Una historia de cine llega a juicio: el "manochanta" depravado

Es conocido en tribunales porque se masturbó mientras lo entrevistaba la psicóloga del Poder Judicial. Está acusado de haber violado a una niña bajo la promesa de que así curaría a sus hermanitos. Por Agostina Montaño
sábado, 22 de agosto de 2015 · 12:39

Miguel Ángel Delgado Oyola ganó popularidad en Tribunales porque luego de ser detenido se masturbó en medio de su entrevista con la psicóloga. Tan descarado fue su toqueteo que no sólo la profesional debió llamarle la atención sino también un policía de la alcaidía que presenció el acto sin poder creerlo.

El hombre estaba ahí luego de haber sido denunciado por su concubina, cuyas iniciales son B.C, una mujer de 29 años que declaró ante la Policía que Delgado la violaba desde que era una adolescente.

El infierno de B.C empezó cuando la niña tenía nada más que 15 años. De personalidad "inmadura, e inestable, pasiva y temerosa”, según su informe psicológico,  a B.C no le pareció raro cuando su mamá trajo a un "brujo” que iba a "curar” a su abuela enferma.

Ese hombre que decía ser curandero era Miguel Ángel Delgado Oyola y en el año 2000, fecha en que conoció a B.C, tenía 43 años.

 Fue así que el sujeto logró infiltrarse en el núcleo familiar y a poco tiempo de haberlas conocido comenzó también a realizar "rituales” con la madre de B.C y con sus tías.

Según consta en las declaraciones de la víctima ella, su padre y sus hermanos se encerraban en una habitación de la casa donde vivían en la calle Vidart y 6, Pocito, mientras Delgado realizaba sus rituales de curanderismo.

Así fue hasta que el padre de B.C se dio cuenta de que su esposa y Delgado tenían una relación y abandonó la casa dejando el camino libre al "curandero”, que a esa altura ya había convencido a la madre de la joven de que todos sus problemas eran fruto de la brujería.

Nadie sabe bien cómo pero el "curandero” convenció a la madre de la chica de 15 años de que sus dos hijos varones se enfermaban porque les habían hecho un "trabajo” y que la única forma de solucionarlo era a través de la brujería.

De este modo el brujo le explicó a la madre de B.C que para curar a los varones sería fundamental la ayuda de la adolescente ya que para los rituales era necesario el flujo vaginal de la menor.

Tan perverso era el plan de Delgado que, según las declaraciones de B.C, hasta "tenía un libro en donde decía a qué hora debíamos mantener relaciones sexuales según la posición de la luna”, explicó.

Así, y con el consentimiento de la madre de la chica, Delgado comenzó con los rituales. Una primera parte consistió en acostar a la chica en la cama matrimonial y frotarle sus partes íntimas para lograr excitarla. Este modus operandi se repetía durante tres días seguidos y luego el brujo recomendaba que se descansara siete días para volver a empezar.

La segunda parte del ritual era a través de una vela. Bajo la supervisión del brujo, la madre de B.C debía colocarle un preservativo a una vela para luego introducírsela a su hija, también durante tres días seguidos para luego parar siete.

Finalmente Delgado consiguió salirse con la suya y comenzó con la tercera parte del ritual que era, básicamente, acostarse con la adolescente de 15 años, que obligada y manipulada por su propia madre no tuvo más remedio que acceder a las perversiones de su padrastro curandero.

A través de engaños la adolescente, que hasta ese momento era virgen, fue corrompida por Delgado durante un año entero hasta que a los 16 años quedó embarazada y fue obligada a abortar el bebé.

Las violaciones a la joven continuaron ocasionando dos abortos más y un niño que al momento de ser detenido el curandero ya tenía 4 años y fue producto de los reiterados abusos.

Cuando B.C tenía 23 años su madre abandonó la casa dejándola con Delgado que para esa época comenzó a golpearla brutalmente.

Según el examen de las profesionales del Poder Judicial que atendieron a B.C, la chica desarrolló hacia su perpetrador lo que es conocido como Síndrome de Estocolmo. "La víctima se identifica con el agresor y genera un vínculo dependiente con el mismo. Surge así un vínculo interpersonal de protección entre víctima y agresor, en un entorno traumático y de aislamiento. Se produce una acomodación y aceptación del abuso sexual que se prolonga en el tiempo”, describe el informe psicológico de B.C.

Así transcurrieron los aberrantes hechos hasta que en diciembre de 2013 la chica, ya de 29 años, se cansó de que Delgado, devenido en su concubino, la golpeara y se fue con su pequeño hijo a vivir a la casa de su padre.

Sin embargo el curandero no iba a soportar no salirse con la suya y en enero de 2014 fue a buscar a B.C, la amenazó diciéndole que iba a matar a todos los que la habían ayudado y la obligó a volver a la vivienda que compartían. Ya en el lugar Delgado mostró otra de sus facetas y comenzó a golpear brutalmente a B.C que escapó por los fondos de la casa con su hijo y se tomó un remis.

Fue ese chofer, casual testigo de los padecimientos de B.C, quien la convenció de radicar la denuncia contra Delgado, dejando que salieran a la luz los abusos que la joven había sufrido durante 14 años.

El 15 de septiembre el curandero  llegará a juicio procesado por el delito de abuso sexual reiterado con acceso carnal calificado por la situación de convivencia previa y podría ser condenado a 20 años de prisión. 

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