva hacia esas costas.
En una columna deberá poner lo que puede ganar o perder si se queda, y en la otra si se va. Una cuenta rápida le señala que mantener la sociedad que fundó el Polo y que ella en solitario ha defendido puede depararle la posibilidad de mantener una banca en el Congreso de la Nación i consigue convencer a Gioja de que les ofrezca el segundo lugar. También, que no habrá beligerancia contra Marinero en Iglesia, y que en algunos departamentos se podrán colar candidatos a concejales con chances si hacen buena fuerza en las Paso.
Si se va, hay dos caminos: Sumarse a alguna coalición opositora o navegar en solitario. Para la primera opción, el orientador podrá ser cómodamente Enrique Conti, rival enconado de Graciela hasta hace bien poco pero con quien parece haber hecho las pases. Conti figura reportando en el acuerdo con Basualdo y Massa, pero puede cómodamente orientarse hacia el sector de Macri. Graciela es diputada nacional por el oficialismo y acaba de votar las leyes de pago soberano y abastecimiento: ¿se viene un pase?
Pero la pregunta será si el Bloquismo tiene más chances de filtrar cargos en esas filas o en las filas oficiales. Difícil pronosticar, no se ve claro, tampoco se percibe que en ningún campamento -ni Massa, ni Macri, ni Basualdo- aparecen esperando que lleguen con los brazos abiertos y ofreciéndoles algo que no estén dispuestos a ganarse en las urnas, interna mediante. Demás está decir el tablero de dificultades que se abre si el bloquismo va solo.
Cuestión que a la margarita le van quedando pocas hojas y por ahora, la decisión de Graciela es apostar todo puertas adentro hasta fin de año, a ver si encuentra una señal más fuerte. Mientras, visteo o amagues, tratando de no entrar en una zona de no retorno.
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