Debió decir que sí por compromiso, como para no quedar descortés con el anfitrión, cuando Juan Manuel Urtubey fue preguntado en San Juan si se imagina una posible fórmula con su colega sanjuanino.
Fue un mimo público, quedó bien claro: ni al salteño ni al local le calzan las condiciones justas para compartir ahora mismo una boleta conjunta, ya sea papel o digital, aunque el devenir del futuro político nacional no pueda de ningún modo ser anticipado ni aún por los comercializadores de profecías. Quedó claro también que el momento marca el tiempo de los aprontes, y qué mejor coqueteo que el del flamante esposo de la bella Isabel Macedo el de tomarse un vuelo de urgencia para asistir a la gala de la inauguración del teatro.
Así ocurrió. El día de levantar el telón demandaba un foco de atención político que ningún otro gobernador –o político de rango nacional- hubiese podido empardar de la manera en que lo hizo Urtubey. De recientes nupcias mediáticas, bien parecido y dueño de un estilo que calza al paladar del momento por su manejo de oposición tenue, el salteño es hoy la figurita en irrupción del tablero nacional.
Nadie calzaba mejor, entonces, que Urtubey. Más aún, si se lo ubica parado justo al lado de Sergio Uñac, otro dirigente de la cantera joven del peronismo que apuesta a renovar en modales y en gestión el abanico de alternativas del partido del General.
Comparten mucho más que la vocal con la que comienzan sus apellidos, los separa también mucho más que el camino de los flashes y el impacto artístico por el que parece haber rumbeado el salteño con su comentadísima boda para reforzar su irrupción en los grandes escenarios nacionales. Veamos.
Lo esencial de las similitudes entre ambos es, indudablemente, el estilo. Jóvenes ambos, de modales diferenciales en el trato y hasta cierto aspecto en común. Pero no sólo estético, sino también en la manera de posicionarse ante los vendavales que deben afrontar: el que surge del hecho de encabezar gestiones provinciales de color diferente al de la Nación, y el de los vientos huracanados dentro del partido.
Los dos decidieron poner su carisma a disposición de que esos contextos no los afecten. La resultante es parecida: tanto Salta como San Juan figuran en el casillero de provincias amigas o no beligerantes en el ajedrez nacional para el gobierno de Macri, a lo que ambas las gestiones provinciales responden con comprensión y paciencia. Algo que a Macri no le es demasiado sencillo de obtener en otros campamentos del peronismo.
Todo eso tienen en común, tanto vistos desde su aspecto como en el tándem que armaron para ir tirando juntos en un universo en el que, saben, deberán ponerse espalda con espalda. Ambos caen bien en el diálogo, se han juramentado y vienen cumpliendo no hablar mal de la gestión de Macri sino ofrecerse como colchón para amortiguar las turbulencias de la gestión nacional.
Pero también tienen matices, que no son contrapuntos sino contextos diferentes. Uno, que no siempre sintonizan la misma frecuencia en el tono opositor. Pero el más relevante es el cronológico: Urtubey es apenas mayor que Uñac, le lleva 5 meses de diferencia, pero el salteño fue electo en 2007 con apenas 37 años de edad. En setiembre cumplió los 47 años de edad, pero el año próximo celebrará los 10 años al frente del Ejecutivo salteño.
Lo que implica que en el 2009 se le terminarán los tres períodos que permite la constitución de su provincia para mantenerse, y no le quedará otra que saltar a la palestra de la marquesina nacional dentro de 3 años, en la próxima cita presidencial. Si es que quiere hacerlo cuando se encuentre en la creta de la ola, es decir como mandatario de una provincia y no desde el llano.
Justo cuando probablemente se anote Mauricio Macri, sobre lo que el actual presidente dijo sus primeras palabras la semana pasada precisamente en el sentido de aspirar a un nuevo período. Sí, tres años vista es ciencia ficción para la política argentina, pero los movimientos de aprontes permiten ir sacando las primeras conclusiones. Un plano en el que asoma un posible lance Macri vs. Urtubey si no se manca ningún caballo y ambos consiguen atravesar las difíciles instancias que tienen por delante: el presidente, nada menos que la gestión; el salteño, las con toda certeza convulsionadas sesiones de internismo furioso, con emisarios de todo pelaje en esa compulsa.
Por eso, para Urtubey es vital la compañía de Uñac en estas marquesinas no es un dato menor, y por eso mismo el protagonista encontró un lugarcito en la agenda para descolgarse. Era una cita política en la que debía estar, para regar la plantita de su relación con su par sanjuanino. Quien por esos tiempos, el próximo turno presidencial, seguramente estará más ocupado en su propio destino provincial, para lo que tiene hilo en el carretel. Pero que también tendrá algo que decir en el tablero que se va conformando del nuevo diseño del peronismo a nivel nacional.
Urtubey tiene un camino directo a la candidatura, casi sin escapatoria. Es lo que busca, sin llegar a disimularlo y hasta yendo más allá de lo que aconseja el campo de distancia que hay hasta la cita. Pero es su destino ineludible, al menos hasta llegar a una contienda interna con algún postulante peronista de paladar más rancio y marchita de voz en pecho. Es lo más probable, sin que haya despuntado aún alguno que haya levantado la mano para hacerle frente al salteño.
Se deduce de lo anterior que –nuevamente con las salvedades del dibujo animado que puede resultar enunciar una certeza a tres años vista- Urtubey es por ahora lo único que hay en el campamento hoy opositor, a la espera de que levante la mano el sector más ortodoxo del PJ, o se denote el juego de algún pingo kirchnerista. Que puede ocurrir si es que Mauricio no le va demasiado bien.
Por eso mismo hasta acá es casi cantado que el sanjuanino irá por la senda de su compañero-colega de la U. Reúne todas las condiciones: es lo que mejor le calza al paladar, también es lo que más le sirve a su juego. Coincidencias que, vale aclarar, suelen no ser definitivas.