Si no hubiese estado ese 38 cargado en el ropero, tal vez el gobernador Carlos Soria estaría con vida. Separado, tal vez. Pero ejerciendo el cargo para el que los rionegrinos lo votaron y para el que asumió hace tan sólo 22 días.
El arma en el ropero, mal consejero
Justo le tocó a un alto funcionario –el gobernador rionegrino- ser víctima de un arma de fuego que estaba en su poder. Ejemplo en carne propia de los peligros que encierra. Por Sebastián Saharrea.
Tenía un 38 largo con el que murió y parece que había otras armas. Nada de búsqueda de disuasión con esa arma fulminante de donde salió el disparo en la cara que lo mató. Más parece un resabio de una sociedad militarizada que cree en la defensa personal o en la justicia por mano propia. Que lo haga un ciudadano hastiado de tanto robo, vaya y pase. Que lo haga un gobernado es un tanto más polémico.
El propio Estado salió hace un par de años a hacer una campaña para seducir a los dueños de armas hogareñas, estén o no declaradas, a entregarlas a cambio de un estímulo en dinero. Juntó armas de todos los calibres y colores, y a todas juntas las destruyó. El camino inverso es entregar a cada uno un fusil. Y que sea lo que Dios quiera.
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