Eugenio y Eduardo Temiño vinieron al mundo a las 11:45 y 11:47 de un 28 de enero de 1994. Su nacimiento marcó un antes y un después en la historia médica de San Juan (y probablemente del país), porque fueron los primeros mellizos en nacer mediante fertilización in vitro en Cuyo. Pese a que su historia sorprende por la maravilla de la ciencia, su vida también tiene un costado marcado por el amor y el deseo. El deseo de unos padres que nunca se rindieron, el deseo de una madre que puso el cuerpo para cumplir su sueño de ser mamá. Y el amor de hermanos que, según definieron, constituye un lazo único.
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El primer milagro de la fecundación in vitro en Cuyo, 32 años después: así están hoy los mellizos Eugenio y Eduardo
Eugenio y Eduardo Temiño nacieron un 28 de enero de 1994. Pero su historia no es la de dos mellizos comunes y corrientes, porque fueron fruto de un avance científico que hasta el momento era muy poco común en San Juan.
María Elena y Eugenio Eduardo se casaron 1983. Ella abogada, él comerciante. Inmediatamente, empezaron a intentar ser padres, pero la búsqueda fue infructuosa. Cuando los caminos naturales se agotaron, concurrieron al consultorio del doctor Carlos Coria, quien fue el primer médico especialista en fertilización asistida de San Juan y que ya en 1992 le había dado a la provincia y a Cuyo el primer nacimiento in vitro.
En 1993, sin saber muy bien por qué María Elena nunca había podido quedar embarazada, decidieron intentar a través de todos los métodos. Coria decidió preparar el útero e intentar a través de dos metodologías: GIFT (Transferencia intratubárica de gametos) y Fecundación In Vitro. La fecundación in vitro (FIV) consiste en unir el óvulo y el espermatozoide en el laboratorio, mientras que la GIFT implica introducir ambos gametos en la trompa de Falopio para que la fecundación ocurra dentro del cuerpo de la mujer.
La ansiedad por el resultado era tal que apenas a los 15 días del procedimiento el Dr. Coria pidió análisis. Dio negativo. “El Dr. Montes de Oca nos dijo que Carlos era muy ansioso”, contó María Elena.
A la semana siguiente, repitieron los estudios y dio positivo. Tanto esfuerzo había dado su fruto. Aún no sabían cuántos embriones habían “prendido”, hay que recordar que la fertilización había sido múltiple.
Podrían haber sido tres, o cuatro. Y era esa la preocupación de Coria, porque si el embarazo era múltiple podía correr riesgo. Cuando se hicieron la ecografía, eran dos. El festejo fue múltiple por muchos motivos, porque eran dos embriones, pero también porque fue un alivio para el médico.
Desde ese momento comenzó un largo proceso. El embarazo era de riesgo, ya que María Elena tenía 36 años y se trataba de una gestación múltiple, por lo que requería muchos cuidados y reposo absoluto en cama.
Salvo algunas internaciones durante el proceso, todo transcurrió según lo previsto. Sin embargo, a los siete meses de embarazo, Eugenio rompió su bolsa de gestación y ya no hubo vuelta atrás: la cesárea debió realizarse en el Hospital Privado. El nacimiento fue todo un acontecimiento, con periodistas dentro y fuera del quirófano. No era para menos: Eugenio y Eduardo se convirtieron en los primeros mellizos nacidos mediante fertilización in vitro.
El deseo de ser padres y el avance de la ciencia fueron una combinación clave que cumplió el sueño de una pareja. Pero también un paso fundamental para la historia de San Juan.
Una vida normal y una conexión única
Eugenio Eduardo, el padre de los chicos, falleció hace algunos años. Sin embargo, María Elena recuerda que siempre los llamaba “sus varoncitos”. La vida continuó con normalidad, entre su trabajo y la crianza de los mellizos.
La relación entre Eugenio y Eduardo es muy estrecha: aunque son muy diferentes entre sí, prácticamente son el reflejo uno del otro. Crecieron y descubrieron la vida juntos, y su conexión es inevitable. Según contó Eugenio, no se trata de algo mágico, sino de un nivel de conocimiento único: nadie conoce mejor a una persona que su propio hermano.
De hecho, Eugenio vivió durante dos años en Estados Unidos, y la distancia con Eduardo fue, según él, una sensación difícil de explicar.
La vida tenía otra sorpresa preparada
En 1997, sin ningún tratamiento de por medio, María Elena quedó embarazada de manera natural. Esta vez, era una sola bebé: Ana Helena.
De no ser madre a ser madre de tres. Mellizos, varones y una nena. La experiencia completa. A 32 años de ese hecho, María Elena explica que todo el esfuerzo valió la pena.