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Historias del Crimen

El peón rural de Carpintería que pasó más de 5 años preso siendo inocente y un asesinato que quedó impune

El domingo 14 de abril encontraron el cadáver de un obrero rural de apellido Ollo con una herida de cuchillo y golpes. La noche anterior había sido visto por última vez en un bar de Carpintería junto a otros trabajadores rurales. Otros dos changarines acusaron a un tal Manrique, quien no tenía relación con el crimen.

Por Walter Vilca

Dicen que “los años pasan volando”, pero los cinco años, dos meses y catorce días que pasó entre rejas ese jornalero pocitano fueron una tortura. Y no por lo que significó vivir bajo la sombra y el encierro en la cárcel, sino simplemente porque él era inocente de aquel crimen por el cual lo habían condenado.

El martirio de Antonio Manrique llegó a su fin el 12 de julio de 1968 tras el fallo de los jueces de cámara Tristán Balaguer Zapata, Carlos Graffigna Latino y Gerardo Otazú, que revocó la sentencia de primera instancia dictada el 19 de diciembre de 1966, que lo condenaba a 11 años por el asesinato de Jesús Ollo, y lo absolvió por falta de pruebas.

La historia empezó en la mañana del domingo 14 de abril de 1963 con el hallazgo del cadáver del catamarqueño Ollo. El cuerpo del peón rural, de 43 años, fue encontrado envuelto en una colcha y dentro de un zanjón, al costado de la ruta nacional 40 y en cercanías del puente Cordón, en Carpintería. Había sido asesinado. Evidenciaba golpes, en especial en la cabeza, y una herida punzante.

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El titular que daba cuenta del asesinato.

El titular que daba cuenta del asesinato.

Los policías de la Comisaría 7ma establecieron que el fallecido era Ollo, un obrero rural que vivía en un rancho dentro de la finca Yanello, en la misma localidad. También notaron rastros de arrastre y manchas de sangre que llevaban en dirección a su casa, ubicada a casi 2 kilómetros de donde habían hallado su cadáver.

Los investigadores también ingresaron al rancho, notaron desorden y encontraron más sangre. La conclusión a la que llegaron fue que Ollo, que vivía solo, había sido atacado a golpes y con un cuchillo dentro de la vivienda. Que posiblemente lo dieron por muerto ahí, que después envolvieron su cuerpo en una frazada y lo trasladaron de noche y por entre las fincas hasta arrojarlo en ese zanjón.

A través de vecinos tomaron conocimiento de que la noche del sábado 13 de abril Ollo había estado en un bar de Carpintería y de ahí salió alrededor de las 22 en dirección al Club Recreativo, pero desde ese momento nadie más lo vio. Los policías establecieron que las últimas personas con las que estuvo fueron Juan de la Cruz Torres y Ramón Bernardo Frías, además de Manrique.

Los tres
Torres, Manrique y Frías, tras las detenciones. Foto de Diario de Cuyo.

Torres, Manrique y Frías, tras las detenciones. Foto de Diario de Cuyo.

A partir de ese momento se inició la cacería de estos tres obreros rurales, cuyos domicilios allanaron para detenerlos. Los primeros en ser capturados fueron Torres y Frías, que en unas declaraciones por demás sospechosas en sede policial confesaron el asesinato y señalaron a Manrique como el autor del cuchillazo y los golpes contra Ollo. Eso lo puso como principal acusado desde su detención, ocurrida en los días posteriores.

La Policía de San Juan y el juez del caso dieron por esclarecido el asesinato del peón Ollo. Incluso realizaron una reconstrucción del crimen en la casa de la víctima con la presencia de Manrique, Torres y Frías. Según las autoridades judiciales, los tres habían admitido la autoría del ataque. Lo único que no tenía explicación era el móvil: ¿por qué matarían a ese pobre obrero rural? Ninguno de los tres detenidos tenía antecedentes y tampoco se los conocía como personas conflictivas o pendencieras. Menos encajaba aún la teoría de un posible robo, si Ollo era un peón que vivía en condiciones precarias y no tenía ni un peso.

reconstrucción
La reconstrucción del crimen. Foto de Diario de Cuyo.

La reconstrucción del crimen. Foto de Diario de Cuyo.

Manrique, entre tanto, aseguraba que era ajeno al crimen. Afirmó que era cierto que habían estado en el bar con Ollo, pero juró que después cada uno se fue por su lado y no supieron más nada del peón. En cambio, las supuestas declaraciones de los otros dos detenidos indicaban que los cuatro fueron a seguir bebiendo al rancho del catamarqueño Ollo. Según el expediente, relataron que, una vez que entraron a la vivienda, Manrique lo hirió de un cuchillazo y le propinó puntapiés mientras este se encontraba en el piso. Lo extraño fue que nada decían sobre por qué ese repentino ataque, ya que ninguno hizo mención a una discusión o pelea previa entre la víctima y el supuesto homicida.

Eso ya sembraba dudas, pero los investigadores dieron por sentada la autoría del crimen por parte de Manrique, mientras que a Frías y Torres solo les atribuyeron el delito de encubrimiento. La teoría oficial decía que ellos solo fueron testigos de la agresión criminal, pero luego ayudaron al asesino a deshacerse del cadáver. Ahora, posteriormente se retractaron y afirmaron que habían acusado a su vecino porque fueron presionados y amenazados por la Policía, pero nadie les creyó. Así, dieron por acreditada la autoría material del asesinato en manos de Manrique y el 19 de diciembre de 1966 un juez lo condenó a 11 años de prisión por homicidio simple. Torres y Frías fueron sentenciados a la pena de 2 años de prisión por encubrimiento.

A pesar de que Juan Torres y Ramón Frías se retractaron y aseguraron que fueron obligados a culpar a Antonio Manrique, igualmente los condenaron. La defensa del este último apeló y el recurso tuvo resultado favorable.

La defensa de Manrique siguió convencida de su inocencia y apeló la sentencia, pero el recurso se demoró dos años hasta que en 1968 llegó a la Cámara Primera en lo Penal. Los jueces Tristán Balaguer Zapata, Carlos Graffigna Latino y Gerardo Otazú llegaron a una conclusión muy distinta a la del juez de primera instancia. Al revisar el expediente, señalaron que lo único probado era la muerte violenta de Ollo y que no existían evidencias firmes contra Manrique. También remarcaron que la única acusación en su contra provenía de Frías y Torres, quienes después denunciaron presiones policiales para incriminarlo.

Ante la falta de pruebas concretas y las numerosas contradicciones de la causa, la Cámara revocó la condena de 11 años de prisión y absolvió a Manrique. Así, el 12 de julio de 1968, el jornalero recuperó la libertad después de pasar cinco años, dos meses y catorce días preso por un crimen que no pudo probarse que hubiera cometido. El asesinato de Ollo, en cambio, quedó sin esclarecer.

FUENTE: Sentencia de la Cámara Primera en lo Penal del Poder Judicial de San Juan, artículos periodísticos de Tribuna y Diario de Cuyo, y hemeroteca de la Biblioteca Franklin.

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