Historias del crimen

Asalto en Cartellone: un muerto, cuatro condenados y un “desaparecido”

Una banda entró a robar a un campamento de esa empresa, en 2014. En el atraco ejecutaron a un obrero e hirieron a otro. Se llevaron camiones y una cargadora, pero no llegaron lejos. Por Walter Vilca
domingo, 13 de enero de 2019 · 11:57

El golpe ya venía gestándose de febrero de 2014. “A estos culia… les va a salir caro si me echan de la empresa”, anunciaba Ramón “Perico” Pérez. Es más, agregaba: “no te hagas problema, algo vamos a hacer para hacerle daño”. En frente suyo estaba Carlos Echenique, su ex compañero de la firma Cartellone, que andaba sin trabajo y se convertiría en su cómplice. 

No era una broma. La idea de perpetrar el robo estaba latente y aparentemente había charlas con otras personas del ámbito delictivo sobre cómo entrar al campamento de Jáchal, el detalle del personal y los días en que había menos gente. 

Al tiempo, finalmente despidieron a Pérez de la empresa que construía la ruta 150 en el Norte de la provincia y eso como que dio el puntapié inicial para madurar el plan. El 13 de abril de ese año Echenique recibió el llamado de Pérez, quien le dice: “ya está todo listo…. Tengo todos los datos y lo único que necesito es que manejes un camión. Te pago 10.000 pesos”. El otro obrero entendió a qué se refería y sólo respondió: “Estoy necesitado de dinero, pero yo no quiero comprometerme en nada, no quiero tener causa”.

érez trató de tranquilizarlo, le explicó que hiciera de cuenta que era un viaje más a un destino que le iban a indicar, que los 10.000 estaban asegurados y también un boleto en colectivo de vuelta a San Juan. En otras palabras, una buena plata por un trabajo fácil y sin riesgo.

La fecha para el golpe fue fijada para el 17 o 18 abril, en Semana Santa. Pero algo pasó, que antes de esa fecha, Pérez volvió a llamar a Echenique y le anunció que el “trabajo” se postergaba. Este último se arrepintió y respondió que no iba a participar, pero su ex compañero insistió. “No seas cagón…”, lo único que tenes que hacer es manejar, le aseguró.

Las llamadas entre ambos continuaron, hasta que el 30 de abril parte de la banda tuvo su cónclave en la plaza detrás de la Terminal de Ómnibus de la Capital. Además de Pérez y Echenique, estaba Roberto Adrián Ortíz, un oscuro personaje dedicado a la piratería del asfalto y que en esa ocasión daba las órdenes como el cabecilla. Ahí acordaron que el atraco se concretaría el viernes 2 de mayo.

Llegado ese día, se puso en marcha el plan. Echenique viajó en horas de la tarde en colectivo hasta Las Chacritas, en 9 de Julio, y se encontró con Roberto Ortiz, en la casa de éste. Al rato, ambos pasaron a buscar a otro sujeto llamado Juan Domingo Fernández, vecino de Ortiz y quien también sería de la partida. Los tres salieron en un auto Chevrolet Astra por ruta 20 y luego tomaron por la 40 hacia el Norte. En el camino cargaron combustible y pasaron a recoger a “Perico” Pérez, que los esperaba en Albardón.

Camino al atraco

Completado el grupo, los cuatro forajidos del Chevrolet Astra salieron en dirección al campamento de la obra vial de Cartellone sobre la ruta 150, en Jáchal. Cada uno tenía una tarea. Cuando caía la noche, y 10 kilómetros antes de llegar, se toparon con la barrera de la obra de la empresa Danilo de Pellegrini. Ortiz hizo gala de su experiencia de ladrón avezado. Bajó del coche y, simulando ser policía, pidió al sereno que levantara la barrera porque necesitaba hacer un reconocimiento del camino. El empleado le creyó y los dejó pasar.

Estaba oscuro cuando arribaron al campamento de Cartellone, pasando el Río Bermejo. Entraron sin problemas y de inmediato movieron un camión Fiat Iveco con carretón para cargar combustible. En esos momentos, en la cocina del predio cenaban los obreros Daniel Buffa y Sergio Díaz junto al cocinero Daniel Troncoso, que no tardaron en escuchar el ruido del movimiento de un camión. Buffa y Díaz se asomaron por la ventana y vieron aparecer un vehículo pesado que se dirigía al taller y por detrás un auto Chevrolet Astra con vidrios polarizados. Extrañados, decidieron ver quiénes eran y subieron a una camioneta Toyota para seguir a los vehículos.

Los obreros dieron alcance al camión. Fue ahí que el desconocido que manejaba ese vehículo pesado, detuvo la marcha, bajó apresurado y se escondió detrás de una máquina. En ese instante los obreros se dieron cuenta que eran ladrones. Mientras Buffa alumbraba con las luces altas el lugar hacia donde estaba oculto el sospechoso, Díaz descendió de la camioneta para tratar de buscar al misterioso sujeto. Ni bien se acercó, el otro hombre no tuvo otra que salir. Esa persona era Ramón “Perico” Pérez. Díaz y Buffa lo reconocieron de inmediato porque hasta hacía dos meses había trabajado en la empresa manejando los camiones mixer.

“Perico” Pérez se vio entregado y dijo: “hagan de cuenta que no me conocen, que nunca me vieron por acá…” Pero no terminó de decir eso, que se acercó el Chevrolet Astra y uno de los ocupantes bajó con una pistola. Era Ortiz, que con voz amenazante expresó: “dense vueltas hijos de puta, no me miren…Caminen, caminen, que los voy a encerrar en un conteiner”. Efectivamente, Díaz y Buffa fueron encerrados en un conteiner. El cocinero Troncoso, que miraba desde lejos, salió corriendo a refugiarse y se escondió en una alcantarilla para que no lo descubrieran.

La banda a todo eso, empezó retirar los vehículos y a cargar herramientas. Echenique partió en el Fiat Iveco con el carretón llevando una máquina cargadora. Fernández abordó una camioneta Toyota acondicionada como ambulancia. Díaz y Buffa solo oían los movimientos. Pasado largos minutos, vieron que se abría la puerta del conteiner y que entraba Ortiz. Este delincuente sacó a los empujones a Buffa y lo obligó a que lo acompañara a buscar a Troncoso. Sabía que el cocinero estaba oculto en algún lugar, pero al cabo de un rato que recorrieron el predio, regresaron sin novedad. De nuevo, Díaz y Buffa quedaron encerrados, pero no por mucho tiempo. Ninguno sabía lo que le esperaba. Afuera, los ladrones debatían qué hacer con ellos. Los obreros habían reconocido a “Perico” Pérez y evidentemente eso era un gran riesgo para la banda, de modo que los sentenciaron a muerte.

El verdugo fue el propio Ortiz, que entró al conteiner y después de alumbrarlos con la linterna, lanzó tajante su ultimátum. “Los tengo que matar a los dos”, dijo sin rodeos. Díaz estaba sentado cuando recibió los disparos en el abdomen, la pierna izquierda y el pie derecho. El obrero cayó sacudido por los impactos de bala y, en una desesperada acción por sobrevivir, atinó a quedarse inmóvil fingiendo estar muerto. El silencio no duró nada. Otra vez se sintieron detonaciones. El destinatario de los tiros en esa ocasión fue su compañero Buffa, solo que éste no tuvo mejor suerte. Uno de los plomos le impactó en la cabeza y lo dejó moribundo. 

“Están muertos. Vamos, vamos…”, escuchó Díaz, que no se movía por miedo. Creyendo que los obreros estaban sin vida, Pérez salió raudamente del campamento conduciendo un camión Ford Cargo y por detrás lo hizo Roberto Ortiz en el Astra, siguiendo a la ambulancia que llevaba Fernández y al camión con la cargadora que guiaba Echenique.

Gran parte del plan había salido como lo idearon, pero los asaltantes no contaban que Díaz sobreviviría y que el cocinero Troncoso estaba sano y salvo. De hecho, éste último aguardó unos minutos hasta que se alejaran los ladrones y corrió a socorrer a sus compañeros dentro del conteiner.

Díaz se sobrepuso como pudo y trepó a un camión. Troncoso, por su parte, cargó a Daniel Buffa que agonizaba y lo subió al vehículo para salir a buscar ayuda. Los tres tomaron hacia la ciudad de Jáchal y en la madrugada del 3 de mayo llegaron al Hospital San Roque. No hubo marcha atrás para Buffa, que llegó sin signos vitales. Díaz fue asistido y en medio del dolor logró aportar datos a la Policía, que emitió un comunicado a todas las dependencias de la provincia para localizar a los dos camiones, la cargadora, la ambulancia y al Astra de los asaltantes. En esa declaración, el obrero también dio el nombre de Ramón Saturnino Pérez, alías “Perico”, como uno de los asaltantes. El testimonio fue clave para que los investigadores empezaran a rastrear a ese ex empleado de la empresa y sus posibles contactos.

Cambio de planes

Los miembros de la banda para ese entonces huían, luego se separaron. Fue así que la ambulancia que guiaba Fernández apareció abandonada en Santa Lucía. El resto continuó camino por Valle Fértil, La Rioja y después en dirección a San Luis. Sin embargo, la trama comenzaba a desmoronarse con las primeras informaciones que trascendían por los medios sobre el atraco y el asesinato.
Yanina Valeria Miras -la mujer de Roberto Ortiz-, que hacía de apoyo externo, de alguna forma se enteró que uno de los camiones estaba siendo rastreado por sistema satelital y llamó a su marido por celular para alertarlo. A poco de atravesar el peaje de Villa Mercedes, en San Luis, Ortíz hizo detener al contingente y avisó que la Policía ya los estaba buscando, por lo que ordenó dejar los camiones y la máquina, y continuar la fuga en el Chevrolet que conducía. Es que los camiones eran una brasa calienta y no les quedó otra alternativa que abortar la última parte del plan y escapar a Buenos Aires.

En efecto, a los tres días, los vehículos fueron encontrados a la vera de la ruta 38 cerca de Villa Mercedes. Los asaltantes se hospedaron en un hotel de Lanús, aguardando qué hacer. Ortiz no quería que nadie se moviera. Cinco días estuvieron en ese alojamiento hasta que Echenique le dijo a Ortiz y a Pérez, que lo acercaran hasta la casa de un familiar, fue ahí que logró zafar y los abandonó.

A los días, Echenique consiguió que un hombre le diera trabajo conduciendo un camión y en el viaje cayó preso en Córdoba porque ese vehículo tenía pedido de secuestro por robo. Permaneció preso desde el 9 al 17 de mayo y luego fue excarcelado, por lo que retornó a San Juan. Para ese momento, los policías de la Sección Homicidios ya tenían marcados a todos los miembros de la banda. Sucede que a partir de la identificación de “Perico” Pérez, los investigadores pidieron informes a las compañías telefónicas y en base a los registros de llamadas empezaron a ubicar con nombre y apellido a cada uno de ellos.

Echenique fue detenido a fines de mayo en la casa de sus padres en 25 de Mayo. A posteriori apresaron a Yanina Miras, la mujer de Ortiz, y a Juan Domingo Fernández, en 9 de Julio. 

De Pérez se perdieron los rastros. Ortiz continuó prófugo, pero los investigadores lo seguían por el rastreo de llamadas. En esos contactos con gente del ambiente de delictivo y sus propios familiares, el delincuente se autoincriminaba cada vez que hablaba.

Incluso despotricaba contra Echenique por “buchón”, a la vez que en sus charlas llegó a reconocer el asesinato de Buffa y el supuesto crimen de “Perico” Pérez. En una de las conversaciones refería que: “uno no existe (supuestamente por uno de sus cómplices). Ya fue, no queda nada…”

Todo esto se ventiló en el juicio realizado en abril de 2017, en la Sala II de la Cámara Penal. Claro que el que hundió a todos fue Carlos Javier Echenique, que confesó en detalle cómo se urdió el plan. Es más, deslizó que hubo complicidad de otros empleados de la empresa que hicieron de entregadores y contó el rol que ocupó cada uno en el atraco. Eso sí, aseguró que a él sólo fue contrataron para trasladar un camión y que nunca se imaginó que Ortiz y Pérez iban a disparar contra Buffa y Díaz. Sobre esto último, contó que tras el atraco el propio Pérez le confió que tuvieron que ejecutarlos: "mirá culi… ¿Qué querías? que me batan a la cana, si ya me habían visto y me conocieron…”, le dijo, según Echenique.

Los llamados telefónicos entre ellos fueron otras pruebas comprometedoras. Lo mismo que el testimonio del sereno que les abrió el paso antes de llegar al campamento, quien reconoció a Ortiz y al Chevrolet Astra. Al igual que una filmación tomada el día del atraco, en la cual se ve a Ortiz, Echenique y a Fernández en ese coche en una estación de servicio de Albardón.

Los jueces Juan Carlos Peluc Noguera, José Atenágoras Vega y Ernesto Kerman no dieron por acreditado que todos participaron directamente en el asesinato de Buffa, pero sí que fueron parte del atraco. En consonancia con esto, resolvieron condenar a Carlos Javier Echenique, Juan Domingo Fernández y Yanina Valeria Miras a la pena de 10 años de cárcel por el delito de robo doblemente agravado por ser cometido con arma y en despoblado y en banda.

Con respecto a Ortiz, que tenía otras causas por asalto con la modalidad “piratas del asfalto”, el castigo fue más duro. El tribunal lo sentenció a prisión perpetua por robo doblemente agravado, homicidio agravado y homicidio en grado de tentativa.
El único que faltó ahí era el albardonero Ramón Saturnino “Perico” Pérez, que todavía figura como prófugo en la causa. No se pudo probar que Ortiz o sus otros compañeros lo hayan asesinado con el propósito de silenciarlo, pero mientras no dé señales de vida o su cuerpo no aparezca, permanece la duda si está vivo o muerto. Otra cosa que nunca se estableció es quién más estaba detrás del atraco, dado que sin duda la banda fue la ejecutora, pero también es cierto que actuaron por encargo y las máquinas que se llevaron tenían un destinatario.
 

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