Hay momentos en que la historia nos empuja a elegir: o damos un paso al frente o nos quedamos mirando como otros deciden por nosotros. Este es uno de esos momentos. Vivimos un tiempo liminal, un umbral entre lo que ya no sirve y lo que todavía no nació. Es un instante suspendido entre variables pasadas y un futuro que cuesta encontrarle la forma, pero lleno de posibilidades. Un laboratorio donde el mundo se redefine, y con él, nuestras ideas, nuestras prácticas y nuestros valores.
La oportunidad de volver a ser el peronismo que no pide permiso
San Martín y la inspiración necesaria para decidir en base a la acción, el coraje y no a fórmulas tiktokeras. El pueblo, como una única guía. Por Eduardo Camus.
El peronismo, que supo ser fuerza creadora, representante de mayorías y realizador de sueños, hoy está frente a una encrucijada. Aferrarse a la nostalgia no alcanza. Repetir promesas gastadas no alcanza. Nuestro pueblo está afuera de la política, y no por desinterés, sino por desencanto: sienten que nadie les habla en serio, que todos juegan a la política mientras ellos juegan a sobrevivir. Cambiaron el olor a pueblo por las ventanas con black out.
En ese vacío avanza Javier Milei, con un gobierno que no achica el Estado: achica la Patria. Les roba dignidad a los jubilados, certezas a los trabajadores, futuro a los pibes. Destruye la universidad, desfinancia la salud, humilla a la ciencia, y gobierna como un rematador barato, liquidando lo que generaciones construyeron con sudor y sangre. Mientras el país se hunde, él se entretiene insultando, provocando y fabricando caos para tapar lo esencial: el saqueo y la destrucción de todo lo que nos enorgullece como Nación. La fragmentación es tal que nos encontramos con la soledad más profunda y la política, inactiva y sin respuestas ante tamaña herida social.
El 17 de agosto, día en el que recordamos al General San Martín, se cierran las listas para diputados nacionales. Puede ser una fecha más o el momento en el que nos reencontremos con nuestro SER para convertirnos en protagonistas de un nuevo tiempo. Defender la Patria hoy no se hace con discursos tibios ni con candidatos del establishment: se hace con ideas claras, convicciones firmes y un compromiso absoluto con nuestro pueblo. Como escribió Perón aquel 17 de agosto de 1948:
“El mundo está formado por hombres fuertes y por hombres flojos. Nuestra generación es la generación de una causa. Hemos de luchar por ella si somos fuertes o iremos a pedir la ayuda a terceros si somos flojos.
No debemos ir a buscar ejemplos ni imitaciones en ninguna parte, cuando tenemos en nuestra historia la página más pura que la humanidad ha producido hasta nuestros tiempos. No debemos buscar inspiraciones extrañas cuando el General San Martín, allá en los Andes, hace más de cien años, dejó escrita para todas las generaciones la gloria y la forma de alcanzarla.”
Basta de cafés entre cuatro paredes, de roscas que se agotan en sí mismas, de diferencias que solo sirven para dividirnos. El peronismo nació para representar a millones, no para conversar entre pocos. Si en estas elecciones presentamos una propuesta acartonada, sin alma y sin coraje, llegaremos a 2027 entregados. Necesitamos peronistas auténticos, hombres y mujeres que vivan la doctrina, que sientan la calle, que se mojen bajo la lluvia con su gente y que tengan la valentía de proponer nuevos sueños.
No hay transformación sin audacia. Sin frescura. Sin verdad. No se trata de traducir esta época: hay que habitarla, interpretar sus silencios, romper los sentidos comunes que nos imponen desde arriba. Construir una mayoría que no sea solo suma de votos, sino una comunidad viva, con un horizonte común. Como dijo Perón: “La acción política debe ser una permanente creación”.
Hoy miles de familias compran el pan con préstamos usureros de billeteras virtuales. La incertidumbre y la angustia son parte del día a día. Pero también somos millones los que queremos cambiarlo, que salimos a militar convencidos de que este no es el destino de nuestro país. Esa fuerza no la frena ningún decreto, ningún algoritmo, ningún discurso de odio.
El peronismo tiene una oportunidad histórica: volver a encender la llama de la esperanza para abrir caminos nuevos. No para resistir eternamente, sino para conducir el porvenir. Pase lo que pase el 17 de agosto, la decisión ya está tomada: vamos a construir un peronismo más conectado, más cercano, más verdadero.
Es la hora de los que sueñan y se animan. De los que no piden permiso para defender lo que aman. El peronismo vuelve, no para recordar lo que fuimos, sino para hacer lo que falta.