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martes 26 de mayo de 2026

Preocupación en el mercado

El otro gran problema de las inmobiliarias para vender las casas del centro sanjuanino

A la depreciación funcional y la falta de estacionamiento se suma un factor clave: el alto costo de refacción, demolición y la resistencia de los propietarios a bajar precios. Referentes del sector advierten que muchas propiedades ya no valen como casas, sino como terrenos.

Por David Cortez Vega

Durante los primeros meses de 2026, el mercado inmobiliario del centro sanjuanino sumó una nueva traba a una problemática que ya venía arrastrando. Para el sector, vender casas antiguas se volvió cada vez más difícil, no solo por su pérdida de funcionalidad o la falta de estacionamiento, sino también por los altos costos que implica ponerlas en valor o directamente demolerlas por la elevada antigüedad de los hogares de la zona.

Referentes del sector consultados por Tiempo de San Juan, como Leonardo Pérez Tinto, vicepresidente del Colegio Público de Corredores Inmobiliarios; Iván Orozco, director internacional y coordinador de Estadísticas de la Federación Inmobiliaria de la República Argentina (FIRA); y Sonia Brunetta, de la firma Century 21, coincidieron en que el problema es múltiple y responde a un cambio estructural del mercado.

Casas viejas, inversiones caras

Uno de los principales obstáculos está en la antigüedad de las propiedades. Muchas de las viviendas del centro superan los 50 años y requieren intervenciones profundas para adaptarse a las necesidades actuales. “Hay casas que necesitan refacciones estructurales importantes, y eso las vuelve muy costosas. No vale la pena invertir en aggiornarlas si después la renta no va a ser atractiva”, explicó Pérez Tinto.

El problema no termina ahí. A la antigüedad se le suma la ya conocida “depreciación funcional”, expuesta en otras notas vinculadas al tema. Hay ambientes amplios, pensados para familias numerosas de otra época, que hoy no encajan ni en la lógica habitacional actual ni en muchos usos comerciales.

“Son casas diseñadas para un modelo de vida que ya no existe. Entonces, además de viejas, pierden valor porque no sirven para lo que hoy se demanda”, agregó. “Son casas diseñadas para un modelo de vida que ya no existe. Entonces, además de viejas, pierden valor porque no sirven para lo que hoy se demanda”, agregó.

Demoler también cuesta más en el centro

Cuando la opción es tirar abajo y empezar de cero, aparece el costo como gran freno. Según detalló Pérez Tinto, demoler en el microcentro es considerablemente más caro que en otras zonas. Esto se debe a una combinación de permisos municipales más exigentes y el pago de tasas específicas, como el uso de contenedores, que se cobra de forma diaria.

“El costo de demolición en el centro es más alto que en zonas alejadas. Eso también termina desalentando operaciones”, señaló. “El costo de demolición en el centro es más alto que en zonas alejadas. Eso también termina desalentando operaciones”, señaló.

El choque entre precio y realidad

Para Iván Orozco, otro punto crítico está en las expectativas de los propietarios. En muchos casos, los valores pretendidos no se ajustan a la realidad del mercado.

“La dificultad está en que quieren poner precios demasiado altos para casas que son muy viejas. Muchas veces lo que tienen es un terreno, pero le asignan valor de casa céntrica”, explicó. “La dificultad está en que quieren poner precios demasiado altos para casas que son muy viejas. Muchas veces lo que tienen es un terreno, pero le asignan valor de casa céntrica”, explicó.

Según indicó, esta situación se repite especialmente en arterias como San Luis y 25 de Mayo, donde la oferta es alta pero las operaciones no siempre se concretan.

Un cambio generacional que redefine el mapa

A todo esto se suma un factor más profundo: el cambio en las preferencias de quienes hoy compran o heredan propiedades. Desde Century 21, Sonia Brunetta advirtió que las casas del centro ya no se buscan para vivir, sino principalmente para usos comerciales, como clínicas o estudios.

“Las nuevas generaciones no quieren vivir en el centro. Prefieren barrios privados o zonas más alejadas, con espacios verdes y recreación”, explicó. “Las nuevas generaciones no quieren vivir en el centro. Prefieren barrios privados o zonas más alejadas, con espacios verdes y recreación”, explicó.

En ese sentido, muchas viviendas que llegan por herencia terminan rápidamente en venta. Ya no representan un objetivo de vida, sino un activo a desprenderse. “Antes el centro era lo primordial para vivir. Hoy eso cambió completamente”, resumió.

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