Minería: pateando la pelota a la sub-20
Parece que no habrá debate de fondo sobre la minería. Mala suerte, lo tendrán que hacer los chicos cuando crezcan. Por Sebastian Saharrea.
Ambas opciones encierran sus dificultades. Enseñar en la salita de 4 con la idea de generar cultura tiene el riesgo del paso de los años: hoy el precio del oro ronda los 1.500 dólares con proyección al alza y eso alimenta el interés del sector, aunque en dos décadas es posible que la tendencia mundial se revierta y a nadie le interese siquiera discutir. Hay que aprovechar las oportunidades y deberán saberlo especialmente los sanjuaninos: por primera vez en décadas, el mundo hace que aquí llueva sopa y no vaya a ser que salgamos con las palanganas a juntarla cuando se apague la tormenta.
La otra es aprovechar la volada de tanto revuelo minero y aparecer con el debate nacional. Pero nadie debate. Los ambientalistas cortan las rutas de manera intolerante, al estilo de no pasarán y suben la apuesta cada día que pasa: nada más alejado a un debate civilizado. Y el ambiente minero sigue ensimismado y esperando que alguien los salga a rescatar.
El pronunciamiento en ese sentido más valioso políticamente provino ni más ni menos que de la presidenta Cristina Kirchner. Fue ella quien la semana pasada asumió las interferencias que genera la actividad minera y dijo que “nos debemos un debate político” en este país. Incluso, se atrevió a fijar condiciones: exigir a las empresas el respeto ambiental, pero también a los militantes antimineros –muchos de ellos, simpatizantes kirchneristas- racionalidad en el reclamo.
Pero resultó asombrosa la consecuencia: cri, cri, cri, como el efecto sonoro del silencio. O no leen los diarios, o no escuchan a la propia presidenta, pero desde las propias esferas oficiales demoraron una eternidad, valiosos minutos en capitalizar el gesto político. El secretario de Minería de la Nación, Jorge Mayoral, demoró una semana justa en aparecer, tímidamente, mientras en La Rioja y Catamarca ardían por los reclamos.
Dio la sensación de que el principal portavoz de la actividad minera fue Mario Capello, un ingeniero de minas radical, quien incluso aprovechó el silencio de Mayoral para sacar algo de jugo político.
En la presentación de la OFEMI –la flamante Organización Federal de Estados Mineros que se empeñan en presentar como independiente del reclamo minero- fue notorio el esfuerzo nacional por empujar a las provincias al debate, sin dejar de aportar su grano de arena. Que no fue menor: jugó la Nación la imagen de uno de sus hombres fuerte, Julio De Vido, en una evidente señal de respaldo de alto nivel. Y aprovechó para subrayar con marcador tal vez uno de los aspectos que más le interesa: la presencia de los Estados –por ahora provinciales, pero sólo por ahora- en la actividad, como el modelo santacruceño de Kirchner que Tiempo de San Juan adelantó en exclusiva.
La presencia de De Vido fue un baño de frescura para el ámbito minero, pero de ninguna manera alcanza. Los gobernadores reaccionaron de manera diferente a pesar de haber formado un bloque para defenderse: Paco Pérez intentó esconderse de las cámaras para que no lo vieran en Mendoza, el salteño Urtubey tampoco se mostró demasiado dispuesto a aparecer hablando, Beder Herrera miraba detrás de cámara. La más enfática en estos días, además de Fellner –el dueño de casa para la presentación- fue la catamarqueña Lucía Corpacci, una mujer de Cristina.
Y estuvo Gioja, lógico. En un rol de sobrevolarle al conflicto y desactivar su imagen del único minero del país. Se sentó en la mesa y no pronunció palabra. Miró cómo sus colegas recibían la bienvenida a los codazos por la minería en el que él ya es socio vitalicio. Y celebró también el nacimiento de una entidad que lo preserve en ese toma y daca.
Porque al fin, la licencia social que el grupo declara buscar se consigue con los datos. Y los datos señalan que San Juan es la provincia donde están radicados varios de los proyectos más importantes del país, pero también donde existe mayor apoyo de la gente a la actividad. Ese apoyo -calculada por una encuesta nacional de este mes en un 80%- es hija del clima político y comunicacional. Caso opuesto a Mendoza, donde el apoyo es del 30% y se declaran todos –hasta los políticos- como antimineros, aunque albergan a la mayor inversión minera del país como es Potasio Río Colorado de Vale, que consume más agua que Veladero y Pascua-Lama juntos, y chillan como locos si echan empleados, como ocurrió esta semana. Ni hablar si triunfa el espíritu “antiminero” provincial y la preocupación por el consumo de agua, y cierran.
El resto de las provincias fluctúa en apoyos notoriamente inferiores a los de San Juan, pero importantes en los casos justamente de las provincias mineras que son epicentro de los reclamos: Catamarca y La Rioja. Pero nada de eso importa: se sabe que planean un aterrizaje en la Fiesta del Sol sanjuanina.
Lo que importa es lo que piensa de la minería el eje urbano Buenos Aires-Córdoba-Santa Fé-Mendoza, informado por canales de comunicación generalmente desinformados y víctima de un esquema político-mediático en el que las decisiones para todo el país se toman desde esas alturas.
Para eso, quedan dos alternativas: o cambiar de país, o dar la pelea de visitantes. Como la primera no se concibe, habrá que prepararse para la segunda. O esperar a que los chicos crezcan y lo resuelvan ellos.
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