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Editorial

Duhalde, el argumento perfecto

De local en Lomas, el ex presidente atiende en persona. Su foto dice cosas, sin necesidad de palabras. Su último invitado, el sanjuanino Sergio Uñac. Por Sebastián Saharrea.

Por Redacción Tiempo de San Juan
Si es cierto que una imagen vale más que mil palabras, podrá atestiguarlo la foto que circuló la semana pasada entre el ex presidente Eduardo Duhalde y el gobernador sanjuanino Sergio Uñac.
No hizo falta decir más nada para que cobrara inmediato valor político. Y si alguien se tomara el trabajo de consultar a alguna de las partes sobre el encuentro, ahí están las viejas y queridas palabras de ocasión: que es un compañero que llegó a presidir el país, o que es un compañero que maneja un distrito y es la sangre de recambio. Cualquiera sea el caso.
Pero fue mucho más que eso. En primer lugar, por el momento en el que ocurre: un tembladeral entre los distintos peronismos en pugna por el predominio del modelo 2017. Están los más recostados en el recuerdo cristinista, están los que pretenden mantener lazos políticos sólidos con el gobierno, están los que miran con simpatía a Sergio Massa. Están los sindicatos presionados a dos aguas por la temperatura de la calle y una actitud dialoguista.
Y están las innumerables estaciones intermedias de un coctel que la semana pasada explotó con la diputada camporista Mayra Mendoza enrostrándole al ex mandamás de la Anses Diego Bossio que devuelva la banca a consecuencia de su supuesto giro ideológico. Reminiscencias de aquel viejo pleito sanjuanino en el que el Bloquismo de Leopoldo Bravo le pidió la banca a dos diputadas por haber votado en contra del mandato partidario en 1984 (Sari Luz Díaz Lecam y Mónica Sueldo), la Corte de entonces le dio la razón al caudillo pero años después aceptó la apelación civil y obligó al gobierno de San Juan a devolverle los sueldos impagos.
En todo ese escenario pantanoso, la sola imagen de Eduardo Duhalde dice cosas. En primer lugar, funciona como la contracara del kirchnerismo, aunque no yerra quien sostenga que los santacruceños son un producto nacido y criado en las barricas de Lomas. Si hicieran falta testigos en un pleito imaginario, están los que se fueron de un lado a otro en cuestión de instantes, siguiendo la institucionalidad peronista surgido del cambio de timón en 2003. Desde Pichetto hasta Gioja.
Hoy, Duhalde ha resucitado en el imaginario peronista. No porque hoy refleje una voz relevante, o irradie una sabiduría sapiencial. No por eso, sino porque en los 10 años K desde la ruptura en 2005 hasta el fin de la gestión de CFK fue arrastrado abajo del tren metódicamente, y ahora vuelve a lucir alguna cucarda de sus años al frente del país.
Su presencia, más que su voz que se escucha poco, marca distancia de los años más recientes justamente por esa razón. Conserva además contacto con buena parte del plantel del peronismo que integró filas en sus épocas de mandamás en los primeros años de Néstor. Caso Lavagna, caso Alberto Fernández (quien no estuvo en su gestión, pero lubricó la relación aquellos primeros años), caso varios líderes territoriales en las provincias.
También Duhalde dispone de sintonía fina con el massismo: no sólo los ex ministros antes mencionados reportan a las filas del tigrense, también lo hacen algunos jefes comunales del conurbano que supieron tejer buenas migas con el hombre de Lomas.
Pero más allá de ese alcance, lo verdaderamente significativo de una instantánea con el antecesor de Néstor es marcar distancia precisamente con el kirhnerismo. En estos tiempos de trabajo de parto en el peronismo de una criatura que nadie sabe con qué cara saldrá, suele ser una buena manera de reposicionarse para evitar ser absorbido por el discurso más incendiario del sector K.
Lo mismo que ocurrió con Duhalde esta semana fue lo ocurrió poco antes de mitad de año, cuando el gobernador Uñac apareció en uno de sus tantos viajes fotografiado mateando con Florencio Randazzo, virtual piedra filosofal para un amplio consenso en el PJ que considera al hombre de Chivilcoy como una carta fuerte en el futuro inmediato, es decir al año que viene.
Hay que ver qué hará ahora el ex hombre fuerte de Cristina, que se fue enojado cuando la jefa le impuso el nombre de Scioli para sucederla, que pudo evitar el incendio si se presentaba como postulante en la provincia de Buenos Aires, y que combina altas dosis de militancia partidaria de raíz y participación protagónica en las principales conquistas de la gestión anterior. No es una decisión fácil la suya, por delante orejea la baraja justamente quien fue su jefa en el mismo distrito, Bs. As. Pero hay una cosa clara: hoy en el PJ esperan a Randazzo como a un mesías justamente por encarnar ambos ingredientes, moderación y trayectoria con los últimos logros.
Un dato que tampoco hay que perder de vista es que ambas fotos del gobernador Uñac con Randazzo en mayo como ahora con Duhalde, fueron difundidas por las propias cuentas de redes sociales del sanjuanino. Se conoce de sobra que a estas alturas, nada de lo que ocurre resulta accidental, casual, sin querer. En tono de entrecasa, nada formal, datos políticos que resuenan fuerte.
Uñac es un dirigente del PJ que conjuga proyección y experiencia. Como tal, en tanto crece como nombre de recambio en el ajedrez partidario de los próximos años, explora el terreno con el firme propósito de no quedar atrapado en ninguna de las arenas movedizas que abundan en el partido. Ni la del kirchnerismo ni ninguna otra, es ese el mensaje nítido que puede ser decodificado con las fotos.
Gestiona una provincia, además. Nadie más que él entonces puede atestiguar cómo se padecen los vientos cruzados. Le tocó esta semana con un malentendido, el de la reforma política –o voto electrónico a secas-, que vio cómo espadearon todas esas versiones del peronismo, con los gobernadores en el medio.
En ese contexto, sirvió la foto con Duhalde. Que en el lenguaje de las señas hizo el trabajo de varios discursos juntos. Fotos que no necesitan palabras.
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