Una pesadilla que no tiene fin es lo que vive desde hace años una mujer que dice no encontrar respuestas ni en la justicia, ni en la policía. C.V, de 29 años, sufre violencia de género por parte de su ex pareja a quien asegura haber denunciado más de 30 veces en comisarías y fiscalías y, a pesar de medidas judiciales que prohíben su contacto, el sujeto no las respeta y todos los días la acecha de alguna u otra forma.
Desde mensajes de diferentes celulares y llamadas telefónicas con un gran nivel de violencia, cargados de insultos y malos tratos, hasta "visitas" indeseadas por su casa y por donde quiera que esté, ese es el escenario que pinta la mujer que ya no sabe qué hacer para terminar con una historia que supo ser de felicidad plena, pero que se transformó en una novela de terror de la que no logra escapar.
Joven, de una condición social humilde y madre soltera de un nene de 6 años, la protagonista del dramático relato se enamoró de un hombre 20 años mayor que ella, con estabilidad económica y todo un caballero que le prometía afecto y protección. Se emparejaron y al poco tiempo quedó embarazada de su segundo hijo, un chiquito que hoy tiene 3 años. Todo parecía perfecto. Sin embargo, al poco tiempo se desató el infierno.
Amenazas, golpes, arrepentimiento, así se dirimía un vínculo que se tornó peligroso. La víctima de violencia de género describe que después de las agresiones llegaban las cartas con el perdón.

Las peleas y el daño físico al que fue sometida mientras convivían la decidió a poner un punto final. Cansada de las palizas que Nelson Zavall (51) le propinó una y otra vez, cuando iban y venían con su relación, en 2015 efectuó la primera denuncia con la esperanza de que habría un Estado presente. Por el contrario, hoy siente que éste le dio la espalda.
Al igual que ir a pagar una boleta de servicios, así de cotidiano se convirtió su concurrencia a la dependencia policial más cercana (la 3ra de Trinidad) para denunciar por violencia a su ex. "A la Tercera, a la Lieva, a la Central, a fiscalías, a los juzgados, he ido a tantos lugares que ya ni sé, pero el resultado es siempre el mismo: él impune y yo que ya no doy más", expresa la mujer que se gana la vida como vendedora ambulante.

Ni botón de pánico para ella ni pulsera electrónica para él, lo único que consiguió de parte de la justicia fueron dos medidas perimetrales contra Zavall y que tampoco, según explica, nadie hace respetar. "Todos los días pasa por la puerta de mi casa en su auto, por lo general en la noche. Aveces, cuando salgo a comprar, está en la esquina. Me vigila", cuenta C.V. y sigue: "Hasta le paga a un vecino para que le diga si alguien viene a mi casa. Cuando no estoy, me llama infinitas veces, me deja mensajes, me escribe cartas".
"Es un psicópata que intentó matarme, pero nadie hace nada. No sé que esperan, ¿que pase lo peor?", declara con la voz quebrada y el alma partida."Yo necesito que se acabe, no puedo más. Si mis hijos no existieran, no sé de qué hubiera sido capaz", agrega la joven que se siente enferma de dolor.
Entre los episodios de extrema violencia que vivió con el acusado recuerda dos: "Una vez en la calle me tiró el auto encima y otra, algo que no puedo demostrar pero estoy segura de que estuvo atrás, después de una audiencia por la cuota de alimentos en la que resulté favorecida -aunque el beneficiado es mi hijo- mi casa se incendió; sólo tuve daños materiales, pero lo feo fue la sensación, lo tomé como un aviso de algo peor".
Con la mirada perdida y con el semblante de alguien que padece un presente oscuro, reconoce que la soledad es su única acompañante, pues dice no tener amigos y estar alejada de su familia. "Por problemas personales y también porque me encerré a mi ex, quedé sola", detalla.
Después de tres años, sin haber encontrado una solución que le de fin a su calvario, su última ficha tal vez sea -tristemente- esta nota. "Pido a gritos ayuda pero nadie me escucha. Quiero vivir en paz y no con la sensación horrible de que en algún momento algo malo va a pasar. Quiero justicia, que si no respeta lo que un juez ordenó que vaya preso. Que no me haga nada, quiero vivir", cierra.