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Alcohol y barbitúricos, el peligroso cóctel que gana terreno en San Juan

En Urgencias del hospital Rawson cada vez reciben más jóvenes intoxicados con esta mezcla, la mayor parte son varones entre 18 y 25 años. Por Natalia Caballero.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Natalia Caballero

Un cóctel explosivo es el que consumen cada vez con mayor frecuencia los jóvenes sanjuaninos que ingresan al servicio de Urgencias del Hospital Rawson por intoxicación durante los fines de semana. Alcohol y tranquilizantes son los elementos mezclados que pueden llevar a los consumidores hasta la muerte. Desde el nosocomio indicaron que reciben entre dos y cinco casos a la semana mientras que antes no llegaban a los cinco al mes.

La mayoría parte de los cócteles están compuestos por bebidas alcohólicas de todo tipo, pero fundamentalmente vino y bebidas blancas, y psicofármacos como clonazepam, lexotanil, benzodiazepina, prozac y alplax. Los jóvenes dicen que hacen estas mezclas porque “pegan más”, pero en realidad tanto el alcohol como los barbitúricos son depresores del sistema nervioso central y en vez de provocar una sensación de euforia llevan a los consumidores a una disminución de la actividad cerebral, explicaron los médicos.

Los mayores consumidores de estos cócteles dañinos son jóvenes varones de entre 18 y 25 años, que ingieren estos “tragos locos” en la previa a la salida al boliche. También es común que los pibes lleven las pastillas al local bailable y allí realicen las mezclas que pueden terminar en desmayos, alteraciones del comportamiento y hasta en caídas accidentales que provocan graves lesiones. De igual modo, el consumo de cócteles locos va en aumento en las mujeres y es una problemática que atraviesa todas las clases sociales.

¿Cómo consiguen las pastillas los jóvenes? La respuesta no es tan simple, además de sacarlas del botiquín de la casa se han detectado muchos casos de robos de sellos a médicos, según contó el Jefe de Urgencias, Pablo Flores. “Apenas se pierde un sello nosotros realizamos la denuncia correspondiente en la Policía. Estas pastillas sólo pueden ser compradas bajo prescripción médica y con la finalidad de hacer recetas falsas nos roban a los profesionales los sellos”, explicó Flores.

Asustados ante la nula reacción de los consumidores de cócteles, los amigos suelen ser quienes llevan a Urgencias a los pacientes, que en muchos casos pierden hasta el conocimiento. Si el ingresado es menor de edad, se procede a llamar a los padres, quienes en muchos casos se muestran sorprendidos por el accionar descontrolado de sus hijos.

Generalmente los amigos del paciente no suelen decir qué cantidad de alcohol se ingirió ni tampoco si han tomado alguna pastilla. Para evitar cualquier problema, se les hace un análisis para detectar el nivel de alcohol en sangre.

Cuando llega un borracho a Urgencias se le realiza un lavado con suero. El tratamiento consiste en la colocación de varias soluciones fisiológicas, el objetivo es que el paciente orine en abundancia para que se vaya depurando el organismo. Además se los suele dejar en observación durante un día para evitar cualquier tipo de complicación posterior. En 30 años, Flores nunca tuvo que lamentar la muerte de una persona con intoxicación etílica, pero a largo plazo suelen haber complicaciones que pueden terminar hasta en una cirrosis.

Los efectos de la combinación fatal

El alcohol y los tranquilizantes comparten efectos sedativos. En ese sentido, pertenecen a un mismo grupo de sustancias. Ambos por separado, en dosis muy bajas, producen escasa perturbación de las funciones cognitivas y del desempeño de actividades de la vida diaria.

Sin embargo, estas perturbaciones son cada vez mayores a medida que aumenta la dosis. Si se juntan el alcohol y cualquiera de los tranquilizantes se alteran todas estas funciones, por lo cual debe evitarse esa combinación, aún en dosis bajas.

El alcohol altera la capacidad oxidativa, proceso mediante el cual son metabolizados la mayoría de los tranquilizantes. Además, se altera la unión de estas sustancias a los receptores cerebrales. Se produce efecto aditivo de los componente sedativos que afecta la habilidad para manejar vehículos y todas las actividades prácticas e intelectuales de la vida.

A niveles de consumo más alto o de abuso, la combinación de alcohol y tranquilizantes agrava el riesgo de muerte por intoxicación, de dependencia cruzada y de síndrome de privación al suspender bruscamente el consumo.

Desfile de borrachos

El servicio de Urgencias del hospital Rawson se transforma en un desfile de borrachos durante los fines de semana. Es que en promedio uno de cada tres pacientes que ingresa de viernes a domingo es por intoxicación etílica. La mayor parte son hombres menores de 30 años pero también hay chicos menores de 18 que son atendidos en Pediatría.

Durante los fines de semana suelen producirse 300 ingresos diarios al servicio de Urgencias del Rawson, 100 de estas entradas están protagonizadas por pacientes borrachos, que suelen ser llevados por amigos y hasta por parientes.

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