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Editorial

Al PRO local también le llegó la hora de la energía

En la hora más complicada para el gobierno nacional, salió al contacto directo en el mano a mano con la gente. Las perlitas locales en terreno pantanoso. Por Sebastián Saharrea.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Fue el timbreo, término lógicamente derivado del timbre, una de las principales fortalezas macristas para llegar al poder. Por efecto del género mano a mano y por destrezas adicionales de comunicación. Se imitarán durante un tiempo esas piezas fraguadas en los laboratorios de Durán Barba de candidatos en casas de familias, llamando al dueño de casa por su nombre de pila y adornando el cuadro con necesidades concretas de los interlocutores que el postulante escucha con atención en cada pieza audiovisual. Fue un éxito formidable.

Podrá comprenderse entonces que el regreso al timbre de la semana pasada fue una vuelta a las fuentes. Y quizá también un intento de contagiarse nuevamente de aquella aureola festiva de la campaña, mística también por ese encanto de la militancia callejera con estilo propio. Eso sí, en un contexto abiertamente diferente.

Lo que inició el fin de semana el PRO en todo el país y replicó al pie de la letra la agrupación local fue una remake de aquellos tiempos de gloria, ahora reproducido en un microclima que ha cambiado abruptamente. En el que parece incluso haber sido primereado en la conquista del espacio público: después de una manifestación contundente en pleno centro sanjuanino en contra del tarifazo –al igual que ocurrió en todas las plazas del país-, la reacción del oficialismo en el mismo plano de la calle con la timbreada dos días después.

Justamente en aquel término radica el cambio incómodo e irremediable: oficialismo. Esa modificación de ser oposición a constituir hoy el bando oficial es una brusca alteración de cosas respecto de aquel pasado reciente, que el PRO deberá aprender a interpretar. No es lo mismo reportar en el equipo de los que proponen cambios atractivos –por más romántica e inalcanzable que resulte la propuesta-, que pertenecer a quienes tienen la pelota en su campo y ya no deben proponer sino ejecutar.

No es lo mismo cuestionar que defender, siempre lo primero resulta más atractivo y sencillo para ganar la delantera. Siendo más grosero y para agudizar la comprensión, es más fácil romper que construir. Es más fácil salir a la calle por un reclamo que hacerlo en custodia. Todo aquella religión que montó el kirchnerismo por años, estructuras políticas –muchas de ellas rentadas de manera cuestionable- dispuestas a "poner el pecho por el modelo” y salirle al toro de los ataques, ahora será tarea de un nuevo oficialismo en plan de defender en la calle las embestidas que se producen en la calle. Con otros métodos, podrá ser. Con aspectos y modales diferentes, también. Pero en el fondo, se trata de una inversión de roles nada sencillo y donde radica buena parte del instinto de supervivencia político. Nada nuevo bajo el sol.

Debió movilizarse el macrismo para evitar que suba el tono del reclamo por el tarifazo a niveles peligrosos, mientras se gana tiempo para encontrarle al problema una salida decorosa. Ni el aumento de los precios, ni el ajuste en la demanda ni algún otro padecimiento económico de estos tiempos recientes ha provocado tanto fastidio como la terminante corrección del precio de los servicios. Que la gente a duras penas ha podido pagar en su primera boleta, y no parece tener demasiado hilo en el carretel para seguir haciéndolo.

Es en consecuencia el tema energético el derivador del momento más delicado de la gestión nacional. Y el que ha demandado entonces mayor energía a la militancia amarilla dispuesta a defender lo conquistado: haber llegado al poder para producir cambios visibles y beneficiosos para la mayor parte de la población.

No es fácil la salida del embrollo, cualquier camino orejea en el horizonte la necesidad de más acción en el plano callejero. Porque hoy la pelota está en el terreno de la justicia, con la posibilidad concreta de que lo analice la Corte y decida si corresponde o no aplicar la medida energética diseñada por el ministro Juan José Aranguren y cuestionada tanto puertas adentro por algún colega del gabinete (como el propio Rogelio Frigerio) como lógicamente hacia afuera del oficialismo.

Si la Corte lo avala, será complicado para el gobierno poner más paños fríos al fastidio de la gente por tener que pagar sumas que no puede pagar. Así de sencillo, hubo quienes rompieron el chanchito para que no les corten el servicio. Pero chanchito hay uno solo.

Y si la Corte lo rechaza, podrá ser un duro revés a una de las apuestas políticas más fuertes de la gestión Macri. Aunque otra manera de entenderlo puede marcar que le estaría haciéndole un favor, descomprimiendo un problema de acumulación creciente de malhumor, sin el costo político de retroceder sobre sus pasos sino por obra de una medida judicial. Que también es un costo, pero claramente menor.

Ante ese panorama salió el PRO a caminar la calle. No dejarse arrebatar la vanguardia, marcar presencia y convicción, fueron los orientadores de la reaparición de las timbreadas. Con algunos datos para subrayar:

-Primero, que a pesar de que todos los destinos de la timbreada fueron afectados por el tarifazo, en ningún lugar fueron recibidos con mala cara. Menos, de manera agresiva. Se verifica de ese modo lo que muestran los estudios de tendencia: que si bien hay una sociedad en guardia por su bolsillo, el tarifazo aún no hace derrumbar la expectativa y la confianza de la gente en la gestión nacional. Especialmente, lo primero: expectativa. Sigue siendo el núcleo cuantitativamente más importante el que el que busca hasta en el último rincón el más mínimo dato alentador para sacar la cabeza del fondo del agua, y que por ahora sigue relegando los fantasmas. Más por su propia voluntad, que porque éstos no existan.

-Segundo, la movilización de timbreo, en especial la local, fue montada con cargo exclusivo del macrismo. Fueron ellos, y entre ellos los más jóvenes de los equipos amarillos, los protagonistas excluyentes de la movida de ir a poner la cara al barrio por el gobierno de Mauricio.

El dato es relevante porque ante lo que se está delante es de una coalición de gobierno nacional, apenas encabezada por el PRO pero no protagonizada por manera excluyente. Integran también los radicales en su mayoría, entre otros partidos. Más aún en San Juan, donde además del lógico apoyo a Macri en su propio partido y los miembros de la coalición (algunos en sorna le llaman Alianza) Cambiemos, hay referentes relevantes y partidos que también han puesto firma, otros que no firmaron pero suscriben con las dos manos. Son, por ejemplo: Dignidad Ciudadana, que ubicó incluso a un diputado provincial y un concejal; Actuar, que recibió el gesto de la conducción local de la Anses; una parte del bloquismo, ni qué decir del basualdismo con su estructura y sus intendentes. Dos de ellos, de la primera plana de los jefes comunales de la provincia: el santaluceño Orrego y el rivadaviense Martín.

Ninguno de todo ese arco de simpatías macristas, más o menos orgánico, más o menos institucional, se dejó ver el fin de semana timbreando a favor del presidente. Argumentan que no tienen ningún problema en hacerlo, y que si no estuvieron fue por una ausencia de coordinación general y no por falta de convicción. Y que quien vea allí algún resabio de oportunismo, es decir no figurar cuando las papas queman, se equivoca.

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