En medio del trajín cotidiano del microcentro de San Juan, un pequeño kiosco de madera llama la atención de quienes transitan por calle Catamarca, entre Ignacio de la Roza y Mitre. Allí, Orlando Garay y su mujer Carina Castro, una docente con espíritu creativo, impulsaron una propuesta poco común: transformar su comercio en un espacio de memoria, color y reflexión.
Desde su apertura, el negocio no solo ofrece productos y café para los transeúntes, sino también una experiencia visual y emotiva. Con una mesa, un par de sillas y una pared como lienzo, la pareja comenzó a pegar imágenes alusivas a diversas temáticas que invitan a detenerse y mirar. La fachada pertenece a la sede central de Obras Sanitarias Sociedad del Estado (OSSE), y se ha convertido en un improvisado mural que evoluciona con el tiempo.
Una de las primeras intervenciones fue un homenaje a los héroes de Malvinas, una causa que consideran parte del sentimiento colectivo nacional. También dedicaron un espacio al papa Francisco tras su fallecimiento, y rindieron tributo a los trabajadores sanitaristas, en un gesto de gratitud hacia quienes cumplen funciones esenciales pero poco visibilizadas.
En estos días, la propuesta se tiñó de celeste y blanco. Con motivo de la Semana de Mayo, el kiosco adoptó un aire patriótico. En la pared se destacan palabras como “Revolución”, “paz”, “pueblo” y “libertad”, que invitan a recordar el espíritu de 1810. Las imágenes y frases generan un pequeño impacto visual que resalta en el contexto urbano.
“Queremos que esto no sea solo un negocio, sino un espacio con sentido”, expresó Orlando, mientras servía café a una clienta. Según contó, muchos vecinos y trabajadores de la zona se detienen a mirar y agradecer la iniciativa. “Mucha gente nos felicitó, dicen que engalana este rincón del centro”, agregó con orgullo.
La iniciativa no solo aporta una estética distinta a una esquina muy transitada, sino que también despierta interés en torno a fechas y valores significativos. Se trata de una forma de educar y sensibilizar desde lo cotidiano.
Así, en una casita de madera rodeada de cemento, Orlando y Carina continúan apostando por un modelo de comercio que combina atención, calidez y contenido. Un kiosco que no solo vende, sino que también comunica y celebra la identidad de los sanjuaninos.