“Ya no se aguanta más. Hay muchas ganas de ir a la cancha, entrar y hacer lo que más nos gusta, que es patear una pelota,”. A Camila Rodán, una piba de apenas 15 años que juega en Colón, le brillan los ojos cuando habla de fútbol y del torneo que pondrá primera este fin de semana, después de un parate larguísimo de casi 16 meses. Tanto ella, como María Pía Comoglio y Clara Oviedo, otras de las mujeres que integran el fútbol femenino de San Juan, casi que no pueden bajar los niveles de ansiedad. Hay adrenalina y emociones a flor de piel, también porque este año las chicas estarán dando un paso clave hacia la inclusión e igualdad por la que tanto vienen luchando.
La adrenalina de volver
“Por fin estamos arrancando. Además de ser una pasión, el fútbol es salud. Fue muy duro para todas que se corte la actividad de un día para el otro. Ahora cruzamos los dedos para que no surjan nuevas restricciones, para que no nos encierren. Tomamos todas las precauciones posibles para que nos permitan seguir”, cuenta María Pía, futbolista de Sportivo Desamparados.
El Torneo Apertura arrancará este sábado con la divisional A, con 14 equipos, y el otro fin de semana será el turno de la B. Será un torneo largo, que terminará en agosto y tendrá un cruce todos contra todos en una primera etapa. En la segunda, los mejores ocho se enfrentarán en partidos definitorios hasta consagrar un campeón. Será el primer campeonato bajo la órbita de la Liga Sanjuanina de Fútbol, que este año, con la conducción de Oscar Cuevas, decidió homologar el femenino y el futsal en todas sus categorías y géneros
“Costó años para que el femenino tenga su lugar. Yo vengo del fútbol cinco, pero hay chicas que vienen luchando por esto desde hace mucho tiempo. Pero todavía hay camino por recorrer. Por eso nosotras, que somos las más grandes, tenemos que marcar el camino para las más jóvenes”, agregó Comoglio.
La lucha por la igualdad y visibilidad no se detiene, aun en pandemia. El fútbol femenino en San Juan está lejos del profesionalismo del masculino. Es cierto que hay más compromiso por parte de los clubes, pero son ellas quienes siguen encabezando los desafíos y compromisos que exige la disciplina. Juegan ad honorem, por la camiseta, por la pasión que implica la redonda. Muchas hasta pagan cuota y de su bolsillo hacen su aporte para los sueldos del cuerpo técnico.
“Es todo a pulmón. En nuestro equipo hay chicas que se encargan de cobrar una pequeña cuota para pagarle al DT y ayudante. Una compañera hasta generó el diseño de la camiseta, que pagamos nosotras. El club después nos donó otros juegos. También tenemos sponsor, eso también los buscamos nosotras. Esto es lo que genera el fútbol y el amor que tenemos por este deporte”, expuso Clara, volante de Trinidad.
El femenino va por su primera edición oficial, pero la sexta desde que se organizó el primer torneo amateur con instituciones que se animaron a sumar a las chicas en el fútbol once, como Colón, Trinidad, Alianza y San Martín, entre otros. El año pasado, cuando estaba por comenzar la competencia, llegó la pandemia y los sueños de muchas casi que quedaron trunco.
“Los primeros meses que estuvimos sin jugar eran súper tristes, había muchas ganas de tocar la pelota. Empezamos a tratar de juntarnos algunas pocas para hacer ejercicios y hasta entrenamos a través de zoom. Estuvimos mucho tiempo esperando y a la expectativa de cuándo se iba a habilitar. Sí volvían otros deportes grupales y el masculino, pero nosotras no. Fue angustiante”, señala Clara.
Las chicas confiesan que nunca se imaginaron un parate tan largo. La mayoría ya tenía la indumentaria lista para arrancar en marzo del año pasado, pero el aislamiento esfumó todas las ilusiones. “No pensamos que iba a ser por tanto tiempo. Pero con el correr de los meses la reactivación del deporte se iba posponiendo e íbamos perdiendo las esperanzas. Nos tuvo mal el encierro. Por suerte en enero ya pudimos iniciar la pretemporada y ahora estamos contando las horas para volver a las canchas”, cierra María Pía.