Cuesta creerlo, pero para encontrar a Italia jugando un Mundial hay que retroceder hasta Brasil 2014. Más de diez años después, una de las selecciones más grandes de la historia sigue sin volver a ese escenario.
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SUSCRIBITELa Azzurra vuelve a quedarse afuera de la Copa del Mundo y el contraste es brutal: desde 2014 hasta hoy cambió la tecnología, la política y hasta el fútbol. Uno a uno.
Cuesta creerlo, pero para encontrar a Italia jugando un Mundial hay que retroceder hasta Brasil 2014. Más de diez años después, una de las selecciones más grandes de la historia sigue sin volver a ese escenario.
La despedida fue en fase de grupos. La derrota ante Uruguay selló la eliminación y dejó una imagen que recorrió el mundo: Giorgio Chiellini denunciando la agresión de Luis Suárez. Ese partido, sin que nadie lo supiera en ese momento, fue el inicio de una sequía inédita.
Desde entonces, Italia no logró clasificarse a Rusia 2018, Qatar 2022 ni al Mundial 2026. Tres ausencias consecutivas que golpean de lleno su historia.
Pero el impacto se entiende todavía más cuando se mira cómo era el fútbol en aquel 2014.
En ese momento, Lionel Messi atravesaba uno de los picos de su carrera en el FC Barcelona. Ya había conquistado cuatro Balones de Oro y dominaba la escena mundial como el gran referente del juego.
En la Argentina, Marcelo Gallardo todavía no había iniciado su ciclo como entrenador de River, que con el tiempo se convertiría en una de las etapas más exitosas de la historia del club. Al mismo tiempo, la AFA seguía bajo la conducción de Julio Grondona, figura central del fútbol argentino durante décadas.
El contraste generacional también es fuerte: mientras Italia jugaba su último Mundial, Lamine Yamal tenía apenas seis años y estaba lejos de imaginar el protagonismo que alcanzaría tiempo después.
Incluso dentro de la propia Italia, aquel equipo estaba sostenido por nombres de otra era, con referentes históricos que transitaban sus últimos capítulos en la selección.
En paralelo, fuera del fútbol pero con fuerte impacto simbólico a nivel global, Papa Francisco atravesaba su primer año como líder de la Iglesia Católica.
Pasó más de una década. El fútbol cambió, aparecieron nuevas figuras, se renovaron los ciclos y las potencias se reconfiguraron. Pero Italia no volvió.
