A medida que crece el escándalo en el casillero social, se simplifica en el judicial. Es lo que ocurrió en la semana con el prometido aporte de pruebas del contador Juan Brozina en el escándalo por la estafa de las limosnas, que detonó como una bomba por sus revelaciones (muchas de ellas ya reveladas) pero que fue una cañita voladora hogareña para la investigación del juez Benedicto Correa.
Brozina, el hombre que en noviembre fue sorprendido con misteriosas transferencias de fondos desde la cuenta que administraba en el Arzobispado hacia una suya personal, que fue denunciado en febrero y procesado la semana pasada con inédita velocidad, contraatacó en el terreno de declaraciones a los medios. Y generó un revuelo histórico, poniendo nada menos que contra las cuerdas al máximo referente religioso de la provincia, monseñor Alfonso Delgado.
En ese escenario detonó un poderoso explosivo: admitió que efectivamente había cometido el acto en cuestión, pero lo contextualizó con una supuesta obediencia debida al jefe, es decir el propio Arzobispo. Y prometió en futuros capítulos entregar las pruebas de que a ese dinero retirado ilícitamente de la sede religiosa la manejaba el propio Delgado para extender una supuesta red de favores para comprar votos entre los curas, junto al listado de los sacerdotes que recibían esos recursos.
Demoró extrañamente la presentación de esas supuestas pruebas. Primero, en la tensa indagatoria del viernes 18 de marzo en la que todo el tiempo estuvo insinuando al juez Correa sobre el contenido que tendrían esos supuestos secretos. Luego, en la entrevista que dio a Diario de Cuyo publicada el domingo siguiente, en la que aseguró que el dinero que él retiraba era para que Delgado "comprara votos de curas” y nuevamente prometió hacer más adelante las revelaciones ante el propio juez sobre la identidad de esos beneficiarios. Y finalmente el lunes pasado, cuando fue citado a Tribunales a notificarse de que había sido procesado y anunció para el día siguiente la presentación de la famosa lista.
No hizo más con esa seguidilla de dilaciones que simplificarle el trabajo al juez Correa, a quien por vías informales intentó descalificar señalando que era víctima de una especie de Forum Shopping, que es cuando un denunciante selecciona el momento de hacer la presentación especulando con la designación de un juez en los papeles más amigables. Por esos mismos canales hizo correr la versión de que el Arzobispo lo impulsó para llegar a su asiento de juez, argumento que hace agua entre todos los que conocen los hilos políticos que se tejen en Tribunales. Por otro lado, la causa cayó en febrero en un jugado sin juez porque Maximiliano Blejman fue ascendido a camarista y su lugar no ha sido vuelto a ocupar, por lo tanto queda como subrogante quien le sigue.
Para Correa, la resolución fue relativamente sencilla porque se lo facilitó el propio Brozina. Hay una denuncia por administración fraudulenta contra el contador y el propio imputado aceptó en indagatoria que el hecho efectivamente ocurrió. Sencillo. Luego agregó que lo hizo para que el propio Delgado manejara ese dinero, y esas son las pruebas que prometió presentar y finalmente después de tanto anuncio hizo al día siguiente de ser procesado. Es decir el martes.
Pero el largo listado que hizo pasar por mesa de entradas al día siguiente su abogado Fernando Rahmé con la firma del imputado Brozina fue una lista de nuevos escándalos, sin un solo dato que apuntalara su posición en el caso puntual del robo de la limosna. Dicho de otro modo: Brozina prometió los nombres de los destinatarios de los fondos de Delgado y lo que hizo fue abrir nuevos escándalos sin nada que le diera argumentos a la supuesta conducta de Delgado en la causa que se lo investiga. Si dijo ante el micrófono que el Arzobispo compraba voluntades con la plata que él retiraba, de la larga lista que le dio al juez no surge ni mínimamente la sensación de disponer de una línea de razonabilidad. Por el contrario, habló de supuestos nuevos escándalos pero de nada referido a lo que investiga Correa. El salame con la velocidad, nada que ver.
Dijo por ejemplo que:
-Un ex sacerdote de apellido Armendariz dejó el sacerdocio y vive con una pareja y un hijo en Mendoza.
-Otro sacerdote llamado Ariel Ayala fue separado de la conducción del Colegio Santa Teresita del Niño Jesús porque hubo "muchísimas irregularidades”. Y que hubo un faltante de $2 millones por el que fue echado el administrador Pablo Fernández, a quien califica como chivo expiatorio. El profesional, dice la nota, fue indemnizado.
-Habló de "gastos personales, pasajes y electrónica” que Delgado supuestamente manejaba "a su antojo”, sin más detalle.
-Que Delgado manejó un plazo fijo cifrado en dólares en un banco de Miami supuestamente destinado a la capilla del seminario, que desvió a otros gastos. Que se perdieron U$S 225 mil y que algunas de esas maniobras que habrían realizado sin conocimiento de la Afip.
-Que la famosa venta de un terreno de la parroquia de la Medalla Milagrosa se hizo sin la aprobación del Consejo Presbiteral (cosa que ya había denunciado hace más de un año el desplazado para Coyo Rosales).
-Y que en el capítulo del padre Román Becerra, que fue sorprendido manteniendo "una relación sentimental” y "tuvo que mudarlo”. Este pasaje es central porque Becerra era el vicario que disponía de una de las dos claves de acceso a la cuenta bancaria del Arzobispado, junto a la otra que manejaba Brozina. Y las transferencias que son objeto de la pesquisa judicial debieron contar con la presentación de las dos claves, entonces ¿quién manejaba la de Becerra?
En un momento, la estrategia de Brozina pareció centrarse en que quien lo hacía era Delgado, con lo cual daba crédito a su relato de que el propio obispo consentía los movimientos. Pero con la presentación, la cosa parece cambiar al punto que quien operaba la clave de Becerra –a quien el propio Brozina enchastró con su media revoleada a más no poder para justificar su separación de la clave- era manejada por el propio contador imputado por desviar el dinero.
Las supuestas infidelidades de los religiosos hacia su compromiso de castidad –como los que relata de Becerra o de Armendáriz- son imputables en el ámbito moral y las normas de la propia Iglesia. La supuesta conducta de Ariel Ayala puede constituir un nuevo delito de administración fraudulenta como el que tiene procesado al propio Brozina, más aún si lo que "faltaron” fueron $2 millones, pero no fue denunciado. Las supuestas irregularidades en el traspaso de un terreno donado por un empresario y vendido por el Arzobispado sin la autorización del Consejo supone la posible violación del derecho canónico. El manejo supuestamente irregular de un fondo dolarizado en tiempos de cepo amerita una denuncia en el juzgado federal, que es la competencia de los delitos de evasión. Como mucho, podrá suponer el ingreso al registro de los Panamá Papers, si ese fondo se hubiera constituido en una empresa off shore en un paraíso fiscal.
Pero nada de eso explica todo lo que Brozina anunció con bombos y platillos por los medios e hizo agua en el juzgado. Ni el juez ni cualquier observador a la distancia podrá comprender qué elemento tiene alguna lógica de toda esa media apestosa revoleada que salpicó a mucha gente con la intención de probar lo que quedó muy lejos que estar siquiera emparentado.
¿Qué tiene que ver el vaciamiento de la cuenta del Arzobispado por parte de su ex administrador con la decisión personal de Armendariz que formar una familia, con la supuesta irregularidad del padre Becerra, con el ingreso de un fondo en dólares con el control de la Afip?
¿Dónde están relacionados esos supuestos manejos de dinero con estas nuevas y supuestas acciones ilícitas?,
¿Qué silencios surgidos de ese relato son los que hubiera sido necesario comprar?
¿Por qué Brozina parece haber sido objeto un ataque repentino de memoria y cuenta todos estos presuntos manejos ahora que cayó denunciado y procesado, y no se fue antes escandalizado?
¿Cuáles son los votos de sacerdotes que Delgado tuvo que salir a comprar con la plata que Brozina extrajo del Arzobispado, según su propio relato periodístico?, ¿en la elección de qué cosas?
Y, por último: ¿cómo reparar tanto daño?