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Editorial

¿Desvestir santos?

Llegó el momento de ocupar el sillón vacante de la Corte. Pica en punta Guillermo De Sanctis, pero aplica el dilema de cubrir una necesidad descubriendo otra. Fortalezas y debilidades. Por Sebastián Saharrea.

Por Redacción Tiempo de San Juan
No hay decisión tomada, ni siquiera nombres pronunciados en voz alta. Se decidirá el mes que viene, llegando a fin del ejercicio. Pero es Guillermo De Sanctis quien hasta ahora ha sacado una luz de ventaja como posible postulante al asiento vacante de la Corte, una posibilidad que deberá ser cotejada con sus consecuencias: si avanza, habrá que buscar también un nuevo fiscal de Estado, asunto nada menor. Como atestiguan las complicaciones que surgieron desde ese sensible cargo en los últimos años.
Esa actuación de De Sanctis en la Fiscalía es, por esa razón, su principal fortaleza y a la vez la principal debilidad de la hipótesis de presentar su nombre como postulante a ocupar el lugar de que dejó vacante Carlos Balaguer, finalmente consumado luego del récord histórico de 18 años con la misma integración del máximo tribunal de justicia de la provincia. Vale decirlo: pese a que todos ya reúnen las condiciones para jubilarse y retienen el cargo por extrañas razones que casi nadie cuestiona en voz alta.
Pero que ha dejado un tendal en el servicio (el de la justicia, que lo es). Falta de liderazgo, ausencia de conducción, falta de ejemplos, algo parecido a un alarmante dejar hacer que hace flotar a los magistrados como bola sin manija: a la deriva. Semejante estado de shock podrá ser revertido de una única manera: la incorporación en los siguientes turnos (cuando el paso del tiempo haga lo suyo, parece ser el único método de persuasión para los supremos) de funcionarios que no lleguen a marcar tarjeta.
Allí es donde ganan enteros las chances de De Sanctis, a bordo de su gestión en la Fiscalía de Estado. Es nada menos que el organismo encargado de defender los intereses de la provincia en cuanto litigio aparezca, desde cobranzas por deudas impagas históricas de impuestos (que tramita de a miles) hasta el sensible diferendo por el basurero arrojado por la mina chilena Pelambres del lado argentino.
Un amplio abanico de funciones probablemente no del todo mensuradas por el ciudadano de a pie, excepto cuando salpica el escándalo o la inacción. Como ocurrió con los antecesores en el puesto, comenzando con Mario Díaz, con procesamiento apelado junto a Santiago Graffigna nada menos que por haber integrado una supuesta asociación ilícita dedicada a inflar los precios de los terrenos pagados por la provincia, con una rueda de la felicidad integrada por jueces, funcionarios y peritos.
Justamente ese escándalo conocido como de las expropiaciones –el más feroz de todos los conocidos en estos tiempos porque el presunto delito fue cometido en plenos despachos de magistrados y funcionarios y en todos los casos alcanzó cifras millonarias- Fue lo que impulsó la llegada de De Sanctis a la Fiscalía de Estado.
Comenzó allí un trabajo fino de limpieza que aún no ha concluido, pero que aparece claramente avanzado. Y ese espejo es tentador para una búsqueda de aspectos similares a la operó entonces, también con diferencias: no hay aquí delitos de por medio, ni funcionarios sospechados.
Alcanzan unos pocos pasos por el edificio de Tribunales para percibir con claridad en el runruneo judicial que el nombre de De Sanctis es el que más respeto inspira. A pesar de que el hombre no es precisamente garantía de días como agua de tanque, más bien su estilo es el de sacudir la modorra y movilizar los escritorios. Tampoco es dueño de una trayectoria sin matices en el subibaja de cualquier vida política: se recuerda aquella convulsión que generó Ana María López de Herrera cuando Gioja lo designó a De Sanctis ministro de Educación, que llevó a dar marcha atrás contra la designación. Vueltas de la vida, hoy ambos bajo el mismo paraguas político.
Lo que no es De Sanctis es quieto, o falto de convicción. Y tal vez en ese atropello de su personalidad radique el sentido de aparecer como la más firme alternativa a la Corte. Se trata de un escenario al que le anda haciendo falta un sacudón. Tanto puertas adentro hacia la mecánica de funcionamiento de un Poder del Estado de por sí burocrático y al que la pereza adicional de su tribunal superior no hace más que empeorar. Como puertas afuera, donde una inmensa ciudadanía castigada no desfallece en su sana expectativa de tener un servicio judicial rápido y eficiente.
Tampoco es joven De Sanctis, está a pasos también de encuadrar en el defecto que se le critica a todos los cortistas actuales: el de retener el sillón pudiendo pasar a retiro, en claro privilegio (otro más) al de cualquier mortal a quien el cepo jubilatorio no espera por su voluntad sino que aplica de oficio por acción automática.
A contrapelo, ofrece un currículum probado justamente en el insumo que parece ser el que demanda la ocasión: experiencia y acción. Más allá de la materia prima que razonablemente debe exhibir cualquier postulante a ocupar un máximo tribunal, como es la capacidad jurídica. A ese apartado de una abstracta presentación de condiciones la supera sin pestañear, y hasta podría convertirse en su principal fortaleza. Sin embargo no lo es: más que capacidad –aunque claramente sin prescindir de ella- lo que parece hacer falta es ganas y carácter.
La eventual postulación de De Sanctis tiene además otro motor impulsor, además de la necesidad de depositar Tribunales adentro a un pivot que funcione como revulsivo. Es su procedencia peronista, a tono con la época del color político provincial. No debería asustar a nadie, no nacen de un repollo los jueces: todos los supremos sanjuaninos (en actividad o retirados ya) provienen con alguna clase de figuración política, partidaria o no.
Lo define con claridad la parábola de los actuales máximos magistrados. Adolfo Caballero llegó hasta a ser candidato a vicegobernador por el Bloquismo, su colega Juan Carlos Caballero Vidal y el fiscal general Eduardo Quattropani figuraron entre las espadas de la Cruzada Renovadora. Los dos partidos dominantes en los tiempos ya remotos en los que se fraguaron los últimos recambios. Aguas abajo, los juzgados y cámaras se muestran tapizados por esas procedencias: de la estrella hace unos años, de allegados peronistas en los últimos.
El asunto es que ese peronismo (o ese bloquismo, o ese radicalismo, que también los hay) no enceguezca la visión, allí está la cuestión.
Ante todo este panorama, si esa postulación de De Sanctis avanza, las consecuencias se sentirán también en la fiscalía. Funciona como amortiguador el hecho de éste organismo ya no representa una brasa caliente como cuando llegó De Sanctis. El asunto es que también requiere de personalidad y actitud ante la lluvia de intereses que maneja y el cacareo de oportunistas con los que suele tener que espadear.
No hay nombres en danza, quien hubiese sido cantado es quien fuera su mano derecha, fallecido el año pasado: el abogado Gerardo Fernández Collado. Habrá que esperar que se defina lo primero, para saber si hay que atacar lo segundo.
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