En San Juan, en Buenos Aires, en Uruguay, en todo el mundo se compra y se vende pelo natural.
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La moda hizo que esta costumbre con ribetes escatológicos, prima facie, torne en algo aceptado, en virtud del lujo de las extensiones como mero artículo de moda, o de la confección de pelucas para enfermos oncológicos, por ejemplo, como extremos ejemplos de su uso.
En sitios porteños se llega a pagar por el pelo, de 40 o 45 centímetros de largo, hasta 10.000 pesos por kilo.
Se paga especialmente el pelo de personas albinas, muy rubias, o pelos muy negros.
Claro que en todos los casos, al menos de publicaciones públicas, no te invitan a cortarte e un auto o una combi, sino, en general, en peluquerías donde te prometen que, aparte de irte con la plata en el bolsillo, te irás con un gran corte de cabello.
