Ulises había pasado cuatro de sus seis años postrado en una cama, tras un accidente doméstico que le provocó un severo daño neurológico. Estaba sufriendo y su mamá, después de un suspiro de su hijo que llegó como "respuesta", lo dejó partir. Una decisión difícil que convirtió el dolor en vida y que salvó a otros siete pequeños que esperaban un donante. "Fue el acto de amor más grande", confiesa la mamá.