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Editorial

Juntos, pero no revueltos

El PRO local y el basualdismo se mostraron juntos en torno a Macri de cara al 2017. Pero cada uno hace su propio juego y tiene sus propios dilemas internos. Por Sebastián Saharrea.

Por Redacción Tiempo de San Juan
Todo parece confluir en un frente común entre el macrismo puro sanjuanino y el basualdismo para el año electoral que se avecina. Será de todos modos con matices, en el fondo y en la superficie, dignos de análisis a un año vista.
De partida, el mayor o menor fanatismo en la defensa de un gobierno nacional cuya situación de cara a la sociedad es incierta al inicio del 2017, y que seguramente condicionará las adhesiones. Para seguir, el modo en que se saldarán las movidas internas que arrastra cada espacio, en especial el PRO local. Y para cerrar, la manera en que se resolverán las candidaturas en una lista en la que no habrá superpoblación de nombres como para calmar a todos, y que avecina entonces probables tormentas de posicionamiento.
Hubo en los últimos 10 días claros gestos en común desde ambos campamentos identificados con el macrismo a nivel nacional: el lógico brazo del PRO en la provincia conducido por el diputado nacional Eduardo Cáceres y el basualdismo encabezado por el senador que da nombre al movimiento y que a cada paso que da reafirma su vínculo y respaldo hacia el presidente. Pero desde ellos para abajo, las cosas no son del todo fraternales.
Cáceres y Basualdo han sabido garantizar una paz duradera, tapizada por el acceso de ambas vertientes a los oídos nacionales diseñado desde Buenos Aires: para el jefe amarillo el manejo completo del abanico de recursos que se bajan desde el gobierno, para el senador la garantía de asistencia en metálico para obras hacia sus cuadros con mayor proyección que manejan territorio: Orrego en Santa Lucía y Martín en Rivadavia.
Ese es el insumo principal que ha lubricado el tácito acuerdo entre dos vertientes políticas que han tenido sus idas y vueltas en los últimos tiempos: en aquella recordada interna de 2013 que ganó Cáceres por el canto de una uña, luego las desinteligencias del 2015 en que marcharon por carriles separados por falta de acuerdo por sus referentes nacionales (Basualdo prefirió a Massa, aunque luego se encaminó con Macri, especialmente en el ballotage), y finalmente este nuevo clima bajo el paraguas nacional. Repleto de matices que amortiguan los ánimos.
En principio, con qué decisión saldrá cada uno a poner la cara por el modelo nacional, en un comicio como el del año próximo en el que se dirimen escencialmente cuestiones de índole nacional. Lo hará seguramente el PRO con pies y manos, como lo hizo ante el primer sacudón: el de las tarifas, y el llamado al timbreo para no perder la ofensiva en la calle, que en San Juan fue protagonizado exclusivamente por las fuerzas amarillas y se percibió la ausencia de otras fuerzas afines organizadas bajo el basualdismo (la gente de Ibarra, Colombo o Conti), además de las que identifican directamente con Macri como Dignidad Ciudadana o el radicalismo. Esa pelea por la ofensiva en un tema de alta sensibilidad como las tarifas no parece haber concluido, ni siquiera estar cerca de hacerlo, lo que hará necesarios nuevos timbreos y el despliegue completo de la artillería macrista en la provincia, sin excepción.
Se medirán allí las fidelidades, como lo hará también el devenir de la gestión que ya está sumergida en un segundo semestre sin novedades de reactivación, y que promete hacerlo ya entrado en año próximo. Justamente, el momento de ir a las urnas.
Esta misma semana, el jefe de Gabinete Marcos Peña le dijo a sus jóvenes de Cambiemos que para esta misma altura del año próximo "estaremos festejando”. Obvia referencia a lo que espera en el formato de una reversión de los nubarrones económicos, principal combustible del optimismo electoral. Si es así, seguramente se subirán en cataratas las voces afines al gobierno nacional en todo el espacio político en el que ha plantado una semillita. Si no lo es, costará encontrar voluntarios que salgan a mostrar la cara de manera frontal, más allá del espacio identificado sin dobleces con el PRO puro.
Ya se han hecho escuchar por lo bajo en el basualdismo algunas voces por lo bajo cuestionando lo que consideran una demora en el equipo de Macri por resolver los asuntos que más molestan en la calle. Caso inflación, consumo, reactivación o tarifas. Incluso algunos que ponen el brazo extendido delante, como marcando distancia de las acciones del propio Roberto. Se verá con el tiempo si Macri y su equipo les da motivos para salir más resueltos, o si por el contrario el clima no mejora y el contagio en consecuencia tampoco.
Esas diferencias de enfoque son las que se perciben en el campamento de Basualdo. En el PRO, en cambio, lo que abundan son recriminaciones por el manejo de los ingresos a los cargos nacionales, tanto los que se disponen en San Juan como los que aparecen en la Capital. Esa es la escencia del planteo interno formulado hace algunas semanas por el eje Turcumán-Ramírez, quien diseñaron una entente para disputarle a Cáceres la conducción del partido.
Fue rápidamente sofocada la intentona por el presidente del partido a nivel nacional, Humberto Schiavoni, quien le dijo a Tiempo de San Juan que no avalaban los planteos de su ex candidato a gobernador –quien apenas unos días después fue recibido como tal por el gobernador Uñac- y que la única representación reconocida en San Juan es la del diputado.
Igualmente no son aconsejables estos rayones en tiempos de acomodamiento. Son conocidas las fricciones históricas entre Hugo Ramírez y Cáceres desde hace años: el primero tiene línea directa nada menos que con el presidente Macri, lo que le valió su llegada a un cargo clave en el PAMI, el segundo es el indiscutido referente provincial. También lo fueron los ruidos entre Cáceres y Turcumán desde la misma campaña del año pasado, cuando el postulante a gobernador se mostraba molesto -no demasiado en silencio- con lo que consideraba una inequitativa imputación de los esfuerzos enfocados hacia la Capital y no hacia la provincia.
Ahora vuelven a cruzarse por cuestiones parecidas. Turcumán pide más consideración en el reparto de cargos, el PRO local le responde que lo que pretende es un puesto en el directorio de YPF motivado por un "mediomillonario” salario.
Cuando se aplaque el temporal, ya será el momento de tomar definiciones electorales. Por caso, lo más relevante: quiénes serán los candidatos y cómo harán los postulantes provenientes del PRO y del basualdismo para juntarse en una misma lista. Esto es: si habrá acuerdo mediante, o si será a conquista en las urnas de la instancia previa, una PASO.
Parecería sencillo: Basualdo ya tiene definido que quiere ser candidato a senador y Cáceres que lo será para la Cámara Baja. Simple. Por eso sorprendió que el senador dejara liberado a criterio de los suyos para quienes quieran disputar la candidatura a diputado, en virtual puja con el presidente amarillo. O es una herramienta de negociación para que no le embarullen su propio tránsito a la renovación de la banca, o es una señal de que habrá que ganarse los porotos en la interna previa. Preludio ineludible de acomodamientos a la fuerza, crujidos, pulseadas.
Y eso que no se discute, todavía, con que método será esa votación. Nuevo condimento, para próximos capítulos.
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