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TESTIMONIOS EXCLUSIVOS

Pasar la Navidad preso: entre la esperanza y la resignación

Seis testimonios de internos del Penal de Chimbas que pasarán las fiestas presos. El clima sensible que se vive en los días previos, contado por sus protagonistas.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Agostina Montaño


Algunos de ellos llevan 17 años presos, otros menos de 10, hay mamás que están lejos de sus hijos y otras que planean disfrazarse de Papá Noel para que los chicos pasen una Navidad adentro con ellas, como si estuvieran afuera. Otros saben que es la última que pasan detenidos y están tranquilos, saben que llega la fecha y se arman los "Ranchos”. El "Rancho” adentro del Penal de Chimbas es sinónimo de familia. Se acompañan para las fiestas, cumpleaños, días del niño, del padre, de la madre y todo lo que los ayude a no sentirse tan solos.

Son las 11 de la mañana del 22 de diciembre y la cola en la guardia del Penal de Chimbas parece eterna. Mujeres acompañadas de sus niños, con bolsas de supermercado esperan para entrar y dejarle a sus maridos, hermanos padres o madres algo para que pasen la Navidad lo mejor posible.

Por suerte hay una brisa fresca, algo extraño en San Juan para estas fechas y la espera se hace más amena.

"Dale Agostina, apurate”, le dice una de las mujeres a su hija de unos 5 años que entra cargada con bolsos de comida.

 

 

 

Al ingresar hay una mesa larga donde se disponen varios penitenciarios que revisan minuciosamente todo lo que entra: garrapiñadas, algunos tupper con sanguchitos y hasta regalos de los familiares de los internos. De no ser por este detalle, el interior parece un día como cualquiera.

Estas historias no pertenecen a esta cronista, pertenecen a Guillermo, Lucas, Alejandra, Gisela, Eduardo y Martín.

Gisela está presa hace 5 años, llega a la entrevista con el niño en la cadera, se llama Austin y tiene un año y medio, desde que nació está en el Penal con su mamá.

"Es la segunda Navidad que él pasa acá conmigo, ellos pueden salir pero estas Fiestas no se lo pueden llevar y se va a quedar conmigo”, cuenta Gisela. Dice que pasar la Navidad adentro del Penal es triste pero Austin no es el primer hijo que crece con ella detenida y ya está acostumbrada.

 

 

 "El año pasado no tenía plata para regalarle nada pero por suerte las chicas de la guardia (penitenciarias) juntaron plata y le trajeron a todos los niños”, cuenta agradecida.

Las mamás del pabellón de Gisela ya lijaron y pintaron en lugar. Además armaron tres arbolitos, con dificultad porque cuesta ingresar los adornos. "No importa que sea Navidad, tratamos de que todo el año sea como afuera”, relata.

Gisela tiene cuatro hijos y a pesar de que cree que Austin estaría mejor afuera prefiere que se quede con ella. "Si los hermanos estuvieran todos juntos me gustaría que pasara Navidad afuera pero como mis hijos están separados prefiero que las pase conmigo”, detalla.

El caso de Alejandra es parecido, la diferencia es que ella tiene sus dos hijas a cargo de sus padres y no con ella en el Penal.

Es su primera navidad presa pero no quiere que las nenas vengan a verla a la cárcel. Cuando cayó presa estaba embarazada pero apenas nació su beba fue criada por sus abuelos y nunca entró.

"Me ha costado mucho, mi bebé cumplió tres años y no pude estar en sus cumpleaños. Llegan las fiestas y los sentimientos están a flor de piel, nada más quiero que me dejen ser mamá”, dice y empieza a llorar.

Alejandra no quiere que su hija entre al Penal porque un psicólogo le dijo que "los niños graban las vivencias después de los tres años” y ella no quiere que se acuerde de que la iba a ver a la cárcel.

 

 

 Las mamás sufren mucho la Navidad adentro del Penal pero también están los internos como Eduardo que lleva 17 años preso y por lo tanto 17 Navidades tras las rejas. A él lo condenaron a prisión perpetua y las fiestas son un día más en su vida.

Eduardo está en un pabellón aislado donde está la comunidad terapéutica. "La familia te hace que más o menos la vas pasando, tus hijos y todas esas cosas”, relata.

Él sabe que es muy difícil que tenga beneficios como salidas transitorias pero tiene esperanza y dice "en algún momento voy a estar con mis hijos”. Cuenta que a su hija la ve de vez en cuando pero "pasa que está en la adolescencia”, se justifica, y ahora lo visita menos.

Eduardo dice que para las Fiestas espera a sus hijos con sanguchitos para "pasar un rato lindo” pero sabe que no los verá el sábado y el domingo así que festejará su Navidad el mismo jueves por la tarde. Admite que la ansiedad ya no es la misma que cuando llegó al Penal y dice que a medida que pasan los años "lo pasás más tranqui”.

 

 

 Este año en el pabellón de Eduardo no armaron arbolito pero asegura que cuando llega la noche del 24 de diciembre juntan las mesas y cada uno pone lo que le trajo su familia para compartir y brindar.

Lucas cayó preso hace seis años, justo un mes antes de las fiestas. Cuenta que la primera Navidad en el Penal es "la peor”. Cuando lo metieron al Penal tenía recién cumplidos los 18 años y dice que "fue muy difícil” pero ya le falta poco para salir y está mucho más tranquilo.

Martín es otro de los que más años lleva detenido, en total 15, pero tiene una condena de 28 años. Pronto va a poder pedir el beneficio de las transitorias pero es uno de los más pesimistas.

"Se trata de pasar lo mejor que se pueda. Falta uno en la mesa pero para mí es un día más, no hay Fiestas para mí”, relata. Martín no lleva la cuenta de las Navidades en el Servicio Penitenciario.

El caso de Guillermo es distinto, lleva cuatro Navidades preso y esta va a ser la quinta y última. Está contento porque sabe que después de la Feria Judicial podría salir en libertad. Su familia no es sanjuanina y vienen cada tanto. "Ellos ya están acá, así que vendrán el 24 a verme porque a mi pabellón le toca ese día la visita”, asegura.

Pero no todos corren la misma suerte de Guillermo y hay otros internos a los que no les tocó la visita ese día y tendrán que esperar.

Guillermo es optimista y está en un pabellón donde "la mayoría son cristianos”.

"Nosotros entendemos la Navidad diferente, ya no como lo mundano sino como algo más espiritual”, cuenta. A ese pabellón entran los pastores y hasta dan misa a los internos.

"A esta altura de la vida uno tiene que buscar disfrutar cada momento”, dice.

LA ANSIEDAD DE LOS PROCESADOS

Oscar Ghilardi, director del Penal de Chimbas, admite que las Fiestas no son una época fácil dentro del servicio.

Sin embargo hace una diferencia entre los procesados y los condenados. "El interno que siempre está más alterado es el procesado porque no sabe qué le va a pasar y la incertidumbre causa ansiedad”, dice.

El penado, en cambio, ya sabe cuánto tiempo le queda y lo vive con más tranquilidad.

Para evitar disturbios en las Fiestas el equipo del Penal de Chimbas comenzó a trabajar en octubre. 

Oscar Ghilardi, director del Penal de Chimbas.

 

"La desinformación causa malestar entonces lo que hicimos fue formar un equipo técnico de gente que entiende de leyes y procesos y visitaron a los internos para despejar dudas”, relata Ghilardi.

Según el director, este grupo de personas estuvo trabajando desde hace meses para evitar esta ansiedad propia de la época explicándole a cada interno cuál es su situación judicial.

Pero además de la parte técnica se trabaja en lo humano y los psicólogos y asistentes sociales se convierten en bastiones fundamentales adentro del Penal de Chimbas.

"Es como un operativo especial que se monta donde se trabaja con valores humanos más que con valores materiales. Se ha estructurado sobre esto entonces esto nos hace llegar a las fiestas en paz. El año pasado también tuvimos una fiesta muy tranquila”, dice.

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