Temprano nomás reapareció el clima artificialmente alterado en la turbulenta relación entre el gremio SUOEM y el municipio capitalino.
A la gestión Aranda le dieron menos de un año para acomodarse, hasta volver a los ánimos caldeados que caracterizaron toda la película de la relación desde 1983. Claro que ahora, esa reaparición se produce en condiciones diferentes a las de los años anteriores, relaciones de fuerzas distintas, y hasta estómagos menos preparados por parte del usuario de a pie, que ya no mira esos episodios como la resaca necesaria del sistema democrático sino que lo hace con fastidio creciente.
Lo padeció desde Guillermo Barrena Guzmán en los reinicios democráticos del 83, hasta ahora Franco Aranda. Medicina casi exclusiva para los intendentes peronistas del municipio capitalino, de parte de una de las pocas asociaciones gremiales no referenciadas con el general.
Contando la película completa y no la foto, esa secuencia de acción judicial y acción directa (por llamarla de algún modo elegante) del gremio golpeó al primer jefe comunal de la democracia, Barrena Guzmán, quien fue sucedido a su fallecimiento por la figura descollante de aquellos tiempos, un jovencísimo y bloquista Javier Caselles.
Fue Javier quien alumbró un convenio colectivo de trabajo con el gremio casi monopólico que les entregó a los trabajadores concesiones impensadas: sueldos enganchados a los del intendente, condiciones de empleo adecuadas al paladar sindical. Lo que ahora el presidente del Concejo Deliberante actual, Juan Pablo Dara, calificó como "un cogobierno”. Sin que resulte demasiada novedad, ni un término que no haya utilizado algún otro colega suyo afectado por las mismas asfixias.
Pero el convenio de Javier nunca fue homologado por la Subsecretaría de Trabajo, por lo tanto no pudo nunca entrar a regir formalmente. Se inició así una cruzada de SUOEM para intentar hacer pesar aquel regalo de Javier, sin éxito hasta ahora pero con una estela de acciones judiciales y situaciones revoltosas, servicios de basura afectados, paros y hasta teatralizaciones contra los intendentes de turno en la explanada de ingreso a la sede municipal.
Lo padecieron Daniel Coll, especial afectado por la furia del dúo Manchineles-Antonino D´Amico. Sucedió al ya fallecido jefe comunal peronista el cruzadista Avelín Nollens, lo que significó una especie de armisticio del gremio, más entrelazado en ese momento por el corazoncito partidario de la entonces Alianza, pero la crisis se llevó todo como un tsunami y las acciones de los municipales parecieron rondas de aprendices ante el aluvión del pico de la debacle general.
Detrás de Avelín llegó el único mandatario que le sacó exclusividad a los peronistas como blanco de la furia del SUOEM: el bloquista Enique Conti, quien tuvo que soportar durante años que el gremio le montara una cuenta regresiva para su mandato en plena entrada al municipio.
Esperaban Manchineles, D´Amico y compañía que acabara de una vez la gestión de Conti, pero lo que vino luego no les cayó mucho mejor: se la pasaron peleando buena parte de los 8 años de Marcelo Lima, aunque en los últimos parecieron haber llegado a una paz que parecía duradera. Hasta ahora, que retornó el cóctel de acción judicial más convulsión política con el que el sistema gremial mantuvo a raya al sistema político.
La diferencia entre aquellos tiempos y estos es la envergadura de la maquinaria gremial puesta al servicio del revuelo. En aquellos tiempos convulsionados, el gremio SUOEM manejaba la absoluta mayoría del plantel de trabajadores capitalinos, hoy sienten una intensa disputa de parte de otros gremios, en especial UPCN que ya le disputa esa preeminencia, y en consecuencia le esmerila el poder de fuego.
Ya se irá a los números finos, pero antes es necesario focalizar en otra gravitante diferencia entre aquellos y estos tiempos, central para comprender los que ocurrió en estos últimos días de reaparición de los episodios violentos. Es que hasta hace un tiempo el gremio SUOEM venía reclamando absolutamente desde afuera, del otro lado de la ventanilla, y ahora lo hace con un pie adentro: el concejal Gabriel D´Amico, es hijo de Antonino –el líder del gremio- y canaliza desde su banca todos los temas de interés de SUOEM.
Para evitar caer en calificaciones de apreciación, los hechos de lo que ocurrió en los últimos días. Justamente el concejal D´Amico fue el que presentó un proyecto de resolución en el Deliberante para que se ponga inmediatamente en marcha el convenio, enarbolando como concejal las banderas de su padre en el gremio.
El día del tratamiento de la resolución, el bloque oficialista decidió no presentarse para hacerle finta a lo que consideraron un apriete, mientras que los que sí fueron a la sesión sufrieron agresiones surtidas, desde escupidas hasta insultos, con escenas que atrasan: recinto virtualmente tomado por los reclamantes, intercambiando gritos desde las bancas hasta la bandeja y planeando futuras acciones en otros municipios.
Está grabado por las cámaras y será aportado al expediente judicial que seguramente se abrirá como consecuencia de la denuncia formulada por algunos ediles. Como el caso del concejal Dara, quien contó en Paren las Rotativas (los domingos por Telesol) que presentó una denuncia por los daños que sufrió en su auto y por lo que considera una amenaza e intimidación.
Lo que subyace detrás de este episodio es una directa cuestión de interese gremiales contrapuestos, entre un gremio que avanza y otro que retrocede: UPCN y SUOEM. Se verán las caras en abril, cuando el ejecutivo municipal –que a mediados de año levantó la emergencia laboral que regía desde hace varios períodos- envíe un proyecto al Deliberante para crear un nuevo estatuto. Que busca generar un marco legal, sin el unicato de nadie sino con todos los sindicatos en carrera: no sólo SUOEM, sino también UPCN –que desde hace un par de ciclos ya dispone de ámbito de actuación reconocido por la Justicia y la Subsecretaría de Trabajo- y ATE.
Lógicamente, SUOEM intentará evitarlo para no perder espacio y privilegios. Llega a este compromiso con sus armas desgastadas. Ya no maneja a los capataces de los servicios, que convocaban al paro aguas abajo y obtenían medidas de fuerza furiosas que dejaban a la ciudad con la basura colgada. En general, el SUOEM dispone de poder de fuego entre contratados y pasantes, que luego cuando son pasados a planta permanente se afilian a UPCN porque encuentran mejores condiciones.
El esquema actual entre la planta municipal de Capital -de 1.060 trabajadores sobre los que recibe coparticipación y de los que cumplen funciones 856- muestra la siguiente situación: SUOEM registra 516 afiliados en Capital, mientras UPCN le pisa los talones con 419, el resto queda para ATE. Y en los municipales de toda la provincia, UPCN lleva la delantera en planta permanente con 2.337 afiliados de los 4.700 totales, mientras el gremio específico de SUOEM computa 1.932. En este escenario vuelve a aparecer el microclima de la historia reciente. Se verá si obtiene los mismos resultados.